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Palabras de Su Majestad el Rey en la conmemoración del X aniversario de la entrada de España en la Comunidad Europea

Madrid, 08.06.1995

N

os hemos reunido para conmemorar el X Aniversario de la entrada de España en la Unión Europea. Diez años es un período de tiempo breve en la vida de Europa y de una vieja nación como España, pero ha transformado la realidad española y modificado Europa.

Como señalaba Ortega: «España es una posibilidad europea. Sólo mirada desde Europa es posible España». El aniversario que hoy conmemoramos demuestra que España en Europa es ya una realidad irreversible que nos vertebra, y no sólo físicamente, con nuestro entorno natural.

Este ideal ha sido alcanzado con un amplio consenso del pueblo español y ha supuesto al mismo tiempo la consolidación de nuestra joven pero madura democracia.

La integración de nuestro país en la Unión Europea se ha realizado sin menoscabo de la vocación iberoamericana de los españoles y también sin disminuir la atención que España tradicionalmente concede al mundo árabe y mediterráneo por sus lazos históricos. Por el contrario, España ha incorporado esta sensibilidad a Europa que hoy construye una política para el sur del Mediterráneo y que está desarrollando una política para América Latina.

Durante estos diez años la opinión pública ha madurado y, al mismo tiempo que mantiene su compromiso con el proyecto europeo, se muestra crítica con algunas cuestiones, como no podía ser de otra forma en una empresa de estas características. Pero las imperfecciones o insuficiencias las interpretamos no pensando que Europa ha ido demasiado lejos, sino que aún queda mucho por perfeccionar.

El decenio ha transformado asimismo de forma radical la situación en Europa. Durante estos años se han producido cambios sustanciales en nuestro continente que han llevado a la unificación alemana, la desaparición de la Unión Soviética y del Pacto de Varsovia, produciéndose por tanto el final de la Europa de bloques. Nos encontramos en una situación nueva de mayor seguridad y mayor libertad, pero también de mayor inestabilidad.

Estos cambios han provocado también inquietud en los ciudadanos europeos porque ahora hay que hacer frente a una competencia global, lo que explica que la integración sea percibida desde algunos sectores de la opinión pública como una amenaza a la identidad nacional. Sin embargo, lejos de constituir una amenaza, la construcción europea es, no sólo un proyecto de convivencia pacífica y de integración en la diversidad, sino un cauce de expresión de la identidad nacional.

La historia de Europa en este siglo es un buen punto de referencia. Las soluciones aisladas no han sido el remedio eficaz. Por eso, el futuro de la paz y prosperidad en Europa depende de que en este final de siglo los europeos sepamos resolver definitivamente el dilema entre la integración y desintegración política y económica de nuestro continente.

La voluntad de seguir construyendo Europa implica también extender nuestro compromiso a las nuevas democracias europeas que desean incorporarse a nuestro proyecto. Es para nosotros un deber hacer posible que estas naciones sean partícipes de nuestros objetivos.

Tenemos que asegurar la paz, estabilidad y prosperidad de nuestro continente en el siglo XXI. Se trata de una responsabilidad que no podemos malograr. Es una operación histórica de gran envergadura, una empresa ambiciosa.

Hace sólo unos pocos días hemos conmemorado el XL Aniversario de la Conferencia de Messina que inició un proceso de construcción de un modelo de convivencia entre los europeos capaz de respetar la diversidad entre las naciones y, al mismo tiempo, cimentar una unión más estrecha entre los pueblos y ciudadanos de Europa. España, que hoy celebra el X Aniversario de su incorporación a este proyecto, está dispuesta a seguir apoyándolo con una participación activa.

Aunque España no se encontraba hace cuarenta años entre los países asistentes a la Conferencia de Messina, por las razones del momento, no hay que olvidar que lo más profundo de la historia española y lo más alto de los ideales políticos españoles han estado llenos de Europa. Aún cuando España se haya incorporado tardíamente al proceso de construcción europea de este siglo, es una vieja nación europea que ya, desde tiempo atrás, ha experimentado los deseos de hacer de Europa un espacio común de convivencia, por lo que se podría decir que España estaba presente en el espíritu de Messina. Hoy, lo que celebramos es el aniversario de nuestra reconciliación con el proyecto natural e histórico de España.

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