Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
Activitats i agenda
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Madrid, 22.01.1987

S

eñores Embajadores, la Reina y yo tenemos un año más el placer de reunirnos con Vuestras Excelencias en esta recepción y de felicitaros cordialmente el año que acaba de comenzar. Agradecemos las afectuosas palabras que el nuncio de Su Santidad, en calidad de decano del Cuerpo Diplomático nos ha dirigido en su nombre y en el de Vuestras Excelencias.

Esta ocasión anual me es especialmente grata por cuanto me permite hacer llegar directamente a los representantes de las naciones con las que España mantiene cordiales vínculos de amistad, mis apreciaciones sobre la situación internacional.

Señores Embajadores, España ha cumplido un año como miembro de pleno derecho de las Comunidades Europeas y en este tiempo ha sido socio entusiasta y leal en la tarea de la construcción europea, pese a las inevitables dificultades transitorias que conlleva la necesaria adaptación de nuestras estructuras a la nueva realidad.

Mi país, de antigua vocación europeísta, persistirá en su empeño de afianzar los valores propios de nuestro continente, es decir, la tolerancia, el pluralismo, la justicia y el respeto a los derechos humanos. Así tuve ocasión de proclamarlo en Estrasburgo al dirigirme a los representantes de trescientos veinte millones de ciudadanos en el Parlamento Europeo.

También en 1986, el pueblo español, en el ejercicio de su soberanía, ha decidido permanecer en la Alianza Atlántica, en los términos propuestos por el Gobierno de la nación en consulta electoral convocada a estos efectos.

La dimensión americana de España y la española de gran parte de América, constituye un punto de referencia obligado de nuestras relaciones exteriores. Ningún otro vínculo que hayamos contraído o contraigamos en el futuro, la puede dejar en un segundo plano.

Debemos aunar esfuerzos y voluntades para conseguir que la cita de 1992 constituya el punto de partida de un proceso que conduzca a la definitiva proyección de la comunidad iberoamericana en la esfera mundial, transformando en realidad todo su potencial humano, cultural y material.

Esto requerirá, por una parte, una seria y sana autocrítica de nuestro pasado y, por otra parte, un esfuerzo político, económico y tecnológico que estamos obligados a abordar con generosidad, solidaridad y confianza en nosotros mismos.

Ojalá que para entonces se haya establecido y consolidado el cimiento fundamental, el de la libertad, y tengamos el orgullo de proclamar que todas y cada una de las naciones de estirpe ibérica gozan de regímenes democráticos y pluralistas para que en todas ellas reinen los valores de justicia, igualdad y tolerancia a los que aspiramos.

El 26 de mayo próximo, en un lugar tan querido para nosotros como San Juan de Puerto Rico, tendrá lugar la Conferencia de Presidentes de las Comisiones del V Centenario, en la que estoy seguro se producirán importantes contribuciones a las tareas de preparación de este acontecimiento.

Por otra parte, el 12 de octubre pasado proclamé oficialmente desde la sede del Instituto de Cooperación Iberoamericana, la celebración en Sevilla de la Exposición Universal de 1992. Allí, la comunidad internacional tendrá la ocasión de participar en la conmemoración de una fecha que señala, con el encuentro de dos mundos, el inicio de una nueva época en la historia, marcada por la universalidad del género humano.

Nos acercamos, pues, con ilusión y esperanza a una fecha que supondrá también para España la celebración en Barcelona de los Juegos Olímpicos, con lo que este acontecimiento supone de acercamiento entre los distintos pueblos y de estímulo a la profundización de vínculos entre hombres y mujeres de todos los orígenes.

Señores Embajadores, España practica en sus relaciones internacionales los principios de respeto y de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados y espera mantener con todos ellos lazos de amistad y de colaboración. Mi gobierno dedica un esfuerzo permanente a la apertura de nuevos horizontes para nuestra política exterior que hagan la realidad española cada vez más conocida y nos enriquezcamos nosotros también con las experiencias aportadas por otros.

Con este espíritu, la dimensión mediterránea de España ha cobrado nuevos impulsos en 1986. Se han dado pasos concretos para hacer realidad el principio de la universalidad de las relaciones diplomáticas y se han intensificado los contratos con los países ribereños. Aspiramos a que el Mediterráneo vuelva a ser, como en el pasado, un ámbito de encuentro, de entendimiento y de fructífera cooperación.

De la misma manera, España procurará incrementar sus relaciones y su colaboración con los países de Africa. Con mi reciente viaje a aquel continente he subrayado la solidaridad de España con aquellos pueblos, tanto en su empeño por conseguir el desarrollo económico y social como en su combate por la dignidad humana frente al racismo.

Señores Embajadores, tuve el año pasado el honor de dirigirme a la Asamblea General de las Naciones Unidas para poner de manifiesto que España se esfuerza en que prospere el diálogo entre las grandes potencias y en que intensifiquen su tarea los diversos foros de entendimiento.

En un esfuerzo por la paz, con la esperanza de que se consolide un clima de diálogo y de mayor confianza en las relaciones internacionales. Ese nuevo clima permitiría la detención de la carrera de armamentos, la reducción de los arsenales nucleares, la prohibición de las armas químicas y significativos avances en el campo del desarme convencional. Con ello se liberarían ingentes recursos que podrían aplicarse con mejor fruto al desarrollo y el progreso de los pueblos.

Tenemos que introducir la tolerancia como valor supremo en las relaciones internacionales. El respeto mutuo, la disposición permanente a escuchar y a aprender, la valoración de lo ajeno, nos ennoblece y nos hace dignos de la auténtica condición de la persona humana.

En este sentido, quiero, una vez más, hacer una llamada a la cooperación contra el terrorismo, para que entre todos, podamos eliminar esa lacra que permanentemente siembra el luto y la consternación y pone en peligro la pacífica convivencia entre los pueblos. Es una tarea a la que nadie puede sentirse ajeno, pues nadie puede decir que se encuentra a salvo de sus temibles efectos.

Señores Embajadores, en nombre de la Reina y en el mío propio, quiero agradeceros de corazón vuestra presencia aquí y vuestro cariño y dedicación a nuestro país. Deseo a Vuestras Excelencias y a vuestras familias lo mejor para 1987 y os ruego que hagáis llegar a vuestros respectivos Jefes de Estado nuestros mejores votos de paz y de prosperidad.

Muchas gracias.

Tornar a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+