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Palabras de Su Majestad el Rey en el Ayuntamiento de Badajoz

Badajoz, 21.11.1990

Q

ueridos pacenses. La estancia de la Reina y mía en esta querida ciudad responde a un encuentro que hace tiempo deseamos tener con vosotros, con esta ciudad joven y vieja a la vez, en la que la historia ha dejado impresionantes huellas y en la que siempre se renueva, sin cansancio, la alegría de vivir, tan propia de Extremadura.         Venimos, sencillamente, a estar con vosotros. Con vuestros afanes. Con vuestro trabajo. Con vuestro pasado y, como es natural, con vuestro futuro. Todo eso conforma la personalidad universal y creativa de este pueblo. Ese es el pasado vivo. El pasado está ahí, en los castillos, en las piedras miliares, en las obras de arte, en la poesía, en la tradición, en vuestra cultura. Una historia que se hace cada día y que exige esfuerzo, coraje e inteligencia.

De esas tres cosas está sobrada la tierra extremeña.

Así que, la Reina y yo compartimos vuestras esperanzas ante el futuro y con vosotros hacia él caminamos, en la seguridad de que esta España conseguirá, ya lo estamos consiguiendo, las cotas de paz y bienestar que se merece.

Las autoridades ya han expuesto, con la franqueza y lucidez que es propia de vosotros, los problemas de la autonomía extremeña. Los problemas del paro. La necesidad de poner en marcha, de una vez por todas, los innegables recursos que existen en vuestras tierras y están esperando la tecnología y las inversiones. La corrección de los desajustes en la adhesión en la Europa comunitaria. La imperiosa necesidad de inversiones exteriores. Los problemas de la ley de caza y del desarrollo de vías y polígonos urbanos. Todo ello forma parte de esa conquista del futuro al que me refería.

Yo contestaré con una palabra que aquí, en Extremadura, sirvió de norte para guiar a los hombres del descubrimiento. Esa palabra es: ¡Adelante! Contad con mi esfuerzo. Con nuestro profundo afecto. Con nuestra solidaridad.

Muchas gracias por vuestros saludos de bienvenida. Hacemos realidad el abrazo de la Corona con una España hermosa, ejemplar, viva y creciente. La Extremadura eterna del verso, los capitanes y el trabajo.

Gracias también por esta Medalla de Oro que acabáis de entregarme y que me honro en aceptar, en respuesta a los sentimientos con que me la habéis concedido.

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