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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Camerún Ahmadou Ahidjo y al pueblo camerunés

Camerún(Yaundé), 05.12.1980

S

eñor Presidente, las cálidas palabras de bienvenida y amistad que acabáis de pronunciar nos resultan particularmente gratas y deseamos la Reina y yo manifestar a Vuestra Excelencia y a la señora de Ahidjo, así como al gobierno y al pueblo de Camerún, nuestro más vivo agradecimiento por la cordial acogida que nos habéis dispensado, muestra afectuosa de la tradicional hospitalidad camerunesa.

Hemos llegado a la República Unida del Camerún con la emoción y la ilusión de conocer un país que ocupa un lugar privilegiado, y que ha asumido además especiales responsabilidades en el conjunto del continente africano.

Un país cuyo pasado y presente nos son bien conocidos y cuyo porvenir, fruto de la clarividencia y altas cualidades políticas de sus dirigentes y del esfuerzo solidario de su pueblo, se presenta ya como una próspera realidad.

Habéis sabido construir, señor Presidente, una nación ejemplar, compendio armonioso de muy diversas regiones y síntesis en que se aúnan las aportaciones de grupos humanos de origen y cultura distintos.

La República Unida del Camerún es un modelo de equilibrio y de respeto a las características regionales que la voluntad política del pueblo y de sus dirigentes ha sabido integrar para la consecución de superiores ideales comunes de progreso, justicia y paz.

Vuestra obra de creación de la nación camerunesa nos resulta a los españoles tanto más admirable y apreciada cuanto que, como sabéis, también España forjó a lo largo de la historia su unidad nacional, hace ya casi cinco siglos, en un proceso de integración de antiguos reinos que convivían en la Península y cuyos pueblos unieron sus esfuerzos hacia más altos objetivos de organización social.

Sus características, sus lenguas, sus tradiciones reciben hoy respeto y garantía en el marco constitucional.

La historia de España y su actual posición en el escenario internacional no pueden entenderse si se olvida su triple proyección europea, africana y americana, determinada por una realidad geográfica que ha hecho de mi país encrucijada secular de culturas, puente natural entre Europa y Africa, umbral del Mediterráneo y con una vocación atlántica que, tras una secular y fructífera convivencia con el continente americano, cobra hoy toda su dimensión en los fraternos lazos que nos integran en la comunidad iberoamericana.

Nuestra relación con el mundo africano trasciende, por otra parte, el ámbito de interés decimonónico, todavía reciente, que Europa prestó al continente, puesto que obedece a presupuestos de vecindad cuyo alcance está bien patente en la convivencia e intercambios históricos de los pueblos situados a ambos lados del estrecho.

Los siglos de convivencia con los pueblos árabes han supuesto para España una relación especialmente intensa con la ribera norteafricana y con el ámbito de los países islámicos, pero, simultáneamente, nuestra vocación atlántica nos ha proporcionado también un contacto con las naciones del Africa occidental.

Así, la vocación marítima consustancial con el ser español, que llevó a nuestros navegantes hasta el Océano Pacífico, posibilitó una presencia hispánica en el Africa subsahariana de la que existen huellas tangibles. En vuestro propio país encontramos toponímicos que revelan esa presencia: el río del Rey y, en su confín meridional, el río Campo. El mayor de los ríos cameruneses fue conocido en Europa, a través de nuestros marinos, como el río de los Camarones, que dio nombre a estos territorios.

Muestra sobresaliente de la presencia histórica de España en el Africa ecuatorial la constituye, frente a vuestras costas y al sur del Camerún, la República de Guinea Ecuatorial, único país de lengua española al sur del Sáhara y con la que nos unen especiales vínculos afectivos.En virtud de esos vínculos, España ha estado siempre al lado del pueblo guineano y actualmente ha acrecentado notablemente su cooperación ante el enorme esfuerzo de reconstrucción nacional emprendido por su gobierno.

Ese esfuerzo, señor Presidente, pensamos redundará en beneficio de los países vecinos al introducir un factor de estabilidad regional y crear una prosperidad que facilitará los intercambios y la cooperación entre Guinea Ecuatorial y los Estados de la zona.

En este contexto, señor Presidente, es fácil comprender que España contemple el renacer africano con especial satisfacción y con la simpatía que emana de compartir los mismos ideales.

Saludamos, pues, con alegría la recuperación por las naciones africanas del puesto que legítimamente les corresponde en la comunidad internacional y, consecuentemente, hemos apoyado y seguiremos apoyando en los organismos internacionales las justas causas de la autodeterminación y la liberación total de los pueblos africanos y de la lucha contra el apartheid y la discriminación racial en todas sus formas.

En esta empresa histórica continental, conocemos bien el papel que desempeña el Camerún, dirigido con prudencia y decisión por vuestra excelencia.

Las líneas maestras de vuestra diplomacia, defensa a ultranza de la independencia y soberanía nacionales, respecto a la integridad territorial, no injerencia en los asuntos internos de otros Estados, apertura a las relaciones y a la cooperación en plano de igualdad con todos los países, no alineamiento, solución de controversias por medios pacíficos, os han hecho beneficiarios de un sólido prestigio a escala mundial y vuestro consejo y mediación son solicitados en los foros internacionales tanto de ámbito africano como universal.

Consideramos, pues, que existen las condiciones propicias para que las ya excelentes relaciones entre nuestros dos países reciban, a partir de ahora, un nuevo impulso que las haga más amplias y profundas en todos los ámbitos.

Nuestras analogías históricas, los principios morales y políticos que compartimos, las posibilidades de complementación de nuestras respectivas economías y las responsabilidades que nuestras dos naciones han asumido, nos invitan a cooperar cada vez más estrechamente.

Permitidme ahora, señor Presidente, que levante mi copa por el bienestar de Vuestra Excelencia y de vuestra ilustre esposa, por el progreso y prosperidad del pueblo camerunés.

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