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Palabras de Su Majestad el Rey a los Emperadores de Japón Akihito y Michiko y al Pueblo Japonés

Madrid, 10.10.1994

M

ajestades, os saludamos con alegría y agradecemos profundamente vuestra primera visita a España como Emperadores de Japón.

Vuestra presencia nos trae el grato recuerdo de anteriores ocasiones en que tuvimos la dicha de recibiros y aviva las inolvidables impresiones de nuestros viajes a vuestro país, cuya delicada cortesía y asombrosa vitalidad hemos tenido oportunidad de apreciar personalmente.Queremos igualmente agradeceros las atenciones que habéis dispensado a los miembros de mi familia que han tenido el honor de visitaros, y en particular, las que dedicasteis al Príncipe de Asturias con motivo de vuestra subida al Trono.

Podéis estar seguros de que éstos son también los sentimientos del pueblo español hacia Vuestras Majestades, cuya especial sensibilidad hacia nuestra historia y nuestra cultura os ha concitado el respeto y la devoción de cuantos os han conocido.

Recordamos con especial reconocimiento el apoyo moral de la Emperatriz, recogido por un grupo de empresas japonesas, que con sus generosas donaciones han devuelto al órgano renacentista de la Catedral de Salamanca su esplendor original y han permitido a un grupo de becarios de vuestro país seguir en él cada verano cursos de música española.

Hace casi cuatrocientos cincuenta años llegó a vuestras costas San Francisco Javier, el gran misionero navarro cuya gloria compartimos. La admiración que sintió desde el primer momento por el espíritu y valores de vuestro pueblo es desde entonces el sustrato vital de nuestras relaciones, que ni la lejanía geográfica ni las vicisitudes de los tiempos han alterado.

Así lo demuestra que ya en 1584 visitase España la primera misión japonesa a Europa. En nuestros días ha sido muy significativa la participación de Japón en la conmemoración del V Centenario del descubrimiento, de la que es ejemplo la presencia en Kobe de una réplica de la nao Santa María, gracias a la Fundación creada en aquella ciudad con este nombre.Majestad, representáis el ser de Japón, su lugar en el mundo, la siembra de su prosperidad, su importancia creciente en el continente asiático y en el mundo.

Vuestro país, anclado en una tradición milenaria de la que se nutren su comportamiento personal y sus actitudes sociales, es al mismo tiempo, sin abdicar de sí mismo, ejemplo de puntualidad a las complejas citas y exigencias de nuestro tiempo: la innovación tecnológica, el crecimiento económico, la asunción de responsabilidades internacionales, el apoyo a decisiones básicas de Naciones Unidas y la apertura a un esfuerzo coordinado en favor de quienes padecen situaciones de pobreza, injusticia e ignorancia indignas de nuestros días.Compartimos, porque ésa es también nuestra tarea, vuestro esfuerzo de escribir con hechos una historia nueva, con los materiales del pasado, pero sin sus errores, y las urgencias del presente.

Nos sentimos solidarios de idénticos valores: la democracia que compartimos y el afán de justicia cuyo fruto natural es la paz.

Deseamos un mayor papel en las responsabilidades de nuestro mundo, porque creemos que los principios en que se funda nuestra actuación internacional pueden servir como pauta para reforzar la cooperación entre los Estados y los organismos internacionales frente a los grandes retos que abruman nuestras conciencias.

Es éste un contexto privilegiado para ampliar y actualizar nuestras relaciones bilaterales en una dirección que, además de su importante contenido de carácter económico, preste una atención particular a intercambios que, como los culturales, científicos y de investigación, intensifiquen nuestro mutuo conocimiento y nos acerquen aún más.

Tenemos también ante nosotros grandes posibilidades de cooperación en amplios campos, entre los que desearía destacar el de la protección de la naturaleza y el medio ambiente.Majestades, el mundo actual se enfrenta a enormes necesidades de desarrollo. El fin de las tensiones bipolares que caracterizaron el largo período de la «guerra fría» ha reavivado nuestra atención sobre las intolerables condiciones en que viven aún millones de habitantes de la tierra. Es, pues, hora de que los países más industrializados coordinen mejor sus esfuerzos para resolver estas carencias en beneficio de todos.

Japón es ya uno de los países que más ayuda proporciona a otras naciones menos desarrolladas, pero cuanto queda por hacer es ingente.

Japón y España están también llamados a entenderse en este terreno y aunar iniciativas provechosas para combatir el subdesarrollo en las regiones del mundo que lo precisan.Con el deseo de que vuestra visita sea tan grata como provechosa para el futuro de nuestros pueblos, levanto mi copa por la ventura personal de Vuestras Majestades, la felicidad del pueblo japonés y la amistad que nos une.

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