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Palabras de Su Majestad el Rey al Primer Ministro de Nueva Zelanda David Rusell Lange y al pueblo neozelandés

Wellington, 20.06.1988

S

eñor Primer Ministro, señor Líder de la Oposición, la Reina y yo queremos agradecerles las amables palabras que, tanto a nosotros como a España, nos acaban de dirigir, así como la calurosa acogida que nos están dispensando desde nuestra llegada a este hermoso país.

Permítanme que mis primeras palabras sean para dedicar un sentido homenaje al pueblo y al gobierno de Nueva Zelanda y transmitirle el saludo cordial del pueblo español.

Dirigirme a ustedes, en este parlamento, desde las antípodas de España, es un momento histórico que, está a su vez lleno de contenido y simbolismo.

Por ello es aleccionador verse rodeado por un ambiente cultural y político, que ha superado todas las posibles geografías, para acercarse en formas y modos de convivencia a los esquemas más genuinos del mundo occidental.

Cuando en Wellington amanece, en Madrid anochece. Habitamos dos países, a ambos extremos del planeta, que se encuentran vinculados por lazos culturales, sociales, económicos y hasta biológicos que hacen posible un endeudamiento directo y sin intermediarios.

Estoy convencido que este viaje mío a Nueva Zelanda abrirá muchas puertas en el futuro de nuestras relaciones y en el intercambio humano entre nuestros pueblos.

El mar ha sido uno de los componentes esenciales de la cultura neozelandesa, como fue también el vehículo de comunicación de los españoles, que en épocas pretéritas circunnavegaron el mundo por primera vez y se acercaron a las costas de la Isla Sur. Allí dejaron, en doubtful sound, la huella de su presencia, algunos siglos más tarde.

Hay fundados historiadores que aseguran que los cincuenta españoles que ocupaban la carabela San Lesmes, en pleno siglo XVI, habrían quedado habitando y poblando estas latitudes.

La relación entre el mar y nuestros dos países no es sólo un hecho histórico. Ha sido y sigue siendo muy estrecha.

Hace muy pocos meses, en febrero, el buque escuela de la Armada española «Juan Sebastián de Elcano» visitó esta ciudad de Wellington en viaje de buena voluntad y tuvo el honor, señor Primer Ministro, de recibirle a bordo.

Por otro lado, España y Nueva Zelanda han iniciado recientemente una colaboración en el marco de la organización marítima internacional, en la defensa de los océanos contra la contaminación y la radiactividad.

España comparte vivamente vuestro constante empeño en construir una sociedad multirracial, en donde quepan todas las culturas y las tradiciones con tal de que se mantenga el respeto a la libertad de la persona humana.

Esta mezcla cultural y racial ha sido el componente más rico de mi país desde su fundación, y a lo largo de muchos siglos ha ido recibiendo y asimilando culturas de toda índole, que hacen hoy florecer una extraordinaria riqueza regional.

Pero a este reto, Nueva Zelanda ha sabido añadir, con tacto pero con orgullo, una dimensión enormemente moderna, cual es la preservación de este paraíso natural que es este país, en cuya fauna no existe ningún animal que sea dañino para el hombre.

En la falda de sus maravillosas montañas cubiertas de nieve, y en medio del océano Pacífico, pastan los descendientes de aquellas ovejas merinas españolas de Extremadura, como otro símbolo del deseo de paz que anida fuertemente en lo más íntimo de los ciudadanos neozelandeses.

De este modo, en esta época de grandes retos a la supervivencia de la humanidad, cuando el deterioro ambiental es una amenaza generalizada, cuando parte del mundo se ve invadido por el exceso de población, cuando la desigualdad social es tan peligrosa como la amenaza nuclear, Nueva Zelanda es la imagen impecable de una sociedad justa e igualitaria, con un nivel de bienestar que le ha permitido ser una de las democracias más estables del hemisferio sur.

Pero Nueva Zelanda, como España, se enfrenta también a la modernización que la nueva sociedad, en los umbrales del siglo XXI, plantea a todas las culturas y sociedades del planeta.

La reconversión industrial, la superación de las barreras proteccionistas, la crisis de valores, la estabilidad de los mercados monetarios... son situaciones que sólo una política coherente y un esfuerzo conjunto de cooperación internacional pueden superar.

En estos años en los que nos disponemos a entrar en el tercer milenio, cuando la tecnología ha aumentado nuestra capacidad de información y comunicación, y las distancias desaparecen, España prepara con esperanza e ilusión, la conmemoración del V Centenario del descubrimiento de América.

En estas celebraciones, tanto en la Exposición Universal de Sevilla 92, como los Juegos Olímpicos de Barcelona, esperamos contar con la participación de Nueva Zelanda, de sus hombres de empresa, de sus deportistas, de su pueblo, añadiendo a la gesta del descubrimiento de un nuevo mundo, una epopeya posterior, enormemente valiosa, como ha sido la construcción de este mundo occidental, en medio del Pacífico sur.

Señor Primer Ministro, señor Líder de la Oposición, quiero dejar aquí en nombre de la Reina y en el mío propio, nuestro testimonio de cordialidad, de afecto y de admiración e invito a todos los presentes a levantar su copa por el Primer Ministro y el Líder de la Oposición y por todos los aquí presentes, por Su Majestad la Reina de Nueva Zelanda y por la amistad y entendimiento entre Nueva Zelanda y España.Muchas gracias.

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