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Palabras de Su Majestad el Rey a los barceloneses al recibir la Medalla de Oro de Barcelona

Barcelona, 24.09.1993

A

l visitar nuevamente Barcelona, nos llena de especial satisfacción el poder compartir con todos los barceloneses la alegría y las fiestas de la patrona de la ciudad.

Recibimos con especial alegría la Medalla de Oro el día en que se celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Merced, advocación esencialmente barcelonesa y ligada al generoso espíritu de la ciudad.

Aquí, como sabéis todos, San Pedro Nolasco y San Raimundo de Peñafort, encontraron en el Rey Jaime el Conquistador el entusiasmo y el empuje para fundar una Orden religiosa destinada, principalmente, a la redención de los cautivos.

Durante muchos siglos, hombres que habían perdido la libertad y que sufrían en poder de gente enemiga, fueron redimidos por los mercedarios. Se puede decir que esta misión de la Orden, producto de circunstancias históricas, mantiene hoy todavía su virtualidad, pues, desgraciadamente, en nuestro mundo actual son aún muchos los que están privados de libertad de manera cruel e injusta.

Jaume el Conqueridor concedí a l'Orde un escut en la part superior del qual figura la creu i en la inferior els quatre pals reials, o sia, les quatre barres, emblema que tostemps han ostentant la Mare de Déu barcelonina, l'Orde i els Mercedaris.

Tan devot fou el Rey Jaume a la Mare de Déu de la Mercé que, quan morí el monarca, el seu poeta áulic, Cerverí de Girona, escriví un plant on afirma que María tindrà mercé del Rei en l'altre món per tal com, en aquest, ell sempre li havia tingut mercé.

(Versión castellana.

Jaime el Conquistador concedió a la Orden un escudo en cuya parte superior figuraba la cruz y en la inferior las cuatro barras reales, emblema que siempre han ostentado la Madre de Dios barcelonesa, la Orden y los mercedarios. Tan devoto fue el rey don Jaime de la Madre de Dios de la Merced que, cuando el monarca murió, su poeta aúlico, Cerverí de Gerona, escribió una elegía donde afirma que María tendrá merced del Rey en el otro mundo tal y como en éste él siempre la había tenido merced).

En este día de la Fiesta de la Merced, quisiera recordar a mi padre, Conde de Barcelona, quien siempre se sintió agradecido y honrado por la Medalla de Oro de la ciudad con que le distinguisteis en 1987.

Su inmenso amor por Barcelona se vio siempre correspondido por la generosa hospitalidad y las innumerables atenciones que le dispensasteis. El nuevo paseo ciudadano, que desde hoy llevará su nombre, es una nueva prueba de esa especialísima relación que tanto os honra y que os agradecemos de todo corazón.

Hace más de un año que finalizaron los Juegos Olímpicos y, sin embargo, su recuerdo imborrable nos sigue pareciendo extraordinariamente próximo y vivo.

La emoción de aquellos días, se nos descubre nuevamente al recorrer las calles y avenidas de una ciudad más moderna y dinámica cuyas principales arterias reflejan diáfanamente las grandes transformaciones realizadas.

Señor Alcalde, la distinción que nos hace Barcelona nos une todavía más a esta ciudad y refuerza nuestra devoción a su Patrona.

Muchas gracias.

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