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Brindis de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el almuerzo en el Palacio de España

Roma, 26.06.2000

S

u Eminencia Reverendísima:

Permitidme unas breves palabras para transmitiros la emoción que he sentido esta mañana al ser recibido por el Santo Padre y tener ocasión de manifestarle mis sentimientos como católico y como español, en una circunstancia tan especial y grata para mí, pues es ésta la primera vez que un Heredero de la Corona hace una visita oficial al Papa y a la Santa Sede.

He recordado con este motivo mi primer encuentro con Su Santidad en la Santa Sede, acompañando a mis Padres Sus Majestades los Reyes hace diecisiete años, así como mis experiencias inolvidables como Príncipe de Asturias en la histórica visita de Juan Pablo II a Covadonga, símbolo de la Reconquista, y los momentos muy entrañables y familiares con que nos ha honrado durante sus viajes a España.

El encuentro de hoy tiene una significación especial, al coincidir con el Año Jubilar 2000. Recibir la bendición del Papa, ganar el Jubileo y atravesar la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, son acontecimientos que dejan una huella profunda y positiva.

Agradezco a Su Eminencia el Cardenal Sodano el encuentro de gran interés que he mantenido con él y su colaborador Monseñor Re, a quien agradezco también aquí su presencia.

Me es muy grata también la oportunidad de encontrarme en este histórico Palacio de España con su Eminencia el Cardenal Martínez Somalo, tan conocido y querido en España, y con los más altos representantes españoles en la Curia Romana.

Eminencia, en este año 2000, en el que el Santo Padre ha recordado reiteradamente el reto de los tiempos para el hombre del Tercer Milenio, quiero expresar mi confianza en que la España joven que represento sabrá estar a la altura de esas esperanzas, y trabajar cada vez más unida en torno a los valores y principios de una sociedad democrática, cada día más libre y más justa.

España entra en este Tercer Milenio con renovados esfuerzos en pro de la integración europea, una decidida defensa de los derechos humanos, una clara vocación de cooperación y solidaridad con los pueblos menos afortunados y con una firme voluntad de vivir en paz y concordia internacional.

Ruego a todos los presentes me acompañen en un brindis por Su Santidad y las intenciones de su ejemplar Pontificado.

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