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Palabras de Su Majestad el Rey a la diplomacia española al clausurar el curso de la Escuela Diplomática

Madrid, 08.06.1988

U

n año más nos disponemos a celebrar el final del curso de esta Escuela; final que marca un comienzo importante en la vida de los nuevos secretarios de Embajada y en la de los diplomados del Curso de Estudios Internacionales.

Os deseo a todos feliz carrera, rica en la satisfacciones personales y sobre todo en satisfacción del servicio a vuestros respectivos países.

Vosotros, los nuevos diplomáticos españoles, os incorporáis al servicio del Estado en un momento de notable intensificación de la actividad internacional de nuestro país, de la que son un buen ejemplo la presencia de una serie de ilustres personalidades que nos han visitado en estas fechas y la celebración por primera vez en nuestro país del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Alianza Atlántica, que mañana se inaugura.

A esta presencia de España en la escena internacional contribuyen también de forma importante los viajes a países extranjeros, reuniones y contactos que a todos los niveles se están desarrollando.

La inminente presidencia de las Comunidades Europeas que os verá ya incorporados de lleno a vuestras tareas en el Ministerio y en los puestos en el exterior a donde vais destinados, va a constituir una relevante ocasión para poner a prueba vuestra capacidad, la de nuestra diplomacia y la de toda nuestra Administración.

Habréis de utilizar al máximo el amplio repertorio de conocimientos en estas aulas y durante las anteriores etapas de vuestra formación intelectual. Ahondaréis sin duda en ellos, con la experiencia que va dando la vida.

Pero no dejará de reconfortaros, en los momentos difíciles de vuestra profesión, la conciencia de haber hecho lo posible por equiparos con los saberes y técnicas cada día más complejos y más precisos para actuar en el escenario internacional.

Al borde ya de un nuevo siglo, que imaginamos tan lleno de promesas como de incógnitas. España confía en su porvenir y cuenta con sus diplomáticos, con todos sus servidores públicos, para hacer frente a las exigencias futuras y desempeñar un papel útil y digno en la comunidad internacional.

Símbolo de este deseo de concordia es la fructífera labor común desarrollada durante el pasado curso en esta Escuela agrupando alumnos de una veintena de nacionalidades, no sólo para transmitirles conocimientos teóricos sino también para crear juntos el espíritu de tolerancia y comprensión que a nuestro entender ha de presidir la vida internacional.

Creemos que no carece de trascendencia esta aportación de España a la formación de quienes, a la postre, y a las órdenes del gobierno de la nación, han de ser los ejecutores de la política internacional.

Tenemos la esperanza de que los centenares de diplomáticos, funcionarios internacionales, profesores y expertos de diversa índole que a lo largo de años han pasado por estas aulas hayan visto enriquecida su capacidad y fortalecido su propósito de trabajar por el entendimiento entre los pueblos. Y vosotros, los más recientes de esta ya larga serie, pasáis a la vanguardia de tan noble empeño.De nuevo muchas felicidades a todos.

Queda clausurado el curso académico 1987-88 de la Escuela Diplomática.

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