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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Cervantes de Literatura 2004 a Don Rafael Sánchez Ferlosio

Madrid(Alcalá de Henares), 23.04.2005

U

na vez más nos reunimos en este Paraninfo de la Universidad cisneriana de Alcalá en el tradicional homenaje que, cada año, tributamos a la creación literaria en lengua española con el referente supremo de Don Miguel de Cervantes.

En esta ocasión, la ceremonia de entrega del Premio que lleva su nombre cobra un especial significado para todos los hispano-hablantes, ya que se inscribe en la celebración del Cuarto Centenario de la publicación de la Primera parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Esa gran comedia humana, uno de los textos capitales de la literatura universal y primer ejemplo de la novela moderna, constituye una referencia lingüística ejemplar para el idioma español, y acumula el mérito de haberse erigido en mito universal, a la par que en patrimonio familiar del mundo hispánico.

Esta conmemoración nos brinda, por tanto, una oportunidad excepcional para fortalecer el reencuentro de los pueblos hispanoamericanos en todo lo que nos hace unos y diversos.

Por medio del continuo diálogo de don Quijote y Sancho nos enseña Cervantes, deleitando, la necesidad que cada uno de nosotros tiene de dejarse impregnar por la realidad del otro, en un proceso de integración siempre enriquecedor e imprescindible. "Jamás he hallado -confiesa Don Quijote a Sancho- que ningún escudero hablase tanto con su señor como tú con el tuyo".

De este modo ambos se constituían en ejemplo de esa voluntad de encuentro que, para poder realizarse, salva toda diferencia y supera cualquier obstáculo.

En un tiempo como el que nos ha tocado vivir, aturdido por el ruido y cegado por el cúmulo de imágenes visuales, el libro, el texto escrito, la palabra, siguen alimentando la esperanza en un mundo más libre, más dialogante y más justo.

El libro sigue siendo el gran portador de ideas, el mejor estímulo del ejercicio de la razón y el más eficaz transmisor de valores.

Rendimos hoy homenaje al texto escrito y a la literatura en lengua española a través de nuestro reconocimiento a un gran autor, Don Rafael Sánchez Ferlosio, narrador, ensayista, maestro de la palabra y alquimista del lenguaje.

Le expresamos nuestra más efusiva y sincera felicitación.

A ambos nos une el mismo lugar de nacimiento, la eterna Roma. Familiarizado desde niño con la historia y la cultura nacidas en el Mediterráneo, Rafael Sánchez Ferlosio ha ido forjando con los años una escritura de pureza y perfección clásicas, en la que nos ha entregado un mensaje complejo y completo a la vez, comprometido con la literatura y con la realidad.

Desde el comienzo de su carrera literaria, Rafael Sánchez Ferlosio ha cultivado la investigación lingüística y la experimentación de nuevos recursos narrativos.

A la manera de Cervantes, algunas de sus aportaciones más valiosas como escritor han sido la innovación constante y la minuciosa creación de realidades.

Es también componente esencial de su obra una dimensión utópica, que alcanza el equilibrio entre lo cotidiano y lo fabuloso gracias a una prosa llena de matices y registros.

Constituye un modo de entender la utopía como esfuerzo por hacer real lo que de ordinario se plantea como ideal.

Ya en Industrias y andanzas de Alfanhuí se daban cita la imaginación, la fantasía y el ejercicio poético, sin olvidar el humor. Aquella novela tan temprana nos sorprendía con el milagro de construir un mundo interior capaz de sostenerse por sí mismo, con el único apoyo de una percepción asombrosamente reveladora sobre las cosas.

Su novela inmediatamente posterior -"El Jarama"-, considerada muchas veces como un testimonio fotográfico de la realidad social de la postguerra española, sin embargo, sitúa en primer plano el lenguaje. Es, como lo fue el Quijote, una novela de diálogo y un espejo de la sociedad del tiempo que le tocó vivir.

En ella se combinan de forma sutil la prosa propia de la expresión hablada y coloquial con el lirismo, presente en los pasajes más descriptivos.

Acaso, la más cervantina de sus novelas sea El testimonio de Yarfoz, que desarrolla una historia épica, abierta en mil direcciones de ideas y acción en un mundo imaginario. La gran fuerza de la escritura de Sánchez Ferlosio hace a éste tan real, que puede reflejarse en una cartografía minuciosa.

Pero no le debemos sólo novelas. A lo largo de medio siglo Rafael Sánchez Ferlosio nos ha ido entregando numerosos textos de reflexión en ensayos y artículos hoy recogidos en un buen número de volúmenes.

Tratan de lo divino y lo humano, pero hay un hilo conductor que los une: el ejercicio de un pensamiento libre, articulado en razonamientos exhaustivos que, con el contrapunto de numerosas referencias de cultura, no pierden nunca de vista la realidad cotidiana de nuestro país y del mundo.

Un inconfundible estilo, regido por la preocupación por el detalle y la precisión, brillante y que rezuma por igual humor y lirismo, hace de esos textos una de las contribuciones más valiosas a la actual prosa de pensamiento.

Por ese rico conjunto de obras merece nuestro reconocimiento y nuestra gratitud.

Quiero, pues, expresarle una vez más nuestra más cordial y efusiva felicitación por la distinción que hoy recibe que, con toda justicia, viene a premiar su trabajo.

En este día de Cervantes, gracias, Rafael Sánchez Ferlosio, por la lección, continua e infatigable, de amor y dedicación a la lengua española.

Muchas gracias.

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