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Palabras de Su Majestad el Rey en la clausura de la LXIII Reunión del Consejo Oleícola Internacional

Madrid, 14.12.1990

E

s motivo de satisfacción para mí presidir esta última sesión de la LXIII Reunión del Consejo Oleícola Internacional con la que se clausura asimismo el III Año Mundial del Olivo.

En primer lugar porque hablar del olivo es hablar de un árbol que simboliza nuestra cultura mediterránea, esa cultura a la que me siento profundamente unido.

En segundo lugar, porque la misión del Consejo Oleícola Internacional trasciende del objetivo puramente económico y técnico para preocuparse, a través del olivo, y por encima de todo, del hombre que lo cultiva.

Aunque las actividades de este Consejo son de carácter técnico, económico y comercial, su finalidad es principalmente de carácter social y humano.

Es difícil hablar del olivo y de su aceite y no pensar inmediatamente en los millones de familias de tantos países ribereños del Mediterráneo para las que esta producción significa los mismos intereses, los mismos problemas, las mismas esperanzas.

Y es justamente esta comunidad de objetivos la que, por encima de toda diferenciación lingüística, política y religiosa, os congrega en este foro internacional para buscar, con la mayor determinación, soluciones a los problemas actuales y futuros del sector oleícola.

Por eso en el marco de este III Año Mundial del Olivo debemos unirnos, animados por una voluntad común y solidaria, para proseguir la tarea de mejora de la productividad del olivo y de la calidad del aceite de oliva, y para que se conozca mejor en todo el mundo este noble producto.

Con este espíritu, puedo aseguraros que el Estado español, consciente de las dificultades que puede encontrar en este sector, se preocupa y se preocupará al máximo, tanto en el marco de la Comunidad Económica Europea como, a través de ésta, en el del Consejo Oleícola Internacional, por conseguir soluciones equitativas y aceptables que hagan menos azaroso el porvenir de la oleicultura y de los millones de familias que viven de ella.

Os agradezco el hermoso emblema del árbol al que dedicáis vuestra actividad cotidiana, que me acabáis de entregar, y os deseo a todos la mejor suerte en vuestro cometido.

Queda clausurada la LXIII Reunión del Consejo Oleícola Internacional.

Se levanta la sesión.

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