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Palabras de Su Majestad el Rey al Consejo Oleícola Internacional en su 81ª reunión

Jaén, 18.11.1999

A

migos miembros del Consejo Oleícola Internacional:

No es la primera vez que me reúno con ustedes, y celebro tener ocasión de hacerlo hoy y reiterarles mi constante aprecio.

Nuestro país es eminentemente oleícola. La ciudad en que nos encontramos, Jaén, habla y se expresa a través del olivar, que es, desde antiguo, distintivo de nuestra condición mediterránea y emblema de un comercio exterior verificado por la arqueología y la Historia.

Celebro ver reconocido el valor del aceite de oliva más allá de los confines de nuestro mar común, y comprobar la extensión a nivel mundial del aprecio de sus cualidades gastronómicas y sus efectos beneficiosos para la salud, verificados científicamente y comprobados a diario por sus consumidores.

En una sociedad tan estrechamente  intercomunicada como la nuestra, debemos cuidar esta imagen y el valor incalculable del aceite de oliva como sector productivo y recurso natural, protector del medio ambiente, y elemento imprescindible de una mejor calidad de vida.

Sigo de cerca los trabajos del Consejo en favor de la familia oleícola, y me constan sus dificultades. Les animo a superarlas utilizando su bien probada capacidad y experiencia y  los recursos que la evolución de las modernas tecnologías pone a su disposición para encontrar los cauces más adecuados a la hora de transmitir datos y argumentos eficaces a los sectores y ambientes en que se juega y hay que ganar esta partida.

Por supuesto a los sectores políticos y económicos que tienen un peso decisivo a la hora de llevar adelante este proceso. Sin descuidar tampoco sus aspectos directamente sociales y de creación de empleo, tanto convencional como altamente cualificado, que son factores esenciales de estabilidad y progreso para sus países productores, y, por tanto, para las organizaciones supranacionales a las que pertenecen. No podemos olvidar la importancia que tienen a estos efectos las técnicas modernas de comunicación, y en particular las iniciativas y programas dirigidos a informar y orientar a los consumidores actuales y potenciales, cuyos gustos y demandas tienen un peso cada vez mayor en los más altos niveles de decisión y ejecución.

Les animo, en fin, a trabajar juntos y a evitar la dispersión de esfuerzos y objetivos que a todos perjudican, procurando fomentar las sinergias inteligentes que facilitan el cumplimiento de los objetivos individuales por el cauce de un fin común.

Estas reflexiones me parecen especialmente oportunas al coincidir con la celebración del cuarenta aniversario de la creación del Consejo Oleícola Internacional.

Con ésta, su ochenta y una reunión, se inicia también el IV Año Mundial del Olivo. Sinceramente les deseo que ambos transcurran con éxito, e impulsen a la oleicultura a progresar y a extender a nuevos y más amplios ámbitos el disfrute de sus impagables beneficios.

Muchas gracias a todos por su asistencia a esta reunión y su cooperación a los objetivos que pretende.

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