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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto inaugural del XXV aniversario de los Premios Príncipe de Asturias

Asturias(Oviedo), 12.04.2005

E

s hoy uno de esos días cuyo recuerdo quedará en nuestra memoria para siempre, pues abrimos con este acto las puertas del XXV Aniversario de nuestros Premios. Pero antes de proseguir permítanme que, junto a la Princesa, dedique un emocionado y respetuoso homenaje a la insigne figura de S.S. el Papa Juan Pablo II cuya personalidad y obra han marcado, sin duda, la historia, el pensamiento y la conciencia de millones de seres humanos en el más de cuarto de siglo de su fructífero pontificado. Mucho es lo que todos le debemos como gran luchador por la libertad y dignidad humanas. Como dijo S.M. el Rey en su mensaje de condolencia, los españoles le debemos agradecer el afecto especial demostrado hacia España en sus inolvidables visitas pastorales a nuestro país. Aquí, en Asturias, yo tuve el alto honor de acompañarle a Covadonga, en una visita que para los asturianos supuso un hito extraordinario en la historia del Santuario de su Patrona.

La celebración que hoy nos reúne es, sin duda, rica en evocaciones y enseñanzas; y no es la menor de ellas la que nos ratifica en nuestra convicción de que una idea al servicio del bien germina y se hace fuerte cuando, unidos, la defendemos con altura de miras, sin que importen los obstáculos ni los sacrificios para hacerla realidad.

Así, con modestia y determinación, andando un camino trazado por la esperanza, se ha escrito la historia de nuestra Fundación a lo largo de este cuarto de siglo, ahondándose año tras año la ilusión, tan querida por mí, de que los Premios que llevan mi nombre sean ante el mundo, desde esta querida Asturias, una gran obra de los españoles unidos.

Me alegra poder decir que hemos llegado hasta aquí felices por haber hecho el camino que queríamos hacer y con la confianza de que, como en el verso de Neruda, hay otros días hermosos y llenos de esperanza que no han llegado aún.

Queremos que estas sean también horas para el recuerdo agradecido, pues nuestro sentimiento y nuestro corazón están con todas las personas que a lo largo de estos veinticinco años de fructífero caminar nos han acompañado, nos han ayudado, se han emocionado con nosotros, y todo eso porque también han creído en nuestra aventura.

Aunque sería imposible nombrarlas a todas, permítanme tener un recuerdo muy especial para el primer Presidente de nuestra Fundación, Pedro Masaveu, cuyo firme y generoso compromiso con los valores fundacionales sigue siendo para nosotros referencia y estímulo constante. Él, junto a un pequeño grupo de valerosos idealistas, pusieron en marcha lo que hoy nos llena de orgullo y sigue su paso con fuerza. También nos sigue estimulando el recuerdo de Severo Ochoa, tantos años Presidente del jurado de Investigación Científica y Técnica, a quien España rinde homenaje este año en el centenario de su nacimiento. A este recuerdo, tan justo y aleccionador, nos unimos con emocionada gratitud.

Con emoción queremos también ensalzar la memoria de los Premiados que ya nos abandonaron. Su memoria siempre seguirá viva entre nosotros engrosando la pléyade de hombres y mujeres insignes que vieron reconocida su meritoria labor y trayectoria con estos Premios.

Asimismo, quiero destacar la generosidad de las instituciones y entidades que han dado numerosas muestras de un vivo deseo para que la celebración de nuestro XXV Aniversario signifique un nuevo impulso para el mejor futuro de nuestros Premios, en el que creemos firmemente.

Deseo reiterar mi agradecimiento y el de esta Fundación al Gobierno de España y al de Asturias, al Ayuntamiento de esta ciudad, a Cajastur, a los medios de comunicación de este Principado, a los nacionales y a los internacionales, a los miembros de nuestros Patronatos y a los de nuestro Protectorado, por todo su apoyo y por toda su generosidad, tan imprescindibles para lograr los altos objetivos a los que nos enfrentamos. Igualmente insustituible es el trabajo de los jurados, que de forma ejemplar han entregado a la Fundación su ecuanimidad e independencia de criterio.

