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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Yugoslavia Lazo Mojsov y al pueblo yugoslavo

Madrid, 05.04.1988

S

eñor Presidente, permitidme en primer lugar, en nombre de la Reina y en el mío propio, expresar a Vuestra Excelencia, a vuestra esposa y a los miembros de vuestra delegación la más cordial bienvenida a España. Confío en que tengáis una agradable estancia en mi país y que, pese a las muchas obligaciones oficiales durante estos escasos días, podáis establecer un primer contacto con Madrid y sus gentes, y de esta manera percibir directamente la simpatía con la que los españoles contemplan a Yugoslavia.

La Reina y yo guardamos un recuerdo muy especial del viaje que realizamos a vuestro país en 1985 y la hospitalidad que el gobierno y el pueblo yugoslavo nos demostraron en aquella ocasión.

España y Yugoslavia, con todas sus características diferentes y sus peculiaridades, tienen muchos aspectos que les son comunes. Por un lado, somos dos naciones europeas plenamente conscientes del sentido de esa integración en Europa y nos esforzamos en materializar en hechos concretos nuestros esfuerzos en conseguir un continente más seguro y pacífico.

No fue casual el hecho de que Belgrado y Madrid acogieran sucesivamente las primeras reuniones principales de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa, después de la firma del Acta Final de Helsinki, y que nuestras capitales hayan marcado así hitos en el camino de la distensión.

Por otro lado, somos dos países costeros del Mediterráneo, un mar que imprime carácter a los pueblos de su entorno. Cuna de civilizaciones, de cultura y comercio, la cuenca mediterránea conoce hoy problemas que unos y otros nos esforzamos en resolver, tanto en el ámbito del proceso de Helsinki, como en iniciativas independientes, siempre orientadas hacia la concordia y la cooperación.

Yugoslavia y España poseen también una dimensión que rebasa sus límites geográficos y que las vincula a otras naciones con las que comparten ideales y aspiraciones. España, en su día, protagonizó la proyección de Europa, de su cultura y de sus valores en un mundo nuevo que se llamaría América.

Vuestro país, a su vez, señor Presidente, se constituyó en la Conferencia de Belgrado de 1961 en el foco y catalizador del Movimiento de Países No Alineados, unas de las agrupaciones políticas de mayor interés y trascendencia, en la escena internacional, en cuyas reuniones de La Habana, Nueva Delhi y Harare, España ha participado como invitada.

Por último y, en relación con esa vocación inequívoca de Yugoslavia en favor de la distensión y de la paz, debemos subrayar un hecho reciente en el cual su país ha desempeñado un papel destacado. Con Yugoslavia como anfitriona, la península balcánica ha dado recientemente un paso de especial importancia al reunirse en Belgrado los Ministros de Asuntos Exteriores de los seis países que la integran, en un foro que disipa muchos recelos y abre un futuro prometedor de estabilidad, diálogo y cooperación en el área.

España sigue con interés cuanto ocurre en Yugoslavia y contempla con simpatía la posición internacional de vuestro país que, sin duda, constituye un factor de estabilidad y de diálogo, a escala europea y mundial.

Señor Presidente, con espíritu semejante, yugoslavos y españoles debemos empeñarnos en articular una relación bilateral más intensa que la hoy existente.

En el terreno comercial, estamos en unos niveles muy modestos, si los comparamos con unas posibilidades reales que permiten albergar expectativas mucho más ambiciosas, ensanchando la base de nuestros intercambios y, sobre todo, promoviendo un mayor conocimiento mutuo entre los respectivos sectores de producción y consumo.

Igualmente debemos tratar de elevar los niveles de cooperación técnica y económica, y pienso que el camino en que nos encontramos es el adecuado. Espero que vuestra visita, señor Presidente, suponga un estímulo en este sentido y que en un futuro próximo logremos un considerable avance en este proceso.

De la misma manera, las relaciones culturales de nuestros países deben verse proyectadas con mayor amplitud: la pintura, la música, el cine yugoslavos interesan en España del mismo modo que la literatura, el idioma y el arte españoles son objeto de gran atención e interés en Yugoslavia.

1992 podría ser un año de referencia para nuestra cooperación. Como vuestra excelencia sabe, en Sevilla y en Barcelona tendrán lugar sendos acontecimientos que suscitan el interés del mundo y concentran la actividad de los españoles. España espera contar con la participación de un país tan significativo como es Yugoslavia, tanto en la Exposición Universal de Sevilla como en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

Señor Presidente, al reiteraros mi más cordial bienvenida, quiero brindar por la ventura personal de Vuestra Excelencia, por la de vuestra esposa y por el bienestar y la amistad de España y de Yugoslavia.

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