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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Irlanda Patrick Hillery y al pueblo irlandes

Irlanda(Dublín), 30.06.1986

S

eñor Presidente, sean mis primeras palabras para agradeceros, en nombre de la Reina y en el mío propio, vuestra generosa hospitalidad y vuestras palabras de calurosa amistad hacia nosotros y hacia el pueblo español.

Esta visita a la noble y antigua nación irlandesa, tan próxima espiritual e históricamente a España, nos produce una gran satisfacción.A lo largo de la historia, el ser español se ha formado con la aportación de componentes muy diversos.

Mira España tanto al norte europeo como al Mediterráneo latino y árabe, así como al océano, por razón del descubrimiento y la hermandad de todos aquellos pueblos americanos que comparten nuestra historia, cultura e idioma.

Bajo todo ello, subyace también un componente celta que, recibido en los umbrales de su historia, le aporta una singularidad que la emparenta con Irlanda y los otros pueblos celtas de la cornisa atlántica.

Irlanda y España fueron tempranamente cristianizados y si, finalizado el período de la reconquista, España fue uno de los primeros países europeos en forjar un estado moderno, el destino no fue tan generoso con Irlanda. Ello no se debió precisamente a falta de vocación nacional.

Hibernia fue siempre reconocida por cartógrafos e historiadores como una entidad propia, y su pueblo descrito con sus características raciales, religiosas y culturales, alcanzando su singularidad en la historia y en el arte.

Mi país, señor Presidente, siempre sostuvo el derecho inalienable del pueblo irlandés a su independencia. Todos mis antepasados en el trono de España lo demostraron en numerosas ocasiones, especialmente abriendo nuestras fronteras a tantísimos hijos de esta tierra: nobles, soldados, eclesiásticos. Hombres de negocios y de cultura, que sembraron de sonoros nombres irlandeses la historia de España y de muchos países de las Américas.

Nombres como O'Neill, O'Donnell, O'Reilly, O'Higgins, Fitzgerald, Barry, O'Donovan y tantos otros que sería prolijo enumerar, llenan las crónicas y los archivos de España, con su personalidad y su brillo propio, y han quedado para siempre incorporados a nuestra historia y a la de América.

No podemos tampoco olvidar la formación española de tantos hombres de la iglesia irlandesa que completaron sus estudios, en momentos difíciles para vuestro país, en el famoso Colegio de los Irlandeses en la Universidad de Salamanca, y en los que existieron en las Universidades de Sevilla, Alcalá de Henares y Santiago de Compostela.

Aún más, los estrechos vínculos que unen a nuestras dos naciones desde tiempo inmemorial, determinaron que los Reyes de España sancionaran, desde 1680, que todo católico irlandés, fuera cual fuese su condición, habría de gozar en España y en sus posesiones europeas o americanas de los mismos derechos y privilegios que los nacidos en territorio español.

Cuando Irlanda accedió a la nacionalidad plena en 1922, España se felicitó por la culminación de un proceso que hizo de Europa un continente más rico y plural, con la incorporación de una de sus más ilustres y viejas naciones.

Nos sentimos orgullosos del apellido español de Eamon de Valera, artífice de un designio histórico que le ha convertido en uno de los máximos exponentes de vuestro espíritu nacional.

La historia sirve principalmente para demostrar la amistad y hermandad entre los pueblos y, en nuestro caso, el aludir a ella sirve para dejar constancia de los vínculos que nos unen.

Pero, hoy, debemos ante todo contemplar la realidad de un excelente estado de nuestras relaciones bilaterales y velar por su futuro. Facilita nuestro entendimiento la común creencia en los valores propios de una sociedad democrática avanzada, donde la permanente búsqueda de mayores niveles de justicia, igualdad y respeto a los derechos y libertades del hombre debe ser una aspiración constante.

Coincidimos también, señor Presidente, en nuestra creencia de que el esfuerzo en favorecer el diálogo y la distensión entre los Estados debe constituir un firme compromiso de nuestros países, como única forma de cooperar a la creación de un clima de entendimiento que facilite el establecimiento de un orden internacional más justo.

En ese sentido España aprecia grandemente la tarea de Irlanda en favor de la paz mundial, participando en las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas, y se siente solidaria y copartícipe de los esfuerzos dirigidos a erradicar factores de desestabilización tales como la pobreza, el hambre y el atraso en tantas regiones de nuestro planeta.

En esta época que nos ha tocado vivir, caracterizada por la estrecha interdependencia entre todos los países, deseamos vivamente que cese la incomprensión, la violencia, la discriminación racial y el terrorismo, cualquiera que sea su naturaleza. Los esfuerzos encaminados a ese fin deben ser reconocidos y alentados por toda la comunidad internacional, porque ella es, en definitiva, beneficiaria principal de cuantos avances se obtengan en ese sentido.

España se congratula del resultado de las negociaciones, que culminaron el pasado noviembre en el Acuerdo de Hillsborough entre Irlanda y el Reino Unido. Esperamos que, en un futuro no lejano, sus consecuencias positivas se concreten en el logro de un grado de convivencia entre todos los irlandeses.

Señor Presidente, en el marco bilateral, podemos felicitarnos del excelente estado de las relaciones entre nuestras dos naciones. Debemos, sin embargo, esforzarnos por ampliar aún más los intercambios humanos, comerciales y técnicos que permitan a ambas hacer frente a las exigencias de una sociedad moderna.

A este respecto, quisiera hacer alusión a los cientos de mis compatriotas que aquí viven y trabajan, cooperando con el pueblo irlandés al desarrollo cotidiano de vuestra sociedad.

Asimismo, deseo expresaros el agrado con el que el pueblo español ve llegar miles de vuestros nacionales a España que, buscando un merecido reposo, contribuyen al mejor conocimiento y entendimiento entre nuestros pueblos. Creedme si os digo que son y serán siempre bienvenidos, como todos los irlandeses lo han sido desde tiempos lejanos.

En sentido inverso, son miles los jóvenes españoles que anualmente se desplazan a Irlanda a perfeccionar su conocimiento de inglés, conviviendo con familias irlandesas. Año tras año, esta presencia juvenil, estos intercambios turísticos han de incrementar, aún más si cabe, nuestra común simpatía y comprensión.

Visitamos hoy Irlanda, señor Presidente, pocos meses después de la plena adhesión de España a las Comunidades Europeas, a la que Irlanda siempre prestó su decidido apoyo.

España está dispuesta a aportar sus mejores esfuerzos a la gran tarea de la unidad europea. Como he dicho en otras ocasiones, España no ingresa en Europa, porque fue siempre Europa y siempre estuvo en Europa. Por ello, precisamente, queremos en la Comunidad retomar el espíritu y los principios de los tratados de Roma, para alcanzar esas metas ambiciosas que garanticen nuestro porvenir.

La Europa unida del futuro ha de ser una Europa abierta al mundo. En este sentido, España participará en la proyección exterior de Europa con la aportación de sus dimensiones iberoamericanas y mediterráneas que se superponen a su identidad europea.

Una, nos hace especialmente sensibles hacia las naciones iberoamericanas, hermanas en la lengua y la cultura, y hacia sus problemas económicos, sociales y políticos.

Otra, nos lleva hacia el norte de Africa y Oriente Medio, tan necesitados de estabilidad y paz.

Señor Presidente, al reiteraros nuestro sincero agradecimiento por vuestra hospitalidad y la de vuestro pueblo, en nombre de la Reina y en el mío, levanto mi copa para brindar por la amistad entre Irlanda y España, por vuestra felicidad personal y la de la señora de Hillery, y por la de todos los presentes.

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