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Palabras de Su Majestad el Rey al Rey Hassan II de Marruecos y al pueblo marroquí

Madrid, 25.09.1989

M

ajestad, querido hermano, constituye una gran satisfacción para la Reina y para mí recibiros hoy en Madrid, y nos complace que haya podido efectuarse la visita este año, a pesar de la intensa actividad diplomática que Vuestra Majestad viene desempeñando en los ámbitos magrebí, árabe, africano y mundial.

A la alegría fraternal del encuentro se une la alta valoración que como Rey concedo a la dimensión histórica de la presencia oficial, por primera vez en España, del Rey de Marruecos.

Son muchos y muy variados los avatares históricos por los que han pasado nuestros pueblos hasta llegar a este momento de madurez en la relación de vecinos y hermanos, que ha hecho posible vuestra visita.

Llegáis a España bajo los mejores auspicios con vuestra estancia por tierras andaluzas. Las raíces de nuestras culturas respectivas se encuentran profundamente entrelazadas y dieron frutos conjuntos cuando floreció la civilización islámica en esta tierra. Pocas veces habrán alcanzado las artes y el pensamiento tanto refinamiento y sutileza como en los años de esplendor del Califato de Córdoba.

A este largo período de fecunda convivencia sucedió, por efecto del devenir histórico, una época de relativo alejamiento, no sólo entre los Reinos de España y de Marruecos sino, en general, entre el Islam y la Cristiandad. Ya comenzado el siglo XIX, nuestros pueblos vuelven a entrar en contacto, directo e intenso, como corresponde a la aceleración histórica de nuestro tiempo.

Acaso no podamos aún, por falta de perspectiva suficiente, distinguir con precisión el perfil exacto de ese período más reciente. Parece como si la fascinación que sigue ejerciendo el pasado remoto de compartido esplendor dificultara la búsqueda de nuevas andaduras comunes.

Por ello, pudo advertirse, en el período que se inicia con la plena independencia recobrada de Marruecos, una cierta atonía o desconexión en las relaciones entre nuestros dos países, una cierta dificultad en la definición de objetivos comunes.

Soy, sin embargo, optimista. Estamos superando este lapso de vacilaciones. España ha conseguido fortalecerse en la plena reinstauración de su vocación democrática y Marruecos, bajo la prudente dirección de Vuestra Majestad, ha emprendido también un camino de convivencia basado en el pluralismo, la tolerancia y la inserción en la modernidad, sin por ello sacrificar los valores tradicionales que han conformado a lo largo de los siglos la rica y fecunda personalidad del pueblo marroquí.

Majestad, nuestros dos pueblos, así fortalecidos, están encontrando una vía de cooperación estrecha y fructífera. Creo rendir tributo a la justicia al afirmar que vos habéis sido, en toda circunstancia, defensor acérrimo de la necesidad de intensificar las relaciones entre nuestros países en todos los órdenes, primando las de carácter humano.

Con ello, queda patente, una vez más, la altura de miras en que siempre ha conseguido situarse Vuestra Majestad para otear horizontes más amplios en que insertar el flujo de lo cotidiano.

Y, en efecto, si miramos con ojos atentos, podemos entrever signos sustanciales de mejora. Diversos factores gravitan en favor de nuestro acercamiento. Tanto la historia común, que ha dejado su impronta en nuestros patrimonios culturales, como la vecindad geográfica que nos convierte en nexo entre las dos riberas del Mediterráneo occidental, cobran, hoy en día, una nueva dimensión ante los procesos de integración supranacionales que se están produciendo no sólo al norte, sino también al sur de este mar.

La incorporación de España a la Comunidad Europea constituye un acontecimiento que supera con mucho el simple marco económico. La variedad europea ha sabido encontrar un denominador común. Es evidente también que, con nuestra participación, la Comunidad se ha acercado a los países del Magreb, reequilibrándose hacia el Mediterráneo.

Este proceso de integración europea tiene hoy felizmente su reflejo en la otra orilla del Mediterráneo. España ha acogido con gran satisfacción la reciente constitución de la Unión del Magreb Arabe y confía en que, con ello, se favorezca la solución del doloroso conflicto del Sahara. En ese mismo sentido , se pronunció la Cumbre Europea de Madrid al término de la presidencia española, al tiempo que se manifestó por una cooperación más estrecha entre la Comunidad y el Magreb.

Deseamos vivamente que para la solución de este conflicto y siempre que se superen las dificultades que existan para llevarlo a cabo con las debidas garantías, se celebrará un referéndum bajo los auspicios de las Naciones Unidas. En este sentido apoyamos los buenos oficios de su Secretario General.

