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Palabras de Su Majestad el Rey con motivo de la Exposición Universal de Sevilla 1992

Sevilla, 26.07.1992

S

eñores Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno, Sevilla organizó en 1929 una Exposición Iberoamericana. En 1992, que son curiosamente los mismos guarismos, cambiados de orden, Sevilla ofrece su hospitalidad a todos los pueblos de la tierra en esta Exposición Universal. Ahora más que entonces, se ha producido una aceleración del tiempo y se atropellan los acontecimientos mundiales. Hoy, en el recinto de esta Exposición, se siente ese pulso acelerado de la humanidad.

Entra, pues, en el orden natural de las cosas la participación en la Exposición de todos los países miembros de la Cumbre Iberoamericana. Sucede por primera vez en los anales contemporáneos de las exposiciones universales. Su presencia en Sevilla es un signo más que se añade a los acontecimientos de la época que se reflejan en la Exposición.

Que desde Sevilla y la Exposición Universal del 92 se descubra también este hecho histórico, es una de las reflexiones pertinentes que se hacen desde este recinto abarcado por el viejo Guadalquivir. Desde una ciudad que guarda en el Archivo vecino, en la vieja Casa de Contratación -en ochenta millones de documentos-, la memoria de cinco siglos de relaciones, que hoy se renuevan desde la mirada reposada, de igual a igual, de nuestras sociedades modernas. En la Exposición Universal todos hemos salido a la intemperie, para someternos a la prueba del juicio crítico de la comunicación global. Juntos, tanto en Sevilla como en los otros espacios organizados del planeta, podemos añadir nuestro mensaje común y hacer valer la fuerza de nuestras razones propias.

Después de Guadalajara y Madrid podemos decir desde Sevilla, que el futuro para todos nosotros ya no es lo que era: un tiempo no compartido. A partir de hoy se suman, sin contradicciones, pasado y porvenir.

Estoy seguro que todos los españoles se unen a mí para agradecerles su digna presencia en la Exposición para ofrecer lo mejor de sus países y su propia disposición personal para acompañarnos en este acto entrañable y simbólico. Cuenten siempre con España y los españoles, del mismo modo que nosotros hemos contado con ustedes aquí en Sevilla.

Gracias, de todo corazón.

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