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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Zaire Mobutu Sese Seko y al pueblo zaireño

Zaire(Kinshasa), 19.11.1983

S

eñor Presidente, la Reina y yo agradecemos profundamente a Vuestra Excelencia las muy amables palabras de bienvenida que nos ha dirigido con motivo de nuestra primera visita a la República del Zaire, que hoy hemos iniciado con especial ilusión.

Deseo también hacer llegar nuestro agradecimiento a todas las autoridades y al hospitalario pueblo del Zaire por la afectuosa acogida que nos han dispensado esta tarde, desde nuestra llegada a N Djili, y muy especialmente en el magnífico marco del Palacio del Pueblo.

Vemos en vuestro recibimiento una prueba más de la larga y sincera amistad que felizmente une a nuestras naciones.

Somos conscientes, señor Presidente, de que nuestra estancia en el Zaire nos va a deparar no sólo el encuentro privilegiado con un país de antigua historia y acusada personalidad, sino también la ocasión de conocer directamente los resultados obtenidos por el laborioso pueblo zaireño en el camino del desarrollo y la modernización.

Gracias a esa sabia combinación de tradición y modernidad, la República del Zaire ha desempeñado y continúa desempeñando un papel de primer orden en la historia del continente africano.

En efecto, tiene tras de sí el Zaire de hoy una antigua y rica historia que conoció, desde hace siglos, momentos florecientes de organización política y desarrollo cultural, en el marco de los grandes reinos que existieron en torno al impresionante sistema fluvial del río Zaire, así como en las demás regiones del país.

Desde muy pronto se produjo en Zaire el contacto entre las civilizaciones europea y africana, suscitando los viejos reinos de los siglos XV al XVII admiración de historiadores y exploradores a la vez que el interés de políticos, diplomáticos, comerciantes y religiosos.

Así, paulatinamente y sobre las bases sólidas de su propia e irrenunciable cultura, enriquecida por el contacto exterior, se forjó vuestra gran nación que, en épocas modernas, fue factor de importancia para los equilibrios internacionales de la zona.

Cuando en 1960, en el curso de la gran revolución política y social que fue la descolonización, el Zaire recuperó su plena personalidad política, estaba ya llamado a desempeñar importantes responsabilidades en las relaciones interafricanas e internacionales.

A ello le empujaban, además, de manera natural, su ubicación en el corazón del Africa central, su potencial económico y las características de su población.

La situación general del continente africano no ofrece hoy ciertamente, señor Presidente, un panorama optimista, como tampoco lo es la coyuntura por la que atraviesa el resto del mundo, azotado por graves crisis económicas y víctima de múltiples confrontaciones de naturaleza diversa.

Persisten en Africa dolorosos problemas humanos como el de los refugiados o el de las víctimas de interminables conflictos o de gravísimos desastres naturales.

Por otra parte es evidente que el orden económico internacional todavía vigente no responde a las necesidades de las naciones africanas, que reclaman justamente su participación en la reestructuración de un sistema creado antes de la descolonización. En el Africa austral todavía existen pueblos sometidos a una anacrónica e injustificable dependencia colonial y a un sistema de discriminación racial insultante para la dignidad del hombre.

Sin embargo, satisface contemplar los esfuerzos de la República del Zaire, tanto por su política de buena vecindad como por su activa participación en los proyectos ya en marcha de solidaridad y reorganización económica regional, junto con otros países del Africa central.

Así, y cumpliendo las recomendaciones del Plan de Acción de Lagos de 1980, vuestro país, que ya estaba integrado en la Comunidad de los Grandes Lagos, ha colaborado decisivamente en el éxito de la recién nacida Comunidad Económica de los Estados del Africa central, que nos parece un ejemplo de cooperación internacional por encima de toda diferencia política o ideológica. Nos satisface además, especialmente, observar la presencia en esa gran Comunidad del único país de lengua española del Africa subsahariana, la República de Guinea Ecuatorial, con la que tantos lazos nos unen.

Señor Presidente, España es un país plenamente consciente de su íntima esencia de miembro de la gran familia europea occidental. Sin embargo, España tiene una personalidad específica, por razones históricas y geográficas, que determina su forma de estar y de actuar en la escena internacional.

Así, y junto a los factores que nos unen, tanto a los pueblos de la América hispánica y de la región mediterránea, como a las naciones árabes, quiero subrayar ahora que España es el país europeo más próximo al continente africano. Este es un dato que explica, además, la intensidad y antigüedad de los contactos hispano-africanos.

Pueblos procedentes de este continente jugaron, con su presencia y su cultura, un papel sobresaliente en la formación de España como nación y en su nacimiento como Estado moderno a finales del siglo XV.

Como lógica consecuencia, tiene el pueblo español una sensibilidad especial hacia los problemas y las preocupaciones de los países africanos, sensibilidad que responde además, a la concepción tradicional española de los valores del ser humano y de la naturaleza de la sociedad internacional.

De todo ello se derivan nuestra presencia diplomática en Africa, nuestros esfuerzos por materializar unas relaciones de cooperación y también nuestras inequívocas y continuas tomas de posición en todos los foros internacionales, en defensa de las justas causas africanas, con sacrificio, incluso, a veces, de nuestros propios intereses materiales.

Me satisface muy especialmente, señor Presidente, hacer ahora referencia al desarrollo de nuestras relaciones bilaterales, caracterizadas por el signo de la más clara y permanente amistad. Una amistad que nos invita a hacer un esfuerzo especial a fin de que la cooperación entre nuestros dos países se enriquezca, en beneficio legítimo de ambas partes, en todos los sectores posibles. Creo que podemos felicitarnos de los pasos que se están dando ya y que se concretarán en los acuerdos que próximamente van a ser firmados.

Quiero, finalmente, agradecer a vuestra excelencia y al pueblo zaireño la cálida acogida que se dispensa a los centenares de religiosos y religiosas de mi país que, con excepcional dedicación y generosidad, llevan a cabo una esforzada labor asistencial en hospitales, misiones y centros educativos, en todas las regiones del Zaire. Su contacto directo con la población zaireña es un vehículo inmejorable para el conocimiento mutuo de nuestros pueblos.

Al reiterar ahora nuestra gran satisfacción por encontrarnos en la República del Zaire y nuestro agradecimiento por las atenciones recibidas, deseo invitar a todos los asistentes a esta cena a brindar conmigo por la felicidad personal de su excelencia, el Presidente Mobutu Sese Seko, y su ilustre esposa, por todas las autoridades zaireñas y por el bienestar y el progreso del noble pueblo del Zaire.

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