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Palabras de Su Majestad el Rey al Consejo de Estado

Madrid, 11.03.1985

A

l recibir y ostentar ya la Medalla del Consejo de Estado, que es símbolo de una institución de hondas raíces, tengo la confortadora sensación de que España se halla entregada, con bríos y esperanzas, a la construcción de su destino político, siguiendo un camino que viene de la historia y va hacia la historia.

Esta visita al Consejo de Estado sugiere la reflexión de que hechos de muy diversa naturaleza e importancia identifican ciertamente el signo de cada circunstancia o de cada etapa. Pero cuando contemplamos la trayectoria de este Organismo secular, por encima de avatares episódicos, percibimos el hilo conductor de un inagotable esfuerzo por el bien de la sociedad y la realización del derecho.

En el Palacio de los Consejos, donde nos encontramos, tiene su sede este alto cuerpo consultivo en el que ha germinado y es hoy fruto sazonado el leal espíritu de servicio a España, al pueblo español y a la Monarquía. Un espíritu que el Consejo de Estado ha acreditado y acredita, armonizando la fidelidad a sí mismo, su adaptación a los tiempos y su constante consagración a la ley, el derecho y la justicia, en cuanto es servidor del interés público y de las garantías de los ciudadanos en sus relaciones con la administración.

Fueron ayer vuestros predecesores, sois hoy vosotros, serán mañana quienes os sucedan. Cambian, ciertamente, las personas; pero el espíritu y la institución permanecen.

Reyes de España buscaron y consolidaron la institucionalización del prudente asesoramiento en el ejercicio de sus responsabilidades. También yo, hoy, como Rey de España, quiero proclamarlo con la plena conciencia de que la fecundidad de la idea del Consejo de Estado, la tradición de que es depositario y la ponderada actualización de su doctrina, hacen de él una pieza cardinal en la articulación de los poderes del Estado para conseguir lo que, según vuestra ley orgánica, es esencia de la función consultiva: velar por la observancia de la Constitución y de las leyes.

Aprecio la altura de miras con que cumplís esa tarea y os estimulo y aliento a perseverar en ella, lo que sin duda contribuirá a la convivencia democrática y justa de todos los españoles dentro del Estado de derecho.

La Reina y yo nos alegramos de estar en el Consejo de Estado. Nos agrada recibir la expresión sincera de vuestros sentimientos y corresponder a ellos con la sencilla verdad de nuestro afecto.

«Lealtad al Rey», ha dicho el Presidente al finalizar su intervención, recordando la fórmula de vuestro juramento. Y yo termino diciéndoos, con palabras especialmente entrañables para mí: «sobre todo, España».

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