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Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad académica al entregar el Premio Cervantes a Antonio Buero Vallejo

Madrid(Alcalá de Henares), 27.04.1987

H

ace ya once años que venimos reuniéndonos en este paraninfo de la antigua Universidad de Alcalá de Henares para celebrar la entrega del premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes.

A lo largo de todas estas convocatorias ha quedado patente el vigor y la importancia de la creación literaria que, a uno y otro lado del océano ha proyectado la filiación hispánica de sus raíces culturales por el mundo.

En este acto, gratísimo para la Corona, un hecho de fraternidad entre las comunidades que tenemos al castellano como la mayor riqueza común.

Este año, y después de premiar en su ya larga trayectoria a insignes poetas, ensayistas y novelistas, el galardón ha recaído por vez primera en un dramaturgo, y este hecho constituye un motivo suplementario de alegría.

Exponente de una tradición que se remonta a la Edad Media y que ha aportado al teatro universal algunos de sus más conspicuos temas y arquetipos, don Antonio Buero Vallejo es, también, el heredero de un modo muy hispánico de entender el hecho teatral desde la conciencia de la sociedad que lo produce.

No otra cosa hacían los mejores dramaturgos de nuestro siglo de oro al conseguir que nuestro pueblo -en España y en América- abarrotara los Corrales donde se encarnaban las ilusiones y los problemas que le concernían.

En este sentido, y desde «Historia de una escalera» a «Lázaro en el laberinto», la obra entera de Buero Vallejo es, como quería el propio don Miguel de Cervantes «espejo de la vida humana, ejemplo de las costumbres e imagen de la verdad».

Y es esa exigencia de verdad, sostenida con dignidad y a contracorriente a través de tiempos difíciles lo que ha hecho que la obra de Buero trascienda las propias circunstancias concretas en que surgió y se proyecte en un mensaje de alcance universal.

Desde aquel insólito realismo de sus primeras obras que reflejaba el aquí y el ahora de la España que le tocó vivir, el autor hoy galardonado ha expresado la existencia española de las últimas décadas restituyendo a nuestro teatro un sentido trágico en el que se formulan los grandes interrogantes que se plantea la humanidad.

Se trata, sin duda, de un teatro de preguntas y de ideas en el que los problemas, sin embargo, no remiten a abstracciones sino a los hombres concretos, a la colectividad. Ya sea cuando toma como pretexto la vida de cada día con sus grandezas o sus miserias, o cuando se inspira en personajes y momentos de nuestra historia, el teatro de Buero ha partido siempre de una concepción totalizadora y humanista del hombre y de la sociedad que le emparenta con los grandes maestros de la dramaturgia de todos los tiempos.

Seriedad y dignidad son algunos de los sustantivos más empleados a la hora de abordar la definición de esta obra diversa en la que la lucidez no ha estado reñida con la esperanza en que el hombre, los hombres, puedan, finalmente, alcanzar la verdad y la luz. Buero no ha vacilado en enfrentar a su público con las circunstancias difíciles y trágicas en las que se debate el ser humano.

Esa denuncia, a veces necesariamente áspera, es como la de Larra, la de Galdós o la de Unamuno la expresión de un patriotismo auténtico, de una desazón ante lo que, siendo nuestro, no alcanza a satisfacernos y sabemos perfectible.

Treinta y ocho años de dedicación a la escena, desde aquel lejano Premio Lope de Vega a éste que hoy nos reúne a todos, han hecho de Buero Vallejo una figura sin la cual no se explicaría el teatro español de nuestro tiempo.

Reconocía hace unos instantes Antonio Buero Vallejo el alto magisterio que el autor de «El Quijote», por encima de otras influencias, ha ejercido en su obra. De él aprendió seguramente aquella máxima cervantina de que «ninguna comparación hay que más al vivo nos represente qué somos y lo que habemos de ser como la comedia y los comediantes».

Por todo ello, y en reconocimiento de una labor tan fructífera, queda su nombre unido al de don Miguel por medio de este premio que hoy le hemos entregado.

Muchas gracias.

Se levanta la sesión.

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