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Palabras de Su Majestad el Rey a la Reina Isabel II del Reino Unido y al pueblo británico

Madrid, 17.10.1988

M

ajestad, tanto para la Reina como para mí es motivo de especial satisfacción daros la bienvenida hoy aquí, en España, en nombre propio y en el de todos los españoles.

Son muchos y particularmente gratos los recuerdos que guardamos de la visita de Estado que realizamos a vuestro país en 1986, de la calurosa acogida que nos dispensasteis y de nuestros encuentros con distintos sectores de la vida política, económica y cultural británica.

Vuestra visita tiene una especial significación, por ser ésta la primera visita de Estado de un Monarca británico a España, llenándose así un vacío que por circunstancias históricas aún persistía en la larga y rica tradición que une nuestras dos naciones.

Estas dos visitas son un símbolo del acercamiento entre dos naciones periféricas del continente europeo, que han encontrado una meta común en la construcción de una Europa más solidaria y más unida.

Majestad, desde antaño gran número de británicos se han sentido atraídos por nuestro país. Unos vinieron para peregrinar siguiendo la ruta del santo apóstol Santiago. Otros imbuidos de fervor romántico, para conocer nuestras gentes y nuestros paisajes, viajes que después relatarían y que hoy constituyen magníficas descripciones de la vida española. Muchos historiadores británicos han contribuido de forma destacada a un mejor conocimiento de nuestra historia. Nuestra literatura a menudo ha sido traducida y estudiada por prestigiosos escritores y profesores británicos.

Hoy todavía perdura esta atracción. Más de siete millones de británicos visitan nuestro país cada año y muchos miles lo han escogido para fijar su residencia permanente, tejiéndose así un entramado de relaciones humanas que continuamente renuevan la amistad entre nuestros pueblos.Si históricamente nuestras relaciones han pasado por épocas de mayor amistad y otras de mayor distanciamiento, debemos poner nuestro empeño en preservar y fortalecer los esfuerzos ya iniciados por lograr un mejor conocimiento y entendimiento mutuos.

Estoy seguro que la próxima celebración en Salamanca del primer foro hispano-británico con la participación de eminentes personalidades de la cultura, de la economía y de la política de nuestros dos países, sellará el comienzo de un feliz reencuentro.

Durante este año se ha conmemorado, en colaboración entre España y el Reino Unido, el IV Centenario de la Armada. Esta celebración ha empujado a historiadores e investigadores a analizar bajo un nuevo enfoque las circunstancias que concurrieron en dicho episodio histórico que ya no debe en el futuro ser sentido como símbolo de una enemistad sino como ejemplo de la necesidad de mirar con nuevos ojos los avatares de nuestras relaciones pasadas.

Otras disputas entre Gran Bretaña y España que también tienen su origen en hechos lejanos en el tiempo, como es el caso de Gibraltar, pueden dificultar una plena cooperación entre ambas naciones. Pero han encontrado ya un cauce adecuado de discusión.

Nuestros gobiernos, iniciaron un proceso negociador hace cuatro años. Se han podido lograr algunos acuerdos que, al llevarse a la práctica, deben redundar en beneficio de las poblaciones más directamente afectadas. Esta vía de diálogo y de cooperación entre ambos países ha de conducir en algún momento a un fin concreto: la superación amistosa de este contencioso de acuerdo con la lógica de la historia.

Nuestra común participación en los principales organismos de cooperación y de integración de Europa occidental ha puesto de relieve lo mucho que nos une. Compartimos unos mismos principios y valores de justicia, libertad y respeto de los derechos humanos. Coincidimos en la defensa de la seguridad del mundo occidental. Y estamos esforzándonos por mejorar los mecanismos de interrelación económica entre los países de la Comunidad Europea para conseguir en 1992 un verdadero espacio económico único, próspero y solidario.

1992 tendrá también para España una especial significación al celebrarse en ese año la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos en Barcelona. Tendréis próximamente oportunidad de comprobar cómo ambas ciudades se preparan ya para albergar estos magnos acontecimientos.

Nos alegra saber que Gran Bretaña expondrá en Sevilla sus numerosas aportaciones al acervo cultural y científico de la humanidad y deseamos que su participación en Barcelona obtenga excelentes resultados.

Señora, al reiteraros nuestra más cordial bienvenida y desearos una grata estancia en España, levanto mi copa por la amistad entre nuestras dos naciones, por vuestra ventura personal y la del Príncipe Felipe y por la prosperidad del pueblo británico.

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