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Palabras de Su Majestad el Rey al recibir el Premio Felix Houphouët-Boigny de la UNESCO para el Fomento de la Paz

Costa de Marfil(Yamusukro), 05.12.1995

L

a República de Costa de Marfil y su Presidente, Konan Bedié, nos reúnen hoy en Yamusukro para honrar en su lugar de nacimiento a Félix Houphouët-Boigny, con cuyo nombre la UNESCO creó su Premio para el Fomento de la Paz en 1989, rindiéndole en vida ese merecidísimo homenaje.

Al evocar la figura del «Hombre Sabio de Africa», a quien tuve el honor de conocer personalmente, recuerdo ante todo su búsqueda incansable de la paz y su empeño por desterrar la violencia de las relaciones entre los hombres. Su fino instinto le llevó a vincular este objetivo con el desarrollo de su país y del continente, del que se ocupó activamente tanto dirigiendo los destinos de Costa de Marfil como a través de su participación en los foros internacionales.

Yo también estoy convencido de que, a pesar de las grandes dificultades que habrá de resolver, Africa superará satisfactoriamente los obstáculos en su camino para alcanzar el progreso y una paz duradera.

En primer lugar, por el potencial que suponen sus gentes. El hombre, tal como han venido reiterando las Naciones Unidas, es el centro y fin último de toda política de desarrollo. Estoy seguro de que las nuevas generaciones, de quienes depende el futuro, sabrán liderar mediante la educación y con el consejo de la experiencia, proyectos de desarrollo en libertad prestando la necesaria atención a los sectores más desprotegidos.

Particular interés tiene también a este respecto la esperanzadora recuperación económica, ayudada por los esfuerzos que se están realizando en el campo de una integración y cooperación a nivel regional, que no hará sino potenciar las posibilidades del continente en este área.

A estos factores positivos hay, finalmente, que añadir los procesos de reforma constitucional, la celebración de elecciones libres y pluralistas y las medidas adoptadas para la protección y defensa de los derechos humanos.

Todos ellos son elementos positivos para la consolidación de los procesos democráticos y el establecimiento del Estado de derecho en los que ha de basarse el progreso y la paz en el Africa subsahariana.

El ideal de paz es un deber moral y la meta por excelencia de la vida pública. La generosa disposición para apaciguar los conflictos que puedan surgir en cada momento es, sin duda, un sentimiento que estamos seguros se irá consolidando en el siglo que vamos a iniciar y se manifestará en una labor de prevención que comienza en la conciencia y concepto del mundo de cada individuo en particular.

Como acertadamente ha repetido la UNESCO, no cabe esperar la paz si ésta no se halla en las mentes, el corazón y los hábitos de los hombres. Pues la paz es un modo de ser y de estar, de querer y ambicionar, aceptando los límites que exige la convivencia, con una clara conciencia de la realidad del prójimo y la igualdad de sus derechos y aspiraciones respecto a las nuestras.

En el plano de la convivencia, la paz depende también muy principalmente de unas convicciones compartidas y asumidas por todos, de unas instituciones públicas sólidas y una adecuada relación entre ellas.

Finalmente, la paz no puede lograrse ni convertirse en una realidad estable cuando las desigualdades ofenden, por extremas, la razón y la justicia.

Esto último es también un supuesto inexcusable en el orden internacional. La UNESCO es, en el ámbito de sus competencias, un foro y un instrumento de valor inestimable para reducir las tensiones que genera la disparidad entre las naciones, siempre en busca de un equilibrio más justo y equitativo.

En este esfuerzo incansable, pues, como advertía hace años el presidente de este jurado, «alcanzar la paz no es cosa tan fácil como desearla», la educación, la ciencia y la cultura son herramientas indispensables, porque en sí mismas promueven en su sentido más amplio, y a la vez más profundo, el sentimiento de la dignidad e igualdad de todos los hombres y contribuyen de forma destacada a promover una auténtica comunidad internacional basada en los valores del espíritu.

Este es, a nuestro entender, el sentido último del premio Houphouët-Boigny. Pero, con el paso del tiempo, un premio no se define sólo por sus objetivos: también se distingue por la ejecutoria de las personalidades que lo han recibido.

Desde su primera entrega en 1991, se han visto reconocidas con este premio del Fomento de la Paz, tanto las personalidades que en Africa del sur convirtieron el apartheid en historia, como las que sacrificadamente están esforzándose por hacer otro tanto del antagonismo palestino-israelí. De sus empeños, personales e institucionales, la humanidad toda ha detraído beneficios señalados y, sin duda, el mundo en que vivimos es significativamente más humano.

Permítaseme que, entre todos, destaque hoy la figura singular de Isaac Rabin, mártir de la causa que hoy nos congrega. Su ejemplaridad es patente: la del brillante hombre de armas que sacrifica su vida en aras de la paz. Premio Houphouët-Boigny en la edición precedente y hoy víctima de la intolerancia y el fanatismo, en su condición de entrega total de hombre de Estado a su misión y a su deber de responsabilidad. Que su alma descanse en paz y que su inmolación encienda vocaciones semejantes, cual llamarada de esperanza.

Por cuanto llevo dicho, me es particularmente honroso recibir este premio; y me es especialmente grato el que coincida con el L Aniversario de la UNESCO y el año de la declaración de la Tolerancia.

Abogamos por una tolerancia que no implique la desigualdad de uno, que la concede, y otro, que simplemente la espera. Queremos que, en su aplicación práctica, la tolerancia sea siempre el resultado manifiesto del respeto mutuo, asentado en una conciencia de igualdad y fraternidad, compatibles con la libertad de cada ser humano.

Al agradecer la distinción que hoy se me entrega, quiero felicitar efusivamente al ex Presidente Jimmy Carter y expresarle mi personal satisfacción al compartir con él la edición del Premio Houphouët-Boigny correspondiente a 1994. Coincido con el jurado en la valoración que ha hecho de la persistencia, fuerza de voluntad y energía que el ex Presidente Carter ha puesto al servicio de la paz desde que dejó la Casa Blanca.

Es un hecho de gran valor el que, hoy, podamos seguir contando con su incansable disposición en pro del ideal que nos une.

Y, para terminar, permítaseme que apele a las palabras de un poeta, convencido de la trascendente importancia que la poesía tendrá siempre como fuente de armonía. Según el poeta, «la paz es, acaso, el estado de cosas en el cual la hostilidad de los hombres entre sí se manifiesta a través de la creación, en lugar de traducirse en destrucción como hace la guerra». Efectivamente, optemos por la «creación» como sugiere Valéry, y por «construir la paz», como quiso Houphouët-Boigny y sigue hoy siendo la misión fundamental de la UNESCO.

Muchas gracias.

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