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Palabras de Su Majestad el Rey a la camunidad académica al entregar el Premio Cervantes a Rafael Alberti

Madrid(Alcalá de Henares), 23.04.1984

C

on la concesión del Premio Miguel de Cervantes, correspondiente a 1983, al gran poeta español Rafael Alberti, madura y se acrecienta un año más el historial de un galardón concebido con un fundamental propósito: el de rendir homenaje que en cualquier caso es siempre modesto a quienes nos han entregado lo mejor de sus vidas al transmitirnos, con generosidad, su obra literaria.

A ese objetivo inicial y básico se une otro de más largo alcance: reparar la deuda que la sociedad y la historia han contraído con quienes, como Cervantes, abren el alma de su tiempo, y de los tiempos posteriores, a las ilusiones más hermosas; a los que nos dan a conocer la condición idealista del hombre y exaltan nuestro paisaje y nuestra aventura de españoles.

El «espíritu cervantino» está aquí, en Alcalá de Henares, no imperturbable en la piedra y el recuerdo, sino vivo en vuestro talante creador, en el abrazo hispánico que representáis, en el mensaje de nuestra literatura común.

Sin él, creado y recreado cada día por vosotros, nos encontraríamos perdidos. De ahí la responsabilidad y el mérito de cuantos habéis dedicado vuestra existencia a esta tarea, llenáis de significaciones y estímulos morales la nuestra e incitáis la voluntad colectiva hacia el conocimiento artístico y la perfección de la conducta.

Quisiera destacar, en esta ocasión, un hecho que con el fino vuelo dolorido de su memoria ha puesto de manifiesto en sus palabras Rafael Alberti: la dramática aventura de los escritores del exilio, de todos los exilios, de los exilios de todos los tiempos y circunstancias. De los escritores que, como Cervantes, sintieron en su carne y en su alma, junto al dolor de la pobreza y los sufrimientos físicos, el insoportable dolor de estar lejos de España.

La lectura de sus textos ha de llevarnos a todos a un propósito que debe ser asumido como condición previa de la libertad: no permitir nunca más la herida del destierro.No dar lugar jamás a que un español se vea obligado a sentir la angustia de la patria lejana.

Hoy, sin fronteras, dentro de esta patria de la hispanidad moderna, ancha y venturosa, con problemas pero con esperanzas, que se extiende a dos mundos oceánicos, pienso y siento que estáis todos los escritores de la España eterna, trabajadora, esencial, múltiple, para la que Cervantes tuvo los mejores versos, las más intensas recordaciones y también las más amargas y amorosas quejas.

Vuestra gloria impagada, esa gran deuda que nos duele en el alma de la España moderna, es que, en la distancia, ¡cuántas veces nos hicisteis vosotros compañía, con vuestros poemas, con vuestras narraciones, con vuestra voluntad de persistencia en la belleza y la idealidad!Todos quisiéramos hoy, en este día cervantino, recorrer una a una las tumbas y memorias de nuestros escritores, allá y aquí, donde quiera que estén, para depositar sobre ellas nuestro homenaje, nuestro saludo, nuestro hondo pesar y la emoción de tenerlos ya para siempre en el corazón.

El pueblo, tantas veces desconcertado, pero muchas más, certero y generoso, nunca olvida a quienes le interpretan y modulan en sus sueños. La gran literatura viene del pueblo y a él vuelve. Sus escritores son sólo -y ello ya es un milagro- el espejo que descubre y embellece su condición. Por ello, acaso seríamos muy poco sin Cervantes, en nuestro tiempo de hoy.

Sentimos muy profundamente entre nosotros, por estas razones, la presencia de cuantos no tuvieron la oportunidad del regreso, pero nos convocan en sus obras, ahora más que nunca, a lograr una gran convivencia en justicia y libertad, hacia un futuro de todos, en un abrazo que, debemos confesarlo, estamos ansiosos de darnos diariamente, en el trabajo y la superación de cada jornada.

Creo que la interpretación viva, es decir, con sentido de futuro, de la literatura hispánica, de vuestras obras, inmortales ya, encierra la más importante clave de esta fiesta cervantina. Vamos hacia el mañana, con el pueblo al que pertenecemos y servimos, animados por una radical vocación de fraternidad, amplia y generosa.

Cervantes nos invita a soñar la realidad y a realizar los sueños; a caminar, no como peregrinos asustados y solitarios, sino como protagonistas de una España mejor que la que él mismo vivió en su época.

Rafael Alberti, sois un poeta nuestro, sois un poeta de España, por la amplitud de la obra escrita, por la vitalidad en el ejercicio permanente de vuestra vocación, por el amor profundísimo, insobornable, que os une a nuestra patria.

Un amor que todo lo purifica, que todo lo explica y con el que todo se consigue.Un amor que hemos de respetar en cada uno, porque cada uno ha de ser libre para ejercerlo con arreglo a su conciencia, a su manera de pensar y a sus sentimientos.

Sigamos batallando con amor, porque sí hay ocasiones para batallar en buena lid, y caminos que recorrer, y paisajes que imaginar, y gigantes que derribar en nuestro tiempo.Sigamos batallando sin descanso porque en España se haga por completo la luz. Una luz que no se apague nunca, que compartamos con nuestros hermanos de América y que nos ilumine siempre por caminos de progreso, de paz y de libertad.

Vivamos y convivamos con Cervantes vivo, que nos acompaña, no triste y macilento, sino erguido y desafiante, pleno de vitalidad universal, aquí, en Alcalá de Henares.

Enhorabuena a Rafael Alberti.Y muchas gracias.

Se levanta la sesión.

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