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Palabras de Su Majestad el Rey al Primer Ministro de Australia Robert Hawke y al pueblo australiano

Australia(Camberra), 16.06.1988

S

eñor Primer Ministro, señor Jefe de la Oposición, les agradezco muy sinceramente las amables palabras que nos han dirigido a la Reina y a mí en esta solemne ocasión, al recibirnos en la capital de este inmenso país.

Quiero expresarles nuestra satisfacción por todas las pruebas de afecto y simpatía con que está siendo rodeada nuestra visita.Nada puede agradarme más, que aprovechar esta oportunidad para transmitir a todos los australianos el saludo más cordial de la Corona y del pueblo español.

Somos países situados en lejanos puntos geográficos, pero vivimos épocas en las que las distancias desaparecen, las comunicaciones se multiplican y los hombres se encuentran, cada vez más, unidos por vínculos culturales, sociales y económicos.

El símbolo de este monumental nuevo parlamento, en la joven capital de Camberra, es justamente la mayor alabanza que de vuestro pasado y de vuestro futuro puede hacerse: representa la vigencia que el sistema constitucional y democrático australiano tiene en vuestra vida cotidiana.Es para mí un gran honor ser el primer monarca español que visita oficialmente vuestro país y el primer Jefe de Estado extranjero que visita el nuevo parlamento, justamente en el año en que celebráis el II Centenario de un modo de vida y una forma de convivencia que supera, en muchos sentidos, a los patrones occidentales que os inspiraron.

Australia reúne hoy las condiciones perfectas para proyectarse en el futuro, con todos los síntomas de una sociedad cultural y socialmente integrada, lejos de las grandes tensiones mundiales.

Su país, adquiere cada día más la imagen de una sociedad idealizada para poder sobrevivir en el futuro: una sociedad austera, que ha aprendido a planificar su propio desarrollo y que se esfuerza en mejorar la distribución de su inmensa riqueza.

Por su espléndido esfuerzo en preservar los elementos naturales, son ustedes la nueva frontera a la hora de potenciar la unidad a través de una enorme diversidad, manteniendo el espíritu de Australia, como elemento integrador de tradiciones y aportaciones, de la más diversa índole.Pero desde la perspectiva de una monarquía europea, de larga historia, creo que debo recordar en este momento vínculos seculares, mantenidos en letargo hasta ahora y que debemos estimular en el futuro.

Españoles de hace más de cuatro siglos, exploraron vuestras costas, antes mismo de la constitución de la nación australiana. Torres, Fernández de Quirós y Malaespina, son testimonio permanente de la presencia navegante de España por el Pacífico sur y por la Terra Australis.

La histórica división, realizada en 1494 por el Papado, con el tratado de Tordesillas, ha dejado una huella imborrable en la Australia actual. Las líneas de demarcación, entre las navegaciones de españoles y portugueses de aquellos tiempos, constituyen, aún hoy, la frontera de Western Australia con otros Estados de esta Commonwealth.

Y es que España nunca ha estado ausente del Pacífico. Y entre España y Australia hay vinculaciones históricas que permanecen en el tiempo.Ahí tenemos el espléndido ejemplo de la Abadía de Nueva Nursia, fundada en 1843 por benedictinos catalanes en Australia occidental, que se dedicaron con abnegación a mejorar las condiciones de vida de los aborígenes, y en cuya comunidad todavía hay un buen número de religiosos españoles.

Quiero recordar también, el gran número de emigrantes que, en los años sesenta de este siglo, se afincaron aquí y desde aquí colaboraron en el engrandecimiento y progreso de Australia.

España y Australia tienen todavía empresas por desarrollar en común, en un futuro muy cercano. Entre ellas la defensa de los valores de nuestras sociedades multiculturales, en donde se encuentra la mayor riqueza para hacer frente a los retos que nos presenta el nuevo milenio.

Al participar en vuestro II Centenario, a cuya inauguración enviamos a nuestro buque-escuela «Juan Sebastián Elcano», no puedo menos de recordar el próximo V Centenario del descubrimiento de América en 1992, que celebramos en España con un triple acontecimiento: la Exposición Universal de Sevilla, los Juegos Olímpicos de Barcelona y la capitalidad cultural europea para Madrid.

Será una celebración que se centrará en una empresa de futuro, en vísperas del siglo XXI, tras un creativo encuentro de los pueblos del viejo y de los nuevos continentes, unidos en la defensa de los valores permanentes de un planeta, que ve acosados sus recursos físicos y espirituales y que necesita de un renacimiento acorde con el enorme progreso que la humanidad ha hecho hasta hoy.

Señor Primer Ministro, señor Jefe de la Oposición, con esta esperanza y con este deseo, permitidme que alce mi copa por la amistad hispano-australiana, por un futuro de intensa colaboración entre nuestros pueblos y nuestros gobiernos, por su ventura personal y la de sus familias, y por la de todos los presentes.

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