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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida al Presidente de Bolivia, Sr. Jaime Paz Zamora

Palacio Real de Madrid, 23.04.1990

S

eñor Presidente, sentimos hoy una muy especial satisfacción al poder recibir oficialmente al Presidente constitucional de la República de Bolivia quien, por primera vez, hace un viaje de Estado a España. Corresponde así al que la Reina y yo tuvimos la oportunidad de realizar a Bolivia en mayo de 1987 y del que guardamos un recuerdo imborrable.

Os expresamos nuestra más cordial bienvenida y destacamos la importancia de una visita que resalta el interés, la profunda amistad y el convencimiento de que españoles y bolivianos debemos compartir nuestro futuro.

Quiero aprovechar vuestra presencia para recordar, señor Presidente, la época, no tan lejana, en la que Bolivia, como tantos otros países hermanos de la América hispana, acogió generosamente a ciudadanos españoles que se vieron forzados a abandonar su patria.

Permitidme reiterar el agradecimiento de España, por la generosidad y hospitalidad bolivianas, ofrecidas a los españoles en una etapa trágica de nuestra historia.

En el saludo tan especial que hoy os dirigimos, como Presidente constitucional de la República de Bolivia, queremos significar y subrayar el esfuerzo realizado por vuestro país para normalizar su historia constitucional a partir de 1982, asentando firmemente la democracia, aspiración profundamente enraizada en el pueblo boliviano.

En nuestra estancia de hace tres años, pudimos la Reina y yo, no sólo conocer la grandeza y la belleza de vuestra geografía; visitar La Paz y el Altiplano, Sucre y los Valles; Santa Cruz y el Oriente, sobrevolando incluso, la Villa Imperial de Potosí. Nuestra presencia en Bolivia nos permitió algo mucho más importante: poder conocer directamente a un pueblo que tiene la firme decisión de afianzar la democracia y de aspirar al fortalecimiento económico.

Grandes han sido los esfuerzos y los sacrificios que el pueblo y los gobiernos de Bolivia han realizado en este sentido. Por eso, es de justicia destacarlos y mostrarlos como ejemplo para superar una crisis económica que no es sólo boliviana, sino que afecta a muchos países de la región, pero que en el caso de Bolivia ha encontrado, en los últimos años, un cauce adecuado que merece resaltarse. En este sentido, creo que los bolivianos son merecedores, con justicia, de especial consideración en los foros financieros internacionales cuando piden especiales facilidades en la renegociación de la deuda externa.

La comunidad internacional debe tener siempre presente la íntima vinculación entre democracia política y desarrollo económico.

También queremos destacar la positiva actitud del gobierno de Bolivia para hacer frente a la lacra del narcotráfico. Vuestro país, especialmente tras la cumbre de Cartagena del 15 de febrero de este año, ha reiterado su postura de lucha contra el narcotráfico en el que subsisten y se entrelazan responsabilidades de productores, consumidores y especialmente traficantes, para cuya solución solicitáis, con toda razón, la solidaridad internacional que permita sustituir la economía de la coca por una economía de desarrollo alternativo.

España, señor Presidente, se suma a los proyectos multilaterales y a las iniciativas comunitarias que puedan emprenderse y, al mismo tiempo, ha iniciado ya su cooperación bilateral con Bolivia en este campo.

La cooperación de España con Bolivia abarca muchos otros ámbitos y tiene tal importancia que el Gobierno español ha instalado en la ciudad de Santa Cruz su centro de formación de cooperantes más importante del área andina, con la esperanza de que, en breve, puedan palparse los frutos que con tanto amor hemos sembrado.

Y esto lo hace España, consciente de sus vínculos históricos con los países iberoamericanos porque sabemos muy bien que si los olvidamos, olvidamos una gran parte de nosotros mismos.

En momentos en los que se está produciendo una nueva realidad en el viejo continente, España ha aumentado con Iberoamérica su nivel de relaciones en todos los ámbitos. Este compromiso que España tiene con los pueblos y gobiernos iberoamericanos nos lleva, lógicamente, a defender y propiciar, desde el seno de la Comunidad Europea, el buen entendimiento entre Europa e Iberoamérica, tan necesario para que se produzca una intensificación de las relaciones entre los países de los dos continentes.

Señor Presidente, nos acercamos a una fecha, 1992, hito desde el que repasamos la historia transcurrida, y además punto de arranque para iniciar una nueva relación entre nuestros pueblos respectivos.

1992 nos pertenece a todos y entre todos debemos darle contenido. Creemos que es la mejor ocasión para, con espíritu creador e imaginativo, sentar las bases de una comunidad iberoamericana de naciones que permita nuestro mayor protagonismo en la escena internacional y que propicie la cooperación interregional y el acercamiento con los países que comparten idénticos principios políticos, económicos y sociales.

Con este espíritu de cordialidad y amistad, y en la esperanza de un futuro prometedor y rico para nuestros países, os reitero, señor Presidente, en nombre de la Reina y en el mío propio, nuestra bienvenida más cálida.

Os deseo una gratísima estancia en España e invito a todos los presentes a brindar por vuestra ventura personal, por el entendimiento entre los dos países y por la prosperidad y el bienestar del querido pueblo de Bolivia.

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