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Palabras de Su majestad el Rey al Presidente de la Unión Soviética Constantino V. Chernenko y al pueblo soviético

URSS(Moscú), 10.05.1984

S

eñor Presidente, en nombre de la Reina y en el mío propio, quiero agradecer la amable acogida que nos ha sido dispensada, y expresar la satisfacción que sentimos por encontrarnos en este gran país, por disfrutar de la generosa hospitalidad del pueblo y del Gobierno soviéticos.

Este viaje se sitúa en una coyuntura internacional caracterizada por los momentos de tensión que vive el mundo tras la interrupción de las conversaciones sobre reducción y control de las armas nucleares u otros tipos de armamento; por el clima prebélico y sin futuro en que se debate la juventud en un escenario dominado por la amenaza de guerra y por la crisis económica que de una u otra forma afecta a todos los países y crea un ambiente desesperanzado.

Pero quizás el punto más singular de esta visita resida en que nunca antes un jefe de Estado español había visitado este país, con el que sin embargo existen no pocos lazos, sobre todo de cultura y de sensibilidad. El Quijote español ha sido siempre muy conocido en Rusia, tal vez más que en ningún otro país europeo, y en la mejor tradición española contemporánea han influido muy notablemente Gogol y Dostoïevsky, Chejov y Tolstoi.

Dos países que ocupan los extremos opuestos de Europa comparten muchos rasgos históricos y culturales: la vocación universal y un cierto estoicismo moral. Oblomov y Sancho Panza serían la cara oscura del mismo sueño idealista vivido en dos contextos muy distintos.Cabe esperar entonces que este viaje contribuya a romper un aislamiento secular y sirva para dar realidad institucional a este oculto contacto de las sensibilidades de nuestros pueblos. Y cabe esperar, en la misma medida y aún con mayor urgencia, que contribuya a reducir ese clima de tensión que inquieta en estos momentos las vidas de los ciudadanos de nuestros países y de todo el mundo, como un símbolo de lo mucho que une a culturas aparentemente separadas por las mareas de la política internacional y por sistemas institucionales muy distintos.

Las relaciones entre nuestros países se iniciaron ya a fines del siglo xvii. Sin embargo, el desconocimiento mutuo y las circunstancias históricas, a veces desfavorables, han hecho difícil el entendimiento recíproco.

Hoy podemos comprobar que han desaparecido aquellos obstáculos y a partir de 1977, en que se establecieron las relaciones diplomáticas plenas, nos encontramos en el buen camino, el que permite progresar en el conocimiento mutuo, el de enriquecimiento de los flujos de todo tipo entre ambos países.

Desde el restablecimiento de las relaciones, se han desarrollado paulatinamente los contactos entre nuestros pueblos y autoridades políticas, y han cobrado auge, si bien lentamente, los intercambios comerciales. Deberíamos esforzarnos desde ambos lados en intensificar el ritmo y el contenido de estas relaciones, pues ello redundará en provecho de nuestros respectivos intereses.

Señor Presidente, España, por su situación geográfica y por su legado histórico, es un país de Europa occidental, cuya civilización, formas de vida y valores hemos contribuido a crear y a transmitir a otros continentes.

La democracia, como sistema político basado en el respeto de las libertades individuales y asociativas, en el consenso sobre las grandes líneas de la política, la economía y el desarrollo social, es el único camino para asentar una convivencia segura y pacífica, incluso cuando siguen existiendo minorías que por la realidad o la amenaza de la violencia pretenden perturbar esa convivencia.

España es hoy una democracia, y no en un sentido formal, sino en un sentido muy real, sabiendo que la democracia siempre es un camino y nunca una meta a la que se llega definitivamente, a la que nadie puede pretender haber llegado. En España, tras largos años de enfrentamientos y dificultades, hoy hay un pueblo que vive en democracia bajo el signo del consenso, y se sitúa firmemente en el concierto de los países democráticos.

Señor Presidente, creemos no sólo en la posibilidad, sino también en la necesidad de la convivencia provechosa entre países con sistemas socioeconómicos distintos, basada en la colaboración leal, el entendimiento, la buena fe y el respeto mutuo, y encaminada al beneficio recíproco y al reforzamiento del orden internacional.

Con esta convicción, y como quedó plenamente demostrado durante la reunión en Madrid de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa, mi país ha venido aportando -y así lo seguirá haciendo- su colaboración para el desarrollo de la distensión, ya que uno de los propósitos más firmes de la política exterior española residen en la contribución al diálogo fructífero entre todas las naciones.

