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Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad académica la entregar el Premio Cervantes a Adolfo Bioy Casares

Madid(Alcalá de Henares), 23.04.1991

U

n nuevo año, en nombre del más ilustre escritor de nuestra literatura, nos encontramos reunidos en Alcalá de Henares y en el Paraninfo de su Universidad secular, para hacer entrega del galardón que premia a un autor eminente de nuestra lengua: una lengua que hablamos tantos millones de seres humanos, con legítimo orgullo.

Del cono sur del subcontinente americano, de la querida y fraternal República Argentina, cuna de tanta personalidad ilustre en el dominio de la inteligencia, la cultura y los saberes humanos, nos llega este año el premiado.

Adolfo Bioy Casares es un hombre cabal y un artista fuera de serie.Lo primero, porque ha sabido conservar, sin que su fama haya modificado un punto de su propósito, una tan elegante como ejemplar conservación de su mundo personal, al resguardo de vanas comparecencias e inserto en lo que realmente le colma: su trabajo, su familia y sus amistades verdaderamente íntimas.

De todos los que lo conocen son sabidas tanto la cordialidad de Bioy como su modestia, que si siempre es una hermosa virtud, llega a lo admirable en los hombres excepcionalmente dotados.

Esa modestia y voluntario apartamiento de las actividades mundanas, están no sólo en su vida sino que tiñen su obra toda. Porque este escritor ha desarrollado y llevado a buen puerto un proceso de clarificación y despojamiento de sus temas y estilo, que revela, por un lado, un gusto por lo sencillo, que no afecta a la profundidad, y por otro, un ejemplar deseo de llegar con sus textos, tan depurados, al mayor número de lectores. Y ello con esa luminosidad de la palabra justa, que es el sello de fábrica de los grandes clásicos.

Para cumplir tales propósitos, Bioy Casares, en buena medida, introdujo, aclimató y elevó a la más alta dignidad en nuestra tradición literaria, géneros que habían producido obras maestras a lo largo de siglo y medio en otras, sobre todo de la literatura anglosajona. Y así, el género policiaco y el fantástico, por ejemplo, han obtenido plena carta de ciudadanía en castellano, dando paso a esas ficciones en las que lo ingenioso de la peripecia, su brillante resolución final y el vehículo que las lleva, una prosa transparente y sin arrugas, se unen de manera muy feliz.

Con ello se consigue que los lectores quedemos suspensos y hundidos por un tiempo, con todo placer. A través de semejante mecanismo, sencillo en apariencia, penetramos en los que nuestro querido autor ha llamado de forma figurada «cuartos que la literatura le agrega al mundo, como se agregan cuartos a una casa. Y esos cuartos son infinitos y atractivos».De este modo, un narrador de raza como nuestro galardonado, sabrá combinar el doméstico, íntimo placer de la lectura plácida y silenciosa, con el espoleo de las capacidades intelectuales e imaginativas. Pueden así cuestionarse verdades que, quizás, no lo sean tanto. Con lo que eso supondrá de gimnasia espiritual, a fin de evitar oxidaciones y entumecimientos que siempre conspiran contra la lucidez, la disponibilidad y la libre decisión humanas, claves de una existencia que merezca ese nombre.

Y todo ello brindado sin nada a cambio, con esa generosidad admirable y legendaria de los grandes artistas. Adolfo Bioy, a través de una vida volcada a la tarea de escribir, ha cultivado, bien lo sabéis, la novela y el cuento como géneros de preferencia. Pero su obra se extiende al ensayo, la crítica literaria, la cuidada traslación desde otras lenguas y los libros antológicos; en solitario y colaborando con otros grandes autores, compatriotas suyos y a él unidos por vínculos muy estrechos de amistad y parentesco.

Todo este despliegue de hermosa actividad y la muy alta consideración internacional de su obra, no podía menos que obtener, al fin, reconocimiento solemne. Y así ha sido: el jurado que concede el premio que hoy entregamos, ha dado una vez más en la diana. Y cuantos hoy aquí se han congregado prestan, estoy seguro de ello, asentimiento sin reserva alguna a la justicia, y oportunidad de tal distinción.

De la misma forma y con idénticas convicciones pensamos la Reina y yo, en el momento de hacer entrega del Premio «Miguel de Cervantes» a Adolfo Bioy Casares, por su larga y venturosa decisión de deleitarnos con invenciones y fantasías. Así lo hicieron siempre sus antecesores, desde los anónimos narradores de «Las mil y una noches» a la larga y feliz lista de grandes fabuladores, a los que nunca honraremos lo bastante; ni agradeceremos en lo que se merecen, las horas de felicidad que nos proporcionan.

Queda clausurado el acto de entrega del Premio de Literatura en Lengua Castellana «Miguel de Cervantes 1990».

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