España acogió esperanzadamente la designación de Vuestra Majestad como presidente del Alto Comité de la Liga Arabe para las gestiones de paz en Oriente Medio. Mi país reitera su convicción de que ésta sólo se podrá lograr sobre la base de garantizar la justicia para todos los pueblos de la región, lo que implica el reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo palestino y la seguridad del Estado de Israel dentro de fronteras internacionalmente reconocidas.

En este sentido, una conferencia internacional, propiciada por las Naciones Unidas, ofrece el marco adecuado para las necesarias conversaciones entre las partes, incluida la OLP. Esta posición quedó claramente reflejada en el último Consejo Europeo, celebrado en Madrid el pasado mes de junio.

Entretanto, es deseable que todos ejerzan prudencia y moderación, con objeto de no obstaculizar el difícil camino hacia una paz justa y duradera.

Por lo que se refiere a la dramática situación del Líbano, España se asocia plenamente a las demás voces de la Comunidad Europea en favor de un cese inmediato de las hostilidades y apoya los esfuerzos que han sido efectuados hasta ahora por Vuestra Majestad, el Rey de Arabia Saudí y el Presidente de Argelia, por encargo expreso de la Cumbre Arabe, para intentar establecer las bases de una solución que mantenga la integridad e independencia del Líbano, permita asegurar la convivencia pacífica entre todas las comunidades que la componen y garantice la retirada de todas las fuerzas militares no libanesas, salvo las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas.

Majestad, en el escenario del Mediterráneo occidental, nuestros dos países, por obvias razones geográficas de proximidad, están llamados a desempeñar un papel de primera magnitud. No puede sorprender, en tales circunstancias, el movimiento espontáneo de atracción que se registra entre las sociedades de España y Marruecos, que cada vez dan mayores pruebas de interés mutuo.

Conviene mencionar el crecimiento espectacular del número de visitantes españoles, atraídos por la belleza de vuestro paisaje natural, cultural y humano. Ciudades españolas se están hermanando con ciudades marroquíes: Madrid y Sevilla con Rabat, Granada con Tetuán. Son cada vez más los empresarios y hombres de negocios de nuestro país que se interesan por la apertura de mercados en Marruecos y la intensificación de relaciones comerciales con empresas marroquíes, que confiamos se desarrollen intensamente en el futuro inmediato al amparo de los últimos acuerdos recientemente suscritos entre ambos países en el área de la cooperación económica y financiera.

En el mundo de la cultura, se ha despertado igualmente en España una sed de conocimiento de las raíces comunes y una atracción cada vez más viva por los valores sustantivos que ofrece la cultura islámica.

Artistas y escritores españoles han escogido Marruecos como marco de su actividad creadora y se oyen cada vez más voces españolas en los foros de intercambio cultural que se expanden hoy en Marruecos.

A la inversa, se advierte igualmente en Marruecos una atención creciente hacia lo español. Prueba de ello es la presencia de nuestra lengua y el aumento constante del número de ciudadanos marroquíes que se interesa por su conocimiento. Una reevaluación de España, una apreciación más exacta de las pautas de desarrollo político y económico que ha seguido nuestro país y un interés de Marruecos cada vez mayor por estrechar lazos con Iberoamérica son fácilmente discernibles. Gran oportunidad para ello será la participación de Marruecos en la Exposición Universal de Sevilla en 1992.

Debe dedicarse más esfuerzo y atención a fortalecer este proceso de acercamiento mutuo, de modo que no sólo sea tendencia sino realización que dé los frutos esperados. Esta creciente comprensión constituirá un marco adecuado en el que tratar las diferencias, que es inevitable que existan entre países vecinos con un elevado nivel de contactos en todos los órdenes.

Para terminar, séame permitido evocar como símbolo material de unión entre nuestros pueblos y geografías, el proyecto de enlace fijo entre España y Marruecos, que, gracias al trabajo concertado de científicos e ingenieros españoles y marroquíes, unidos en una ejemplar empresa de cooperación, está emergiendo ya del mundo de la utopía para colocarse con firmeza entre los proyectos realizables en nuestro horizonte histórico.

Estoy convencido de que las conversaciones que se mantendrán durante vuestra estancia en España entre nuestros respectivos gobiernos contribuirán decididamente a este propósito, de forma que vuestra visita marque un momento de especial importancia en el desarrollo de nuestras relaciones bilaterales y sea punto de reflexión obligado para las generaciones futuras.

Majestad, querido hermano, permitidme expresaros mis más fervientes votos de prosperidad para la nación marroquí y de ventura personal para Vos y vuestra familia, así como para los miembros de la delegación que os acompaña.

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