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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Presidente de Argentina, Sr. Raúl Alfonsín

Argentina(Buenos Aires), 15.04.1985

S

eñor Presidente, deseo agradeceros en primer término, en nombre de la Reina y en el mío propio, la generosa hospitalidad con que hemos sido recibidos desde el instante mismo de nuestra llegada a Buenos Aires, así como el caluroso brindis que acabáis de pronunciar.

Vuelvo a este país para traer el abrazo fraternal del pueblo español, que, como pudisteis comprobar durante vuestro viaje el año pasado, vibra solidario con esta nueva Argentina que tan noblemente representáis.

La Reina y yo tenemos hoy la satisfacción de encontrarnos, una vez más, en esta tierra, en esta ciudad de Buenos Aires, la ciudad del encuentro, donde tantos españoles hallaron una patria nueva y se integraron a la historia argentina, labrada gracias a la lucha constante del hombre en el inconmensurable marco físico que le rodea.

Gracias a ese esfuerzo, cantado con tanto sentimiento por José Hernández o por Juan Cruz Varela, estas tierras pasaron de ser pobres y lejanas, a prósperas y próximas, unidas por lazos de todo tipo a España.

En la posterior construcción de la Argentina soberana e independiente, durante los dos últimos siglos, no estuvieron ausentes las fuerzas ni los anhelos de millones de compatriotas que aquí se fundieron en el crisol rioplatense de las diversas culturas europeas y americanas que constituye la esencia de vuestro ser nacional.

En tiempos más cercanos a nosotros, y también más tristes, se puso de relieve una vez más la solidaridad que une a nuestros pueblos cuando aquellos que huían de la persecución y el miedo encontraron acogida y refugio en uno y otro país. Como toda familia, la nuestra ha dado la medida de su cohesión y de la fuerza de sus lazos tanto en la adversidad como en la alegría.

Hoy podemos regocijarnos juntos, señor Presidente, de la recuperación definitiva de los sagrados valores de libertad política y de conciencia en la Argentina. Por eso la Reina y yo hemos aceptado, gozosos, vuestra invitación a visitar de nuevo la Argentina, para reiterar el entrañable afecto que sentimos los españoles por este admirado pueblo hermano que ha sabido retomar el destino nacional en sus propias manos.

Señor Presidente, me atrevería a calificar de ingente la tarea que habéis desarrollado desde la presidencia de la nación. La sincronía perfecta entre los valores éticos y políticos de la Argentina que representáis y vuestras cualidades personales, ha dado como resultado que esta gran nación americana se haya hecho acreedora del más alto respeto, materializado en el extraordinario dinamismo que habéis imprimido a la política exterior de vuestro gobierno.

La solución de contenciosos centenarios; la creciente participación argentina en la búsqueda de soluciones a los problemas que afectan a este continente; su impulso a los procesos de integración regional; la incansable defensa del respeto de los derechos inalienables de la persona; vuestra aportación a los nuevos enfoques en el tema del desarme; el creciente acercamiento a Europa, son algunos ejemplos de vuestros logros en este campo.

No puedo silenciar aquí, señor Presidente, el derecho que asiste a la Argentina en la reivindicación sobre partes de su territorio nacional, reivindicación que atañe al propio concepto de soberanía nacional.

Nuestros dos pueblos son amantes de la paz; somos, como Estados, respetuosos del derecho de gentes y ello nos impone el recurso a los medios pacíficos y de negociación para la resolución de los contenciosos que nos ha impuesto la historia y, entre ellos, los que significan la exclusión de nuestras integridades nacionales de trozos entrañables de nuestros territorios.

Señor Presidente, los vínculos seculares que unen a nuestros países y a nuestros pueblos, como vuestra excelencia, señor Presidente, con tanta elocuencia expresó en Madrid, han encontrado en este tecnificado e internacionalizado final del siglo XX un extraordinario campo de florecimiento.

La familia de pueblos a las que pertenecemos ha entrado en un proceso de recuperación de sus valores, de afirmación de su personalidad, de búsqueda de sus propios signos de identidad, de potenciación de todo aquello que nos une, en nuestra compleja diversidad, a iberoamericanos y españoles, que está ya transformando nuestra historia.

Desde este espíritu de fraternal comunidad y al agradecer de nuevo la generosa hospitalidad con que la Argentina nos recibe, permitidme brindar por la prosperidad y felicidad del hermano pueblo argentino así como por la salud y ventura personales de Vuestra Excelencia y de vuestra familia.

 

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