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Palabras de Su majestad el Rey al Ayuntamiento de Avila y a los abulenses

Avila, 09.06.1978

M

uchas gracias, señor Alcalde, por vuestras afectuosas palabras de bienvenida, que constituyen reflejo fiel de la que nos han dispensado los habitantes de esta noble e ilustre ciudad.

Haced llegar a todos el reconocimiento sincero de la Reina y el mío por tan cordial recibimiento y expresadles la satisfacción que nos produce poder visitaros hoy, como Reyes de España, para cumplir la promesa que un día hiciera a la corporación municipal; para tomar contacto con las Autoridades y el pueblo de Avila y para recoger, en fin, la impresión de vuestros deseos y de vuestras esperanzas.

Esa historia escrita en piedra a que acabáis de referiros, señor Alcalde, y en la que tan rica es esta ciudad, ha de constituir la base firme de nuevos impulsos y de nuevos logros. Porque, venerando el pasado, pero sin detenernos en él, es preciso seguir escribiendo la historia cada día con esfuerzo constante, con decisión y con fe.

Que vuestra muralla, maravillosa y única, sea el símbolo que os permita conservar dentro de ella toda una gloriosa tradición, iluminada por la figura excelsa de Teresa de Jesús; pero que, al mismo tiempo, sirva a los abulenses de acicate para pasar por encima de sus almenas y, como la Santa andariega, lanzarse a nuevos caminos y a nuevas conquistas, en la gran empresa que a nuestra patria corresponde realizar, en orden, en paz y en armonía.

En los momentos que estamos viviendo, todas las regiones, todas las ciudades, todos los pueblos y todos los hombres de España, hemos de entregarnos a la importante labor de trabajar, estrechamente unidos, sin odios ni rencores, sin recelos ni egoísmos, por la construcción y el establecimiento de un futuro de progreso y de estable continuidad.

Los problemas serán difíciles y complicados, pero con seguridad los superaremos si estamos convencidos de que la labor es de todos y de que todos hemos de aportar a ella nuestro sacrificio y nuestro entusiasmo.

El acierto estará en el equilibrio y la prudencia. En pedir en cada momento lo que sea justo y posible, con arreglo a las circunstancias generales de la nación. El acierto estará también en que, quienes hayan de hacerlo, no dejen de conceder lo que en realidad pueda ser concedido.

La buena voluntad de los españoles, la comprensión y el trabajo son requisitos esenciales para superar todas las dificultades.

La política es flexibilidad, pero sin olvidar que hay que combinarla con posiciones inflexibles, en determinados aspectos, fundamentales para la seguridad de la nación, y para el respeto de valores históricos irrevocables.

Yo estoy seguro de que en esta labor común, apasionante por difícil, y difícil por su trascendencia, Avila y sus hombres, que llevan en sí el peso de las más destacadas gestas y el germen de nuevas empresas, constituyen un ingrediente esencial en la construcción del porvenir de España.

Gracias por vuestro ofrecimiento de lealtad y fidelidad a la Corona, y estoy seguro de que el gobierno ha de recoger vuestras justas aspiraciones.

Y, por mi parte, os prometo seguir firme en mi entrega constante al servicio de España.

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