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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Filipinas, Fidel Ramos, y al pueblo filipino

Filipinas(Manila), 02.04.1995

S

eñor Presidente, señora de Ramos, la historia con sus azares y desarrollos marca el rumbo de las personas y de las naciones.

Hoy ha determinado que sea yo el primer Rey de España que visita Filipinas, desde que Magallanes arribara a estas tierras. Se cumple así un anhelo largamente soñado por mis antepasados, de conocer personalmente una tierra que tantas veces fue motivo de su orgullo y desvelos.

La Reina y yo os damos las gracias más sinceras a vuestra excelencia y a vuestra distinguida esposa por la invitación para visitar este hermoso país, así como por las amables palabras de bienvenida y la hospitalidad con la que nos estáis agasajando desde el momento mismo en que hemos pisado Manila.

Nuestra hija la Infanta Elena guarda un recuerdo imborrable de su visita a Filipinas el pasado año y de todas las generosas atenciones que le dispensasteis, y que tanto os agradecemos.

Durante la visita que vuestra excelencia hizo a España hace menos de un año, estoy seguro de que pudisteis apreciar los calurosos sentimientos de amistad y de simpatía de los españoles y comprobar el excelente estado de nuestras relaciones y el gran salto cualitativo que han experimentado en los últimos años.

Las visitas de Estado constituyen un símbolo y una ocasión para poner de manifiesto las relaciones que unen a dos pueblos a través de la historia.

España trajo a Filipinas el sistema cultural de occidente. Este gran archipiélago que es vuestro país, pronto adquirió, tras aquellos primeros contactos, el concepto de la unidad geográfica y territorial.

También alcanzó en breve tiempo, con la introducción del alfabeto latino, la unificación de la lengua escrita. El desarrollo de la imprenta en Filipinas, la primera en Asia, ayudó considerablemente a este fin.

El establecimiento de una universidad pontificia a comienzos del siglo XVII, la extensión de la enseñanza media en el siglo XIX, sin postergar en ella a la mujer, la creación, antes que en otros países del entorno, de numerosas escuelas de artes y oficios, contribuyeron a enriquecer la cultura de vuestro país y a formar una generación de brillantes personalidades políticas e intelectuales. Rizal, vuestro héroe nacional, ocupa entre ellas un lugar preeminente.

El encuentro fecundo del oriente con la civilización occidental supuso la creación de una realidad vigorosa y única que se concreta en la riqueza, variedad y originalidad de Filipinas en el entorno asiático.

La mayoría católica de Filipinas, sus numerosas costumbres peninsulares, sus expresiones artísticas de herencia española le dan un carácter singular entre los países de la zona. Se detecta, nada más llegar a Filipinas, un aire conocido y familiar. Filipinas es un país que no ha querido y no quiere guardar secretos para los españoles.

Queremos que nuestro común pasado se renueve en el presente, mediante el nuevo impulso que hemos de dar conjuntamente a nuestras relaciones.España apoyó desde el primer momento la consolidación de la democracia filipina resurgida en 1986. Fue muy grato oír a vuestra excelencia en Madrid decir que "España prestó a Filipinas entonces su firme ayuda y la sabiduría de su experiencia".

Desde entonces nuestras relaciones se han consolidado y enriquecido, especialmente con vuestra reciente visita a Madrid, que ha dinamizado notablemente las relaciones bilaterales en su aspecto económico y ha acrecentado el interés de los empresarios españoles por Filipinas. La búsqueda de la estabilidad y el crecimiento económico sostenido que lleva a cabo Filipinas es un atractivo más para que España participe en vuestros esfuerzos para el desarrollo.

En esta vía hemos de seguir profundizando, dada la gran importancia política y económica de los procesos de integración y cooperación regional en los que participan España y Filipinas.

Recojo aquí la idea tan querida por vuestra excelencia, que hago mía también, de que nuestros dos países sirvan mutuamente de cauce privilegiado para favorecer todas las relaciones de Filipinas con Europa, y de España especialmente con los países miembros de la ASEAN.

Señor Presidente, el pasado persiste en el presente y nos brinda todas las posibilidades que tenemos para actuar, tanto los pueblos como los hombres.

Esta visita es la prueba más evidente del interés renovado de España por afianzar nuestras relaciones y la confirmación del afecto y la amistad que el pueblo español siente hacia Filipinas.

Por ello, les invito a brindar por nuestra querida Filipinas, por su pueblo, por su progreso, por la amistad fraternal que une a nuestros dos países y por la felicidad personal de Vuestra Excelencia y de vuestra esposa.

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