Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activitats i agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Brasil Joao Baptista Figueiredo y al pueblo brasileño

Madrid, 12.04.1984

S

eñor Presidente, dentro de escasas semanas se cumplirá un año desde que la Reina y yo pisáramos, por primera vez, suelo brasileño. Era el inicio de un viaje en el que, desde el primer momento, fuimos objeto de una emocionante acogida, que se fue repitiendo a lo largo de nuestros siete días de estancia en su maravilloso país.

Los gratos recuerdos de aquel viaje inolvidable, la joya del barroco bahiano, la creatividad arquitectónica de la capital, la alegría y el paisaje cariocas, el dinamismo paulista, la cordial hospitalidad de todas sus gentes, siguen presentes, no sólo en nuestra memoria, sino también en nuestro corazón. Sería difícil expresar con palabras los sentimientos que desde entonces nos acompañan cuando se evoca la palabra Brasil.

En aquel viaje comprobamos, además, no sin emoción, la profundidad de los lazos que unen a nuestros dos países, perfectamente simbolizados en tantos españoles que, por una u otra razón, fueron impulsados a hacer su vida en el Brasil y que hoy se sienten plenamente incorporados a la vida nacional y a la sociedad brasileña, conservando el legítimo orgullo de su origen español.

Señor Presidente, si tuvieron que transcurrir muchos años para que el Rey de España, como Jefe de Estado, llegara por primera vez a vuestro país, hay que decir otro tanto respecto a la larga espera del pueblo español por recibir la visita oficial del Primer mandatario de la República Federal del Brasil. Del Presidente de ese gran país de América al que España está vinculada secularmente en una relación, tan continuada como viva, y que convierte este intercambio de visitas de Estado, hoy culminadas, en un reencuentro de notable significación histórica.

Por ello y ante todo, señor Presidente, en nombre del pueblo español, le expreso mi más calurosa y sincera bienvenida.

Este reencuentro es, además, una muestra oportuna y evidente del deseo político de ambos gobiernos por estrechar, diversificar y ahondar nuestras relaciones, cuyo desarrollo en muchos aspectos está apenas iniciándose.

Prueba de ello es la importante delegación que acompaña a vuestra excelencia para permitir, en estos breves días en que los españoles nos honramos con su presencia, una profundización de nuestras relaciones y un incremento de nuestros intercambios recíprocos en todos los ámbitos: económico y cultural, tecnológico y humano.

Esta voluntad de acercamiento se manifiesta en un contexto que no es fácil para ninguno de nuestros dos países. El mundo entero sufre la crisis económica, que afecta con especial crudeza a los países iberoamericanos. También en España el desarrollo económico se ha visto muy profundamente afectado por esta crisis, que estoy convencido se superará con el esfuerzo de todos.

Es precisamente en estos tiempos difíciles cuando construir una democracia alcanza todo su valor.

Creo que de ahí parte, en buena medida, la admiración y la esperanza con que el pueblo español contempla el firme caminar del Brasil a la democracia. Cada nación, como dije en Brasilia, tiene su propio tempo histórico; cada pueblo diseña, con su esfuerzo y según su personalidad, su propio modelo. Pero todos se reconocen en la libertad.

Señor Presidente, España ha visto también cómo se ha venido afirmando la vocación internacional del Brasil en una más intensa búsqueda de soluciones para los grandes problemas de nuestro tiempo y en su cada vez más profunda inserción en el contexto iberoamericano.

Esta orientación del Brasil ha de contribuir poderosamente a que este grupo de países reafirme su identidad, refuerce su presencia y, en definitiva, alcance el protagonismo que le corresponde en la escena internacional.

Creo que la reciente y unánime elección de un prestigioso diplomático brasileño para la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos, es una muestra palpable de esta voluntad brasileña y de cómo tal voluntad es apreciada entre los demás Estados del continente.

Sin duda, en este campo de las relaciones internacionales convergen igualmente muchas apreciaciones y enfoques entre nuestros dos países, que sienten una misma vocación de paz y que entienden como prioridad la aspiración al desarrollo de los pueblos y a una distribución más justa de la riqueza mundial.

En la complejidad brasileña -producto de un entrecruzamiento único entre las culturas europeas, africanas y americanas-, la lucha contra la desigualdad y por la dignidad del hombre, no es sólo la aspiración a vivir mejor, sino, en un sentido mucho más profundo, a vivir de otra manera.

Señor Presidente, en la esperanza de que esta nueva etapa histórica de relaciones entre nuestros pueblos dé los frutos que todos esperamos, en nombre de la Reina y en el mío propio, le deseo, al igual que a su esposa y a las distinguidas personalidades que les acompañan, una estancia muy grata en España donde nos hubiera gustado retenerles por lo menos tantos días como los que nosotros disfrutamos en su inolvidable y querido país.

Invito a todos a que levantemos nuestras copas para brindar por Brasil, por su pueblo, por su Gobierno y por la ventura personal del Presidente de la República y señora de Figueiredo.

Tornar a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+