Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activitats i agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey a la Asamblea Nacional de Argelia

Argelia(Argel), 10.05.1983

E

s un gran honor para mí poder dirigirme a esta insigne Asamblea que con toda dignidad representa al esforzado y valeroso pueblo argelino.Tanto la Reina como yo celebramos ciertamente encontrarnos hoy en Argel, ciudad fraterna y acogedora, a la que nos unen tantos lazos de proximidad geográfica y sentimental.

Habéis ganado con toda justicia un lugar de primer orden en el seno de la comunidad internacional. Habéis sabido armonizar de manera ejemplar vuestro progreso social, cultural y económico con la defensa y salvaguardia de vuestras tradiciones y valores espirituales.

Constituimos, como vosotros, un país joven y dinámico, que extrae su fuerza de la vitalidad de sus raíces milenarias.

Nuestros pueblos han mantenido múltiples contactos en el transcurso de los siglos. Ambos han sido bereberes, fenicios, cartagineses, romanos y árabes, lo que ha generado un intercambio continuo de ideas y de actividades culturales, artísticas y científicas, fuente a su vez de innumerables riquezas materiales y espirituales que han ilustrado al mundo.

La fusión de elementos árabes e hispánicos que tuvo lugar durante ocho siglos dio nacimiento a una de las más pujantes civilizaciones que han existido.

Los nombres de Averroes, Abentofail y Almotamid son, entre muchos otros, buena prueba de ello.

Pero quizás el mejor símbolo de esta fusión, que ha sido capaz de ampliar los horizontes de la ciencia y del espíritu, sea Sidi Bou Medine, sevillano de origen, patrón de la ciudad de Tlemecén, uno de los más ilustres intelectuales del Magreb y auténtico dirigente espiritual a quien todavía hoy se venera como santo.

En España se pueden contemplar gran cantidad de monumentos que testimonian nuestro pasado común y son causa general de admiración y asombro. Su mejor exponente es quizás la Giralda de Sevilla, fruto de ese original mestizaje de una torre renacentista y un minarete almohade.

Igualmente podemos hallar vestigios hispánicos en vuestro país, y no solamente en esta bella ciudad de Argel en la que nos encontramos, sino también en Orán, Tlemecén, Bejaia y Constantina.

Sería imposible intentar enumerar los muchos lazos que durante siglos han unido a nuestros dos países.

Nuestros archivos y bibliotecas están llenos de capítulos que recogen nuestro pasado, rico en esplendor. Ello explica que no se pueda entender cada uno de nuestros procesos históricos sin hacer una necesaria referencia al otro.

Sobre este valioso pasado debemos fundamentar nuestras relaciones actuales para que podamos hacer frente, decididamente y con un espíritu renovado, a las tareas que nos exige el mundo de hoy.

Admiramos muy sinceramente vuestro notable desarrollo, asentado en la riqueza de vuestras energías humanas y vuestra capacidad de trabajo, así como en el aprovechamiento creciente de vuestros vastos recursos.

Seguimos con atención el despliegue de vuestra presencia cada día más dinámica en la escena internacional y el esfuerzo incansable con que habéis emprendido la gran tarea de crear un nuevo orden económico internacional más justo y solidario.

Nos mueve el ferviente deseo y la decidida voluntad de participar en ese gran objetivo vuestro de constituir un mundo de paz y fraternidad. Aunque por imperativos geopolíticos inexorables pertenecemos a la gran familia europea y occidental, no dejamos por ello de compartir con vosotros preocupaciones similares en torno a los grandes problemas que gravitan sobre el mundo de nuestros días.

En lo que respecta al Oriente Medio, no necesito subrayar nuestra constante solidaridad con la causa árabe, manifestada, sin timideces ni ambigüedades, en múltiples ocasiones y muy variados foros.

Confiamos en que, a pesar de las dificultades, las diversas iniciativas de paz culminarán pronto en una solución global que permita a todos los países de aquella región convivir en paz, sin que ningún pueblo, incluido por supuesto el palestino, sea privado del derecho a una existencia internacionalmente reconocida.

En relación con el Sahara occidental, continuamos apoyando el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación, de conformidad con las resoluciones pertinentes adoptadas por las Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana y esperamos que pronto podrá lograrse una solución justa y duradera al conflicto que perdura en la actualidad.

