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Palabras de S.M. el Rey en la Cena Ofrecida por el Ministro de Macedonia y Tracia

Salónica, 28.05.1998

S

eñor Ministro de Macedonia y Tracia,Señoras y Señores,

Nuestra visita a Grecia hubiera quedado incompleta sin este alto en Salónica. Pocos topónimos hay tan evocadores como el de vuestra ciudad: portadora del nombre de la hermana del gran Alejandro, Salónica sólo puede parangonarse con la mismísima lengua griega como símbolo de la continuidad de la nación helénica. Salónica, desde su fundación hasta la actualidad, no ha dejado de ser una gran ciudad y, como la propia lengua griega, ha ido absorbiendo las influencias de todos los que tuvieron contacto con ella.

Al irse acercando a esta ciudad, un sentimiento sugiere al visitante una idea de camino, de tránsito entre culturas y religiones, de canal entre mundos distintos que se cruzan intercambiando sensibilidades, ideas y mercancías sólo posibles en un ambiente de convivencia y tolerancia mutuas.

Salónica será siempre la capital de la Macedonia griega, la Macedonia por antonomasia para los que conocemos y amamos la Historia Antigua, encrucijada de pueblos y siempre codiciada por unos y otros.

Salónica sirve de entrada hacia esa enorme península balcánica que, a su vez, desemboca en la llanura centroeuropea y, por tanto, reconduce los flujos de esa misma península hacia el amplio Mediterráneo, fortaleciendo de este modo los intercambios que han hecho de ella fuente de riqueza.

Ese flujo nada lo puede ejemplarizar mejor que la labor de los hermanos Cirilo y Metodio, cuyo inmenso trabajo religioso, cultural y civilizador, debe ser valorado en su justa medida en Occidente.

La maravillosa exposición del Monte Athos, que hemos podido admirar, alrededor de la cual han girado las demás actividades en el marco de la Capitalidad Europea de la Cultura del año pasado, ha centrado la atención de Europa en vuestra ciudad y en el Monte Santo.

Señor Ministro,

Cómo no recordar ahora también a la vecina Tracia, vía de comunicación con el mundo asiático cuya cultura y civilización exceden por su extensión y riqueza los límites geográficos actuales.  Los descubrimientos arqueológicos hallados en diversas partes de la Tracia histórica atestiguan el alto grado de civilización de ese pueblo. Los españoles no olvidaremos la acogida que esta ciudad dio a los sefarditas que se vieron obligados a salir de España hace quinientos años y que encontraron aquí un puerto de anclaje desde el que supieron difundir un pensamiento mediterráneo más allá de las eventuales separaciones políticas o geográficas.

Con su industriosidad y diligencia, contribuyeron a mantener la pujanza comercial de la ciudad durante toda la Edad Moderna. Además, con su lengua y costumbres, dieron inconfundible sabor español a este rincón del Mediterráneo Oriental.

Desafortunadamente, Salónica ha sufrido en varios momentos de su historia el trágico asalto a la razón que, utilizando la intolerancia y la crueldad, trató de acabar con la vida común de estas civilizaciones.

España lo sufrió como en su propia carne cuando no pudo evitar las masacres perpetradas en esta ciudad, en especial durante la última guerra, en la que perdieron la vida miles de sefarditas, junto con otros pueblos venidos de diferentes horizontes.

Afortunadamente, esta ciudad ha sabido recuperarse y en la vida que rezuma hoy por todas sus arterias y plazas, está la energía que le permitirá seguir siendo no sólo el lugar de recuerdo de Filipo, Alejandro y Aristóteles, sino el centro de un desarrollo que su vitalidad extenderá más allá de las fronteras de Grecia.

Posición tan estratégica como la de Salónica, con una población de siempre tan hacendosa y abierta a influencias extranjeras, había de dar por fuerza un emporio comercial de primera magnitud. Su afamada feria comercial de octubre, con una tradición que se remonta a la época bizantina, fue, desde su fundación, lugar de encuentro donde europeos se daban cita con árabes, judíos y armenios.

Hoy día, pueblos de todo el mundo -entre ellos España- acuden aquí cada otoño para intercambiar productos e ideas. En este sentido, Salónica, con su privilegiado puerto y con la vieja vía Egnatia romana en proceso de conversión en una moderna autopista, constituye la puerta natural de entrada en este Sureste de Europa.

Quisiera alzar mi copa para desear a la emblemática ciudad de la Torre Blanca -de tan inquietante parecido con la Torre del Oro de Sevilla- todo género de venturas en el nuevo período iniciado en los Balcanes, en la esperanza de que aporte a la región toda su pujanza y cosmopolitismo.

Muchas gracias.

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