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Palabras de Su Majestad el Rey en la conmemoración del 40 aniversario de su ingreso en la Academia General Militar

Zaragoza, 06.05.1995

Q

ueridos compañeros, nos reunimos hoy para recordar un muy largo período de tiempo: cuarenta años desde aquel 1955 en que formábamos en este mismo patio de la Academia General Militar, en el corazón de la noble tierra aragonesa.        Cuarenta años a lo largo de los cuales nuestra querida patria ha sufrido profundos cambios de todo orden, político, social, económico, cultural y por supuesto también militar.

Estas transformaciones se han producido en un mundo cambiante en el que han surgido nuevas amenazas contra la paz y la seguridad de los pueblos y naciones.

España durante los últimos años se ha integrado plenamente en la comunidad internacional. Hoy los miembros de los ejércitos están representados en todos los foros internacionales y se integran en organizaciones militares multinacionales, con una profesionalidad y eficacia que nos colma de orgullo.

Nuestra presencia en misiones de ayuda humanitaria, en un ambiente de hostilidad y riesgo, ha contribuido decisivamente a conseguir que el esfuerzo realizado por las Fuerzas Armadas sea apreciado por la sociedad, al tiempo que se valora su capacidad para enfrentarse a tales retos.

En el ámbito militar, los componentes de la XIV Promoción, junto a otros compañeros de la misma época habéis sido, en vuestros primeros empleos, meros testigos y ejecutores de los cambios que se iban produciendo, para más tarde, ya como oficiales superiores, convertiros en los organizadores e impulsores de las sucesivas y necesarias modernizaciones del ejército.

Conceptos como divisiones Pentómicas, Compañías de Máquinas, Brigadas Operativas del Territorio, etc., y ya en los últimos tiempos, los planes «META», «NORTE», etc., han ido sucesivamente marcando hitos, donde con sacrificios familiares y profesionales de toda índole habéis ido sembrando para la siguiente generación la semilla de vuestra ilusionada vocación que ha germinado en esta espléndida juventud que forma frente a vosotros.

Pero en medio de las difíciles situaciones a las que España se ha enfrentado en tantos años transcurridos desde entonces, siempre hubo constantes que, custodiadas en vuestros generosos corazones, no se modificaron un ápice: el concepto del honor, el compañerismo, la disciplina, la solidaridad y ese amor a España del que todos los que hemos pasado por la «General» nos sentimos tan orgullosos. Estos valores superaron otros más efímeros, imperantes en la sociedad de cada momento.

Supisteis acatar con generosidad los recortes presupuestarios y las limitaciones operativas que de ellos se derivaban, pensando que este sacrificio, no siempre bien comprendido por la sociedad, repercutiría favorablemente en otros sectores quizás más necesitados y que en definitiva lo importante era aunar esfuerzos para la buena marcha de la nación. Ese es el camino. Sed conscientes de los derechos pero también de las obligaciones. Ser fieles garantes de la Constitución y de las leyes, y cumplir exactamente con cuanto se encomienda, origina sin duda la admiración, el respeto y el cariño de la sociedad.

El plan NORTE, que supone un paso decisivo y vital para la modernización de nuestro Ejército se va ejecutando dentro de difíciles condiciones presupuestarias.

Con todo, entre nosotros no hay lugar para el pesimismo que ahoga las mejores ilusiones y así me enorgullece comprobar cómo se sigue adelante con proyectos de vehículos acorazados y blindados que van a potenciar de forma decisiva la capacidad operativa de nuestras unidades.

Es preciso, por otro lado, implicar de una forma definitiva a la opinión pública en la defensa nacional, haciéndola consciente de los problemas a que nos enfrentamos y de las dificultades materiales que existen para solucionarlos. Es necesario que arraigue con fuerza la idea de que se trata de «nuestra» defensa y que sólo la decidida y entusiasta participación de todos la puede garantizar.

Quiero aprovechar esta ocasión para recordar con todo mi agradecimiento y afecto a nuestros queridos profesores, algunos presentes, otros desgraciadamente desaparecidos pero todos vivos en nuestro recuerdo, que con su ejemplo nos marcaron el camino para un mejor servicio a España. De ellos, resaltar su magnífica preparación, su paciencia para con nosotros siendo ante todo maestros, sin caer nunca en la tentación de ser meros censores o vigilantes. Su prestigio personal, su afán de perfección y su quehacer diario, encaminados a nuestra formación para conseguir el mayor rendimiento posible de los medios que la nación ha puesto en nuestras manos.

¡Damas y Caballeros Cadetes! ahí tenéis el ejemplo a seguir. Los que vamos a renovar el juramento a la bandera, ocupábamos hace cuarenta años vuestros mismos puestos. Las figuras son distintas, el porte menos marcial, pero miradles, meditad y proponeos como meta el conseguir formar dentro de otros tantos años en este patio, con la cabeza alta y el espíritu rebosante de satisfacción, simplemente por haber cumplido con el deber.

Ya se os ha recordado, pero quiero repetirlo. Faltan muchos entre nosotros, unos han caído bajo la barbarie asesina del terrorismo, otros lo hicieron en su tarea diaria cumpliendo con sus obligaciones, a otros se los llevó la enfermedad, pero todos y cada uno de ellos tienen hoy su puesto en formación a nuestro lado, porque es la suma de los pequeños y los grandes esfuerzos, realizados en el quehacer cotidiano, lo que hace a un pueblo grande.

Por ello os pido a los cadetes, a la futura oficialidad de nuestro Ejército, que nos aportéis ese caudal enorme de ilusiones que poseéis y que os volquéis, obsesionados por el trabajo bien hecho, en el amor a la patria.

A vosotros, con quienes acabo de reforzar más si cabe los lazos que nos unen, os manifiesto una vez más mi orgullo por ser el primer soldado de España y mi satisfacción por ser vuestro compañero de promoción y os animo a que os esforcéis para que, cada uno, en activo o en la reserva, continuéis en la línea de siempre, constituyendo una obligada referencia de futuro.

Unámonos ahora todos, cadetes y componentes de la XIV Promoción, para, fundiendo en vuestras voces el ímpetu de la juventud con la serena responsabilidad de la veteranía, gritar conmigo:

¡Viva el Ejército español!¡Viva España!

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