Seguimos con enorme interés y satisfacción los esfuerzos que estáis llevando a cabo para lograr la creación del gran Magreb, lo que contribuirá positivamente a la paz y estabilidad en el Mediterráneo.

Nos felicitamos de que el Magreb llegue un día a ser un conjunto solidario de pueblos vecinos y hermanados, ya que en ese marco general magrebí será más factible abordar los problemas regionales, llegar a soluciones satisfactorias y mantener idénticas relaciones de amistad con todos. Ello, a su vez, nos permitiría también reforzar una cooperación cada vez más eficaz y fecunda con el Africa subsahariana.

España no puede renunciar a su vocación africana, que siempre hemos considerado debe constituir un vector importante de nuestra política exterior. De esta forma, el Magreb podría servir de puente para posibilitar el establecimiento de unas relaciones norte-sur que sirvan de modelo al resto de la comunidad internacional.

En el Mediterráneo, nuestro Mediterráneo, compartimos objetivos y aspiraciones similares, que podemos hacer valer conjuntamente en las diferentes instancias internacionales.

Por último, queremos daros seguridades de que España desea fortalecer cada día más el entramado de nuestras relaciones bilaterales.Nos es grato observar que España ocupa un lugar destacado en vuestro comercio exterior y que el volumen de dichos intercambios aumenta día a día.

Debemos reconocer sinceramente que todavía nos enfrentamos con ciertas dificultades, pero no nos cabe la menor duda de que pronto encontraremos una solución a esos problemas, dado el espíritu constructivo que preside nuestras relaciones.

Esas relaciones van más allá del marco estrecho de los lazos estrictamente mercantiles, ya que deseamos ser algo más que clientes. Deseamos participar plenamente en el desarrollo de Argelia. No podemos por tanto limitarnos a hablar de cifras o de equilibrios comerciales, sino que debemos construir juntos una sociedad más rica y próspera que sea garantía de estabilidad para todo el Mediterráneo occidental, favoreciendo con ello nuestro propio desarrollo.

Podemos y debemos crecer y prosperar juntos. Nuestra obligación es la de ser solidarios en un mundo interdependiente.

Este imperativo nos viene impuesto por la geografía, la historia, la cultura y la economía.

Tenemos la misma cuna: el Mediterráneo. En un maridaje de pueblos y razas, hemos engendrado, por nuestra parte, otras culturas y civilizaciones que llevamos a otros continentes. La semilla que vuestro Tarik plantó en España mezclada a la nuestra, fructificó desde Río Grande a Tierra del Fuego, ya que, en efecto, no hay que olvidar que en Iberoamérica están presentes elementos culturales que provienen, a través de España, de la civilización arábigo-andaluza.

Juntos podemos mirar confiadamente hacia el siglo xxi, tan cercano y perfilado sobre un horizonte que podría llegar a ser amenazador e inquietante, si no aunamos nuestros esfuerzos. América, Europa y Africa se dan cita aquí, en esta encrucijada del Mediterráneo occidental.

La cooperación de los pueblos de estos tres continentes es indispensable para construir un futuro que reclama ya nuestro esfuerzo.

La paz es indivisible. La paz es contagiosa. Si logramos que arraigue con fuerza en las riberas del Mediterráneo occidental, podrá extenderse como mancha de aceite, evitando que el espectro de la guerra amenace mortalmente a todo nuestro planeta.

Estoy seguro de que podemos unir nuestros esfuerzos una vez más, como en los tiempos de Granada y de Tlemecén, para que surja un foco de paz y de fraternidad en esta parte del mundo.

Es una tarea de enormes proporciones, pero nuestros trechos de vida en común demuestran que la nación árabe y la comunidad hispánica son capaces de realizar conjuntamente objetivos de gran alcance.

Si esta gran comunidad de más de treinta países lograra redescubrir un sentimiento de fraternidad mutua, en el recuerdo de nuestra sangre entremezclada y de pertenencia a una misma familia, habríamos conquistado el derecho a la esperanza y podríamos contemplar el futuro con la confianza que da el construir juntos un mundo mejor.

Tornar a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+