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Brindis de Su Majestad el Rey en la cena de Jefes de Estado y de Gobierno con motivo de la V Cumbre Iberoamericana

Argentina(San Carlos de Bariloche), 15.10.1995

S

eñor Presidente de la República Argentina, señores Jefes de Estado y de Gobierno, señoras y señores, deseo agradecer sinceramente al Presidente de Argentina las cálidas palabras con las que nos ha recibido en San Carlos de Bariloche, ciudad que todos los asistentes coincidimos ofrece un marco privilegiado -por su notable belleza- para el desarrollo de esta V Cumbre Iberoamericana.

Quiero hacer extensivo mi agradecimiento a todo el pueblo argentino, y en particular a los habitantes de Bariloche que, haciendo gala una vez más de su proverbial hospitalidad, nos han brindado, desde nuestra llegada, una acogida especialmente cariñosa.

Quisiera, en estas breves palabras, expresarles mi confianza y mis fervientes votos para que esta V Cumbre contribuya de forma decisiva a fortalecer este feliz proyecto, que vio la luz en Guadalajara, y a través del que todos estamos empeñados en hacer de nuestra comunidad una realidad pujante y un escenario común de paz, de democracia, de tolerancia y de respeto a los derechos y libertades fundamentales.

Como depositarios del valioso legado de la historia de nuestros pueblos, tenemos la irrenunciable responsabilidad, frente a las generaciones presentes y futuras, de perseverar en la construcción de una Comunidad Iberoamericana que sea expresión de unas sociedades progresivamente más prósperas y solidarias, desde el pleno aprovechamiento del potencial de nuestra rica interrelación.

Las Cumbres Iberoamericanas constituyen un excepcional ejemplo de foro de concertación, vitalidad e ilusión compartidas por un futuro común, en un mundo cada vez más global, en el que se multiplica la creación de espacios regionales y florecen iniciativas de asociación de naciones.

La educación, como factor esencial del desarrollo, debe necesariamente ser objeto de especial atención, en nuestro esfuerzo común por alcanzar tan nobles aspiraciones.

Y es que en la educación se transmiten, en primer lugar, los valores que hacen posible la vida en sociedad y, singularmente, los que enseñan a vivir en un Estado de derecho.

Pero, además, gracias a la formación que los sistemas educativos son capaces de proporcionar, y a la calidad de los recursos humanos que generan, lograremos una mejor respuesta a las crecientes y cambiantes necesidades colectivas.

Hoy acuden a nuestras escuelas los ciudadanos del próximo siglo. De ahí que los países que aspiramos a construir el proyecto iberoamericano debamos conceder una gran relevancia a la educación, adaptándola a un mundo en acelerado proceso de modernización y que camina, cada vez más rápidamente, hacia un horizonte de creciente interrelación.

La vertiginosa rapidez de los cambios que vivimos nos sitúa ante la necesidad de la adaptación y actualización constantes. La educación y la formación están por ello llamadas a extenderse cada vez más a las personas con experiencia activa. En suma, la educación tiende a cobrar una dimensión permanente.

Tengo la seguridad de que todos los Jefes de Estado y de Gobierno acudimos a esta nueva cita en San Carlos de Bariloche, con renovadas ilusiones y con voluntad solidaria, para reafirmar, una vez más, nuestro permanente compromiso de trabajar, sobre la base de un pasado común, en pos de un futuro de bienestar, paz y justicia para nuestros pueblos.

Señor Presidente, al reiterarle nuestro testimonio de estrecha amistad, quisiera invitar a todos los presentes a brindar por su ventura personal y por la felicidad y bienestar de la nación y del querido pueblo de Argentina.

 

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