Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activitats i agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey al Papa Juan Pablo II

Zaragoza, 10.10.1984

S

antidad, a la emoción de veros de nuevo en tierras de España se une en esta ocasión el recuerdo, difícilmente olvidable, de vuestra visita anterior hace dos años. Por eso, la Reina y yo sentimos doble alegría y satisfacción al daros la bienvenida. Estoy seguro de que todos los españoles y especialmente la gran mayoría que profesa la religión católica sienten todavía el impacto dejado entre nosotros en la anterior visita de Vuestra Santidad y en el infatigable recorrido a los rincones más entrañables de nuestro territorio, que permitió a las gentes de España acercarse a Vuestra Santidad y recibir el alentador mensaje de paz, justicia y progreso, objetivos hondamente arraigados entre nosotros y, fundamentos de esa sociedad democrática avanzada a la que aspiramos.

En esta ocasión, además, vuestra escala en España tiene una significación para nosotros entrañable. Vais camino de Iberoamérica, de Santo Domingo, cuna de la civilización occidental del nuevo mundo; a llevar a aquellas tierras tan queridas e íntimamente vinculadas al pueblo español el mensaje de paz, que es el tema principal de vuestra misión al frente de la Iglesia. Mensaje que nosotros comprendemos muy bien, porque los esfuerzos que Vuestra Santidad lleva a cabo para alentar un orden mundial más justo coincide con los principios que inspiran la acción internacional de España. Por ello, al reiniciar el salto a América desde tierra española, como en su día lo hiciera Colón, y precisamente en el momento que comienzan los preparativos del V Centenario del descubrimiento, esos principios tienen un valor que nosotros no podemos ignorar ni dejar de apreciar.

España vuelve a ser punto de arranque hacia Iberoamérica, como lo fue cuando, en una empresa histórica sin precedentes, llevó a aquellas tierras y aquellos pueblos la tradición greco-latina que latía vigorosa en la cultura española, así como la concepción cristiana de la vida.

No creo necesario insistir, Santidad, en la acción civilizadora y el legado que se dejó en aquellas tierras, obra ingente de toda una sociedad y, por lo tanto, también de la iglesia católica, pues es patente y dais buena muestra de valorarlo de manera adecuada con la atención preferente que concedéis a las tierras y pueblos de América. Ello es una prueba de vuestra buena voluntad de conservar y dar nueva vida a ese patrimonio que lo es tanto de España como de la cultura occidental.

Bienvenido, pues, a esta entrañable ciudad de Zaragoza, en cuya basílica se venera la imagen a la virgen del Pilar, patrona de la hispanidad.

En nombre de todos los españoles, gracias, Santidad, por vuestra visita.

Tornar a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+