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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de inauguración del I Congreso Estatal del Voluntariado y II Semana de la Solidaridad

Madrid, 28.11.1997

I

nauguramos hoy un Congreso y una Semana dedicados al Voluntariado y a la Solidaridad, que son las dos caras no opuestas de la actividad de miles de personas dedicadas a construir un mundo mejor.

Difícilmente se puede aportar mucho mas a lo que ya han escuchado todos ustedes.

Pero con mucho gusto uno mi voz a ellos y los varios mensajes de salutación enviados desde lejos y expresados aquí esta mañana para expresaros mi reconocimiento y el de toda la sociedad española a los voluntarios y voluntarias que con su ejemplo luchan cada día por contagiarnos su esperanza y su preocupación por la justicia y los derechos humanos.

La creciente presencia del voluntariado en nuestra vida cotidiana nos alerta sobre la necesidad de tomar postura frente al egoísmo que en ocasiones parece definir nuestra civilización, y también nos previene contra interpretaciones superficiales sobre su aparente decadencia.

No es extraño que, como tuve ocasión de destacar hace un año ante el voluntariado universitario, esta vocación tenga particular arraigo entre los jóvenes, siempre dispuestos a darse generosamente y sin esperar las recompensas inmediatas del lucro personal y el encumbramiento social. No puedo ocultar que esto me enorgullece de manera particular.

Pero hoy quiero rendir también un merecido homenaje a quienes sienten esta llamada en medio de los afanes de su profesión, con una familia ya formada, o al término de su vida laboral. Su capacidad y experiencia son irremplazables a la hora de completar y dar mayor peso y extensión, tanto a la labor del voluntariado, como  a la gestión de las numerosas actividades que garantizan su eficacia.

El objeto principal de este Congreso va a ser el de reflexionar sobre el contexto social en que necesariamente os apoyáis y suscitar su solidaridad.

Acontecimientos recientes han demostrado una vez más que esa respuesta social existe en España, hacia las víctimas de las catástrofes y también hacia quienes se movilizan para socorrerlas. Para que se mantenga y desarrolle es preciso reflexionar, como vais a hacer en este Congreso, sobre las cuestiones esenciales que definen y promueven convicciones y actitudes de solidaridad consciente y efectiva.

Veo que, con gran acierto vais a centrar vuestros trabajos en los ámbitos de la educación y los medios de comunicación. Todos conocemos el papel decisivo que tiene el sistema educativo en el fomento de los valores específicos que impulsan el avance de la comunidad hacia metas más ambiciosas junto al progreso de las conquistas sociales. Muchos de los mensajes que proclamáis son ya parte de nuestro horizonte cotidiano gracias a la inquietud de los dirigentes y profesores de la escuela, el colegio o la Universidad, cuya ayuda inestimable debemos hoy agradecer.

Os animo también a profundizar vuestra relación con los poderes públicos, cuyo interés cada vez mayor por los problemas a que os dedicáis ha facilitado el marco legal adecuado al desarrollo de vuestras tareas, y cuyo apoyo es tan necesario en áreas tan sensibles como la salud, el empleo, la inmigración o la reinserción social.

Además, es preciso recordar que esta cooperación resulta especialmente provechosa en la proyección internacional de las asociaciones, fundaciones y organizaciones no gubernamentales que van a ser protagonistas de la Semana de la Solidaridad. Muchas de ellas necisitan esa proyección para dar cumplimiento eficaz a sus objetivos.

Saludo a todas y cada una de ellas con el afecto y respeto que merece su valiente compromiso con un orden mundial más justo y un desarrollo más humano, del que todos debemos sentirnos responsables.

De entre todas quiero destacar de un modo especial a las que dedican la mayor parte de su esfuerzo a promover mejores perspectivas para los grupos y áreas geográficas que más las necesitan en los países de la Comunidad Iberoamericana, de los que nos sentimos tan cercanos y a quienes reservamos siempre un lugar preferente en nuestros sentimientos personales y nuestros proyectos como nación.

Como Heredero de la Corona y hombre de mi generación, me siento especialmente cercano a vuestras inquietudes. Al agradecer su colaboración a cuantos han hecho posible estas reuniones, os expreso mi apoyo y mi confianza en que a través de ellas sentéis las bases de un porvenir más abierto y atractivo para vuestro trabajo y para todos aquellos a quienes lo dedicáis.

Declaro inaugurado el Primer Congreso Estatal del Voluntariado y la Segunda Semana de la Solidaridad.

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