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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Gabón Omar Bongo y al pueblo gabonés

Gabón(Libreville), 07.12.1980

S

eñor Presidente, no es fácil resumir en pocas palabras las impresiones que la Reina y yo hemos recibido en este primer contacto con el pueblo gabonés.

Quisiera expresaros, ante todo, nuestra gratitud por las señaladas muestras de afecto con que desde el primer momento de nuestra estancia entre vosotros nos habéis distinguido y, muy especialmente, por las expresivas palabras, plenas de cordialidad y simpatía, con que Vuestra Excelencia acaba de ratificar la permanencia de unos vínculos cuya solidez deseo, como Rey de España, proclamar aquí, ante todos vosotros, esta noche.

A pesar de su alejamiento geográfico, ciertamente paliado por nuestra presencia histórica en territorios muy próximos y afines al vuestro, España y el Gabón han mantenido una trayectoria constante de amistad y de comprensión mutua nunca alterada por malentendidos ni contenciosos.Fuisteis, señor Presidente, el primer Jefe de Estado africano que honró con su presencia la tierra española en la nueva etapa histórica que nuestro pueblo acababa de iniciar.

Tuvo vuestra presencia un valor testimonial que patentizaba la vigencia de una amistad de antiguas raíces y afirmaba el propósito de actualizarla de acuerdo con las exigencias de nuestro tiempo.

Ese es también el sentido que queremos dar hoy a este feliz reencuentro.

Acudimos a nuestra cita con la nación gabonesa animados del deseo de que en ella encuentren nuestras relaciones un impulso decisivo en todos los órdenes.

No son de hoy ni de ayer nuestro interés y nuestra atracción hacia ese continente.

Mucho antes de que se convirtiese en teatro de rivalidades de expansión, Africa era para los españoles, por decreto de la geografía y la historia, un ámbito de proyección natural, posibilitador de interacciones recíprocas y ocasión de fecundas relaciones de todo tipo.

Nuestra península y nuestras islas, que un día se convertirían en avanzada del viejo hacia el nuevo mundo recién descubierto, eran ya desde siempre, y nunca dejarían de serlo, puentes tendidos entre Europa y Africa, lugar de encuentro entre ese norte y ese sur que tan afanosamente buscan hoy el modelo de una relación más justa y las condiciones de una cooperación más solidaria.

Nos sentimos los españoles profundamente honrados por esa función mediadora que nos asignó la providencia e íntimamente orgullosos de la herencia espiritual que aportó a nuestro pueblo.

Fuimos -quiero proclamarlo sin ambages- factor de síntesis, catalizador de diálogo y agente de comunicación intercultural bastante antes de que estos valores comenzasen a abrirse camino en las relaciones entre naciones y a prevalecer sobre patrones de conducta más egoísta.

Mi país, señor Presidente, ha apoyado en todo momento y continúa apoyando en sus contactos bilaterales y en los organismos internacionales las legítimas aspiraciones de los pueblos de Africa en su lucha por la libertad, la igualdad y el progreso.

Creemos en la posibilidad y la viabilidad de un orden internacional basado en la justicia y en el respeto de la dignidad del ser humano, respeto que, por encima de formulaciones doctrinarias más o menos abstractas, postula el efectivo reconocimiento del derecho de todos a una existencia decorosa y la correlativa obligación de contribuir a hacerla posible.

El gran quehacer de este Africa, hoy emancipada, vigorosa y llena de esperanza, estriba precisamente en la conquista del bienestar y el desarrollo de sus pueblos. Y es particularmente en este terreno, señor Presidente, donde el Gabón, bajo la guía lúcida y decidida de vuestra excelencia, ha dado pruebas de un dinamismo y un tesón que lo convierten en modelo para muchas naciones del continente.

Al sobrevolar este país hemos podido captar visualmente la magnitud del desafío al que se enfrenta. Contemplado desde el cielo, el Gabón se muestra al viajero como lo ha descrito poéticamente uno de vuestros colaboradores:

«Pays du fleuve et des forêts royales,Creuset bouillant des splendeurs tropicales,Ecrin superbe où brilla l'Ogoué...»

(Traducción castellano.

País del río y de los bosques reales,crisol trepidante de los esplendores tropicales,cofre soberbio en que relució el Ogoué...)

En ese bosque imponente y omnipresente, lleno de misterio y majestad, radica el símbolo más expresivo del reto planteado a vuestro pueblo: inmensa riqueza e inmenso obstáculo, venero inagotable de recursos naturales y barrera formidable para su explotación.

Sabemos que lo mejor de vuestros esfuerzos se encuentran comprometidos en la empresa de penetrar al bosque para hacerlo fructificar, de abrir en él un nuevo Ogooué de hierro que garantice el aprovechamiento integral y equilibrado de vuestras grandes reservas.

Señor Presidente, España, que conoce y valora vuestras iniciativas en favor de la paz en este continente, sabe también de vuestro animoso empeño por asegurar el desarrollo de vuestra patria en la libertad y la independencia, merced al esfuerzo y a la solidaridad de sus hijos.Séame permitido rendir aquí homenaje a vuestro patriotismo y a vuestra determinación, que no se arredraron ante circunstanciales incomprensiones de quienes hubieran debido ayudaros ni retrocedieron ante las dificultades que parecían alzarse en vuestra ruta.

Los españoles, señor Presidente, sabemos bien que los gigantes con que en ocasiones nos topamos resultan ser muchas veces simples molinos de viento.

Es bueno por ello que el coraje marche en compañía del realismo y el buen sentido.

En vuestra acción de gobierno se armonizan perfectamente esos dos ingredientes, y la audacia de los grandes proyectos se alía al pragmatismo de las vías posibles.

Vuestra es la reflexión, llena de sabiduría, de que en Africa los atajos son los mejores caminos.

Vuestra es también la prudente consigna «ni a izquierda ni a derecha, sino siempre adelante», que ha hecho suya la nación gabonesa en su marcha hacia las ambiciosas metas de un progreso que se hace ya patente en su vida cotidiana y cuyos signos nos ha sido dado percibir al recorrer vuestra capital.

En esa noble tarea, señor Presidente, podéis contar con el apoyo, la ayuda y la comprensión de España.

Gracias de nuevo, en nombre de la Reina y en el mío propio, como en el de todos los componentes del séquito que nos acompaña, por la hospitalidad que nos brindáis en tierra gabonesa.

Gracias también, y sobre todo, por la leal amistad a mi país de que tan reiteradas y valiosas pruebas habéis dado.

Permitidme, señor Presidente, levantar mi copa por la ventura personal de Vuestra Excelencia y de la señora de Bongo, y por la prosperidad y bienestar que de todo corazón deseamos al noble pueblo gabonés.

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