Nuestros galardones han recibido también el respaldo de la UNESCO. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha reconocido, en una declaración, "la extraordinaria aportación de los Premios Príncipe de Asturias al patrimonio cultural de la Humanidad" y en un gesto que también agradecemos profundamente ha acordado auspiciar los actos conmemorativos del XXV Aniversario, que hoy inauguramos.

Pero este acto no estaría completo ni adquiriría todo su sentido si no contara con los protagonistas de esta institución, nuestros Galardonados. Por ello queremos dar especialmente las gracias al admirado Stephen Hawking por haber aceptado con entusiasmo nuestra invitación para regresar a Asturias y pronunciar la conferencia con la que se inaugura nuestra celebración y a la que ha dedicado tanto esfuerzo. Él hoy representa a todas las 242 personas o grupos que han protagonizado estos 25 años. Nunca olvidaremos la presencia de Hawking entre nosotros en 1989, cuando le entregamos el Premio de la Concordia y nos dirigió unas emotivas y sabias palabras.

Este es, por tanto, un día que mira al futuro con esperanza, pues la esperanza es el fundamento de nuestro Premios. Ellos expresan nuestra convicción de que sigue mereciendo la pena, en este mundo de cambios tan acelerados, dedicar todo el esfuerzo, toda la voluntad a la hermosa tarea de que nadie se sienta solo cuando entrega su talento, su inteligencia y su vocación en beneficio de la Humanidad.

Creo, pues, que la Fundación y los Premios, que han alcanzado un prestigio y un reconocimiento internacionales difíciles de imaginar hace veinticinco años, responden claramente a nuestra honda vocación de compromiso con los más altos valores del ser humano.

Hace ya algunos años definía Octavio Paz nuestros galardones con reveladoras palabras, al afirmar que dibujan una suerte de mapa moral e intelectual de nuestro mundo. Es ese mapa moral e intelectual el que hemos ido trazando con cada edición y el que anhelamos que continúe en los años venideros.

Haremos ese camino con raíces y alas, como en hermosa síntesis escribió Juan Ramón Jiménez. Raíces para vivir fuertemente arraigados en esta tierra, que da sentido y origen a nuestra institución, y alas para vivir buscando permanentemente ir más allá, superando los más difíciles retos, atravesando fronteras, salvando con tenacidad y valor cualquier obstáculo.

Este es, para mí, un día muy emotivo, pues, como sucede con los mejores gestos repetidos, la tradición de acudir cada año a Asturias, ahora acompañado por la Princesa de Asturias, para presidir la ceremonia de entrega de los Premios que llevan mi nombre, me ha hecho atesorar muchos instantes que la memoria se niega a olvidar y palabras que resuenan en mi mente y que me acompañarán para siempre.

Hoy puedo apreciar en toda su belleza, precisamente por ello, las que José Hierro le dedicó a Asturias aquel día inolvidable del primer acto de entrega de nuestros Premios, en 1981, cuando recogió el galardón de las Letras. Dijo entonces que los valles y montañas de esta tierra son "como jardines, mosaicos verdes donde todo es diminuto, donde todo se puede acariciar con los ojos".

Juntos, desde esta tierra dulce y a la vez brava, hemos viajado a lo largo de veinticinco años al encuentro de los elegidos. Y aquí, en Asturias, hemos aprendido, año tras año, a entender con mayor hondura qué significan las palabras solidaridad, justicia, valor, esfuerzo, generosidad..., y a la vez, a descubrir otra gran lección de nuestros Premios: que la más hermosa y prometedora aventura de los españoles, si queremos alcanzar las más altas metas, como tantas otras veces lo hemos hecho a lo largo de nuestra historia, es la de ir hacia el futuro unidos en nuestra rica y maravillosa pluralidad de sentimientos.

Esas lecciones le debo, y le debemos muchos, a esta tierra. Es esta una deuda impagable para mí, pues fortalece mi compromiso con España, desde la que, cada otoño, enviamos al mundo con nuestros Premios un mensaje de pasión por la libertad.

Un mensaje que encierra también la necesidad y el firme anhelo de que la vida y la esperanza triunfen siempre sobre el dolor y la injusticia.

Muchas gracias.

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