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Palabras de Su Majestad el Rey a la Comunidad Iberoamericana el día de la Hispanidad

Madrid, 12.10.1989

C

elebramos este 12 de octubre al final de una década que ha sido ciertamente agitada, pero que termina preñada de nuevas esperanzas. En los albores de la década de los noventa, españoles e iberoamericanos nos sentimos obligados a reflexionar pausadamente sobre nuestro futuro común.

Desde una perspectiva histórica, es evidente que la comunidad iberoamericana de naciones se sustenta en un conjunto de realidades tangibles que aproximan a España e Iberoamérica. Además de las razones tradicionales, y por encima de diferencias económicas y políticas, existe un espacio cultural que se va renovando permanentemente.

Nuestra comunidad actualiza su sentido y su fuerza a partir de la consolidación de la democracia en España y en la mayor parte de los países iberoamericanos. Sus rasgos definitorios reflejan los valores que la inspiran y la dotan de un contenido plural, solidario y cooperativo.

Los vínculos lingüísticos, aun siendo el fundamental nexo de unión, se ven complementados por actitudes de igualdad y mutuo respeto que permiten descubrir otros resortes en nuestro camino hacia una mayor cohesión, mediante la concertación y la cooperación.

Si la democracia política, el desarrollo económico y la integración social son los objetivos finales del proyecto, su articulación institucional sería la consecuencia lógica de la ampliación del sentimiento de comunidad y la creación de un entramado de relaciones que satisfagan intereses compartidos.

Así, hemos sido capaces, entre todos, de poner en pie un mecanismo de diálogo y de concertación para la conmemoración del V Centenario. La Conferencia Iberoamericana de Comisiones Nacionales representa la voluntad de avanzar juntos mediante el enriquecimiento de nuestra cooperación en proyectos y programas concretos, en beneficio de todos.

Esta Conferencia, que acaba de celebrar en Guatemala su séptima reunión, puede ser un buen ejemplo asociativo para la conmemoración del descubrimiento de un modo práctico y eficaz. En efecto, ya está en marcha una larga serie de programas educativos, tecnológicos y de intercambios, que tienen en común su espíritu integrador. Partiendo de estos modelos, estoy seguro de que no faltará imaginación en nuestra comunidad para desarrollarlos y potenciarlos con nuevos enfoques e instrumentos encaminados a alcanzar resultados significativos en nuestro objetivo común de acercamiento permanente.

1992 puede servir también para reflexionar al máximo nivel sobre las diferentes opciones, hacer balance del camino recorrido y reforzar el redescubrimiento mutuo. Las circunstancias que en dicha fecha se producirán, tanto en España como en América, deben permitir buscar el momento y el lugar idóneos para ese encuentro, en el que estoy seguro que españoles e iberoamericanos tendrán depositadas fundadas esperanzas.

En la década que comienza, nos esperan importantes cambios en las técnicas y en los modos de vida. Nuevas generaciones nacidas al amparo de la paz y del desarrollo, distantes de guerras y rivalidades regionales, van a exigirnos un compromiso inexcusable con la calidad de vida, el desarrollo y la distensión. Las expectativas creadas con la nueva situación, que alejan el fantasma de los maniqueísmos, van a ayudar a superar viejas querellas este-oeste, dejando descarnadamente al descubierto los abismos entre un norte desarrollado y un sur víctima de su marginación.

Millones de jóvenes de todo el mundo, muchos de ellos hablando nuestro idioma, van a exigirnos responsabilidades sobre un mundo que puede ser inhabitable. Las deficiencias alimentarias y de salud, especialmente la mortandad infantil, la falta de viviendas, la carencia de un nivel adecuado de educación y la escasez de puestos de trabajo, unidas a un medio ambiente deteriorado, un patrimonio cultural en peligro y una indigencia tecnológica, son herencias que, a toda costa, debemos evitar a las nuevas generaciones.

Estas realidades, junto con nuevas y variables situaciones, tales como el cambio en el papel de la mujer; la revolución de las comunicaciones; la lucha contra el narcotráfico o la reducción de la deuda externa, pueden y deben ser encarados en el seno de nuestra comunidad. Habrá que idear esquemas de concertación y de financiación que permitan a los más débiles buscar, sin angustias ni presiones, respuestas que alivien sus problemas. El interés por nuestra comunidad iberoamericana estará en función de nuestros esfuerzos por abordar con valentía y generosidad estos desafíos.

Nuestro verdadero objetivo para 1992 ha de ser la creación de mecanismos de concertación que puedan reforzar el acercamiento entre nosotros más allá de esa fecha, por encima de la realización de logros efímeros que, aunque supongan un éxito, carezcan de dinamismo posterior.

Quiero animar y respaldar desde aquí las tareas ya emprendidas y las que habrán de iniciarse en un futuro inmediato para dotar de recursos adecuados a nuestro necesario compromiso con este gran proyecto.Parece llegado el momento de convocar a una profunda reflexión sobre ese futuro desafiante y prometedor, dejando al margen diferencias anacrónicas que puedan encontrar refugio en la investigación serena y académica.

La modernidad y el desarrollo que todos deseamos exigen mirar hacia delante con decisión, contemplando el porvenir lejos de esas evocaciones del pasado que, a veces, únicamente esconden incapacidades para afrontar retos impostergables.

Muchas gracias.

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