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Palabras de Su Majestad el Rey en el Comité Internacional de la Cruz Roja

Suiza(Ginebra), 21.06.1979

S

eñor Presidente, señores miembros del Comité Internacional de la Cruz Roja y de la Liga de Sociedades de la Cruz Roja, señoras y señores, para la Reina y para mí ha sido extraordinariamente grato el haber podido disponer de unos momentos en esta breve visita a Ginebra, cuna de vuestra institución, para reunirnos en su sede con ustedes, que tan dignamente la representan.

Al agradecerles su afectuosa acogida, quiero que vean en nuestra presencia la voluntad renovada de mi país de colaborar en la gran obra humanitaria y con los elevados objetivos de la Cruz Roja Internacional. Puedo asegurarles que, dentro de nuestras limitaciones, no habrá de faltar por parte de España el mayor apoyo posible, tanto en el orden moral como en el material.

Señor Presidente, vuestro amable recuerdo de la vinculación que con vuestro esfuerzo tuvieron mis predecesores en la Corona me trae a la memoria con orgullo la actuación de mis abuelos, el Rey Don Alfonso XIII y la Reina Doña Victoria, en socorro de las víctimas de la I Guerra Mundial, y el gran impulso que ellos dieron a la Cruz Roja Española.

Creedme que la Reina y yo asumimos con idéntico espíritu, como un gran honor y con considerable satisfacción, el patronazgo de esa misma Cruz Roja Española y que, fieles a los principios en que se asentó desde su fundación, propugnamos con el mayor interés su reforzamiento, renovación y extensión.

En el marco de esa fidelidad a unos principios, formulados ya en 1863 y que han tenido luego universal reconocimiento, deben entenderse las posteriores iniciativas de la Cruz Roja Internacional en favor del debido desenvolvimiento y consolidación del derecho internacional humanitario.

Sus esfuerzos han alcanzado ya resultados que podemos calificar de muy positivos, logrando la adaptación a esos principios de los convenios de Ginebra, de acuerdo con las exigencias de nuestro tiempo, para ponerlos al día y hacerlos más eficaces en nuestro cambiante y conflictivo mundo, y consiguiendo, en particular, la incorporación a los nuevos protocolos de la afirmación de los derechos individuales, de los derechos del hombre, en todos los aspectos pertinentes.

Esperamos que la I Conferencia Mundial para el Desarrollo del Derecho Humanitario, que tendrá lugar en Madrid, sea otro éxito y permita un avance significativo en la misma dirección.

Señor Presidente, el pueblo español se siente estrechamente solidario y profundamente hermanado con todos aquellos a quienes aflige el sufrimiento en cualquiera de sus manifestaciones. Por ello, y en el cuadro de sus posibilidades, se esfuerza en prestar ayuda y remedio en las calamidades que azotan a otros pueblos y en acudir a las llamadas y peticiones de auxilio que recibe. Estamos convencidos de que esta actitud, generalmente compartida y adecuadamente encauzada por la Cruz Roja, puede contribuir de manera decisiva a la edificación de un mundo mejor.

En el momento en que en el horizonte del hombre continúa asomando el aspecto de la miseria, la sombra de la desgracia y la amenaza de la violencia, permitidme, señor Presidente, que concluya estas palabras con una nueva afirmación de fe en los altos principios que animan esta generosa y noble institución humanitaria y de esperanza también en los destinos de la humanidad. Como el gran poeta Hölderlin decía «es cuando el peligro es mayor cuando más próxima está la salvación».

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