Al mismo tiempo, mi país apoya con todas sus fuerzas la defensa, la ampliación y el disfrute real de los derechos humanos, en su acepción más plena, donde quiera que éstos puedan verse amenazados.

Se ha creado una conciencia universal en los últimos años sobre el significado de los derechos humanos y de su defensa, pues, más allá de lo que en su momento fueron los derechos del ciudadano, hay que ver en el reconocimiento universal de los derechos de todo hombre la verdadera base para una sociedad fundamentada en el consenso y en la democracia política y social; la verdadera base para una sociedad libre y, por tanto, segura.Esta es una verdad que más pronto que tarde todos deberemos aprender: la seguridad habrá de ser fruto de la libertad y del acuerdo.

Debemos decir que nuestros pueblos temen y no comprenden los vientos de guerra que hoy recorren el mundo, y que sufren dolorosamente las consecuencias de esta tensión en unas circunstancias en que las dificultades económicas afectan a todos los pueblos del mundo, más allá de barreras ideológicas y de diferencias de sistemas políticos y socioeconómicos.Señor Presidente, España, país europeo occidental, aspira -con el respaldo unánime de todas sus fuerzas políticas- a ingresar en las Comunidades Europeas. El espacio europeo en el que pretendemos integrarnos, más allá de una limitada óptica economicista, no debe ser un ámbito ensimismado, sino que la raíz misma de su vitalidad y desarrollo será su capacidad para comunicarse de manera fructífera con otras áreas del mundo.

España es también un país de muy profundas, antiguas y entrañables raíces en el mundo iberoamericano. Más de veinte países hablan nuestra lengua y una larga convivencia de siglos, junto con un rico mestizaje con los pueblos del continente americano, ha hecho que España y América se fundan en una síntesis armónica e indestructible.

Son conocidos los esfuerzos que está realizando España -en unión de un grupo de países entrañablemente unidos a su historia- para llevar a algunas zonas de este continente la paz, el entendimiento y el diálogo.

Confiamos en que, con el concurso de la buena voluntad de todos los países, tales esfuerzos consigan la superación de tan graves problemas, que no pueden salvarse ni con la subversión armada, ni con la acción terrorista, ni con la intervención externa.

Deseamos que ésta y otras zonas del mundo dejen de ser presa de conflictos ajenos a sus auténticos intereses, que en poco o en nada contribuyen a la paz, al progreso y a la seguridad de los pueblos.

Por otra parte, la fusión de elementos árabes e hispánicos que se produjo en nuestro territorio durante ocho siglos, y que dio nacimiento a una de las más pujantes civilizaciones que han existido, explican nuestra permanente solidaridad con lo que de justo tienen las aspiraciones palestinas en el Oriente Medio y el reconocimiento del derecho de todos los Estados de la zona a vivir pacíficamente dentro de fronteras seguras.

Señor Presidente, España excluye cualquier signo de absentismo, cualquier reacción de huida e ignorancia, ante los graves problemas de nuestro mundo; ante el apreciable deterioro en la atmósfera de la sociedad internacional y en las relaciones entre los Estados.

Nada nos es ajeno. Los indicios de tensión internacional, especialmente en este continente europeo que a todos nos pertenece, me han hecho acoger con mayor interés aún vuestra invitación, puesto que ningún Estado debe escatimar esfuerzos para mejorar la situación internacional en estos momentos.

Los pueblos de todo el mundo reclaman hoy a sus gobernantes que superen la grave crisis económica y que den paso a una nueva época en la que ya nadie recuerde los actuales temores de enfrentamiento.

Los pueblos que han debido pagar un alto precio para rechazar una agresión exterior, como el pueblo de la Unión Soviética, y los pueblos que han pagado un alto precio por conquistar la democracia como el pueblo español, tienen un largo camino que recorrer para crear, y contribuir a crear, ese mundo que los pueblos desean regido por la libertad y el consenso, el respeto de los derechos humanos y la democracia política y social.

Señor Presidente, vamos a visitar vuestras ciudades, vamos a tratar con vuestras gentes, vamos, en definitiva, a empaparnos de la riqueza y variada realidad de este gran país cuando se inicia nuestro recorrido por la Unión Soviética. Quisiera, señor Presidente, levantar mi copa con mis mejores votos por vuestra ventura personal y la de vuestra esposa; por el progreso y la prosperidad del noble pueblo soviético, así como por el futuro de las relaciones entre nuestras naciones.

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