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Palabras de Su Majestad el Rey a la Asamblea General de Municipios de Europa

Madrid, 23.09.1981

O

s habéis reunido en esta XIV Asamblea general de los municipios de Europa para tratar principalmente de la autonomía local y regional como uno de los fundamentos de la democracia.

Mostráis así la vocación constituyente de un efectivo poder municipal europeo. Un poder que emana de la naturaleza misma de la sociedad y en el que podemos ver la primera célula de la organización estatal.

En esta línea, ya en vuestra primera Asamblea de Versalles, en 1953, aprobasteis la «Carta europea de las libertades municipales», basándoos en el postulado de que los municipios constituyen los cimientos del Estado.

Representa para mí una gran satisfacción recordaros aquí que, en consonancia con estos principios, el artículo 137 de la Constitución española sitúa a los municipios en la base del armazón territorial del Estado.

Y tanto dicho artículo como el 140, reconocen y garantizan la autonomía de los municipios y su plena capacidad jurídica para la gestión de sus intereses por medio de representantes elegidos por sufragio universal, igual, libre, directo y secreto, cuando no proceda esa gestión por los mismos vecinos en régimen de concejo abierto.

Vais a estudiar en esta Asamblea el papel de los municipios y de las regiones en el marco de la Europa unida del futuro. Tarea importante es delimitar unas esferas de competencia, ante el peligro de que una transferencia de poderes de las administraciones centrales a las regiones en una Europa unida, lleve consigo la asunción por éstas de competencias primordialmente locales, que no deben sustraerse a los municipios y provincias si no se quiere menoscabar el principio por vosotros defendido de la autonomía de las entidades territoriales.

Y paralelamente os vais a ocupar de la política regional de la Comunidad Económica Europea, al tratar del empleo de los recursos comunitarios y de los poderes del Parlamento Europeo. Profundizaréis así en un tema que fue ya objeto de la Primera Conferencia de Presidentes de Regiones, Entidades e Instituciones Territoriales, celebrada en París en diciembre de 1976.A este respecto, España, ante la perspectiva de su próxima integración en la Comunidad Económica Europea, está ya acomodando su política regional a las líneas del Tratado de Roma, al reglamento del Fondo Europeo de Desarrollo Regional y a las decisiones y orientaciones sobre esta política emanadas del Consejo o de la Comisión de los organismos europeos.

De esta manera, y recogiendo los principios acuñados en vuestra «Carta Europea de las libertades Municipales», se ha constituido recientemente en España la Federación Española de Municipios y Provincias, como sección nacional del Consejo de los Municipios de Europa.Es un paso más, estoy seguro, en una adecuación de nuestras entidades territoriales, que las aproxima a las europeas.

Y a esta aproximación ayudarán Asambleas como la que hoy inauguramos. Sólo si sentimos plena conciencia de lo que significa Europa, de los valores de nuestra civilización, bajo un prisma de unidad, podremos vencer el reto de un futuro que debemos afrontar juntos.Por último y al daros la bienvenida, quisiera que al término de vuestras tareas os llevarais gratos recuerdos de España. Entre ellos, me permito proponeros el de las cualidades, que a juicio de la Recopilación de Castilla, había de reunir un buen Alcalde: «Deben ser, dice la ley, personas leales y de buena fama, sin codicia, que tengan talento para juzgar lo que ante ellos ocurra; y que sean pacíficos y de buenas palabras».

Señor Presidente, excelentísimos e ilustrísimos señores, en nuestro país las entidades territoriales han compartido siempre sus aspiraciones de libertad política. Y es en la libertad, en la justicia y en el respeto de los derechos humanos, principios fundamentales de nuestra civilización europea, donde se encuentran las bases de la concordia y de la paz.Con este espíritu, y deseándoos muchos éxitos en vuestras tareas, declaro inaugurada esta Asamblea.

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