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Palabras de Su Majestad el Rey en la Cena de Gala ofrecida a Sus Majestades los Reyes de Jordania

Palacio Real de Madrid, 20.10.1999

M

ajestades,

Os damos con muy especial satisfacción la más fraterna y cordial bienvenida con motivo de ésta vuestra primera visita de Estado a España.

Os recibimos con el calor de los recuerdos entrañables que para mi Familia trae el nombre de Jordania, tras las múltiples visitas que hemos hecho a vuestro país.

Su hospitalidad nos ha hecho sentir siempre la hermandad existente entre Jordania y España. Os rogamos, pues, Majestades, que os sintáis ahora en vuestra propia casa.

Los cimientos en que se asienta nuestra relación son sólidos. Hunden sus raíces en culturas milenarias y en trechos históricos compartidos, que han fortalecido el afecto y respeto mutuos.

Con especial emoción, quiero recordar ahora a vuestro padre, S.M. el Rey Hussein, con quien siempre mantuve una fraternal relación.

La historia de su joven y valeroso país es, en gran medida, la historia personal del Rey Hussein, cuya obra estáis llamados a completar. No es frecuente poder contemplar, como tuvo el privilegio de hacerlo toda mi Familia, unas muestras de fervor y cariño popular tan extraordinarias como las que acompañaron a vuestro padre. Pocos pueblos tienen la fortuna de encontrar un dirigente que como él supiera construir y consolidar una nación, y ello, además, en una situación regional y nacional extremadamente compleja y delicada. Junto a este legado, heredasteis también sus enseñanzas que, como habéis demostrado ya sobradamente, os han permitido comenzar a consolidar su labor.

Majestad,

El Proceso de Paz que nació en Madrid a principios de esta década, ha entrado ahora en un período esperanzador con fundadas posibilidades de éxito. España ha promovido con persistencia y dedicación la conclusión de una paz duradera en la región, que sólo se alcanzará logrando una solución justa en las bandas palestina, siria y libanesa.

Jordania, que ya firmó valientemente la paz con Israel en 1994, tiene en ese proceso relevantes y legítimos intereses por los que velar. España valora el papel que Jordania jugó con el admirado Rey Hussein y ve con satisfacción cómo Vuestra Majestad continúa su empeño con extraordinario acierto.

Días atrás, al contemplar las imágenes de Vuestra Majestad en Sharm El-Sheikh, durante el acto que ha desbloqueado el Proceso, no pude sino pensar, emocionado, en las de hace aproximadamente un año, cuando vuestro padre hacía posible, con su constante esfuerzo y dedicación, que los obstáculos que impedían el avance de la paz desaparecieran. España, como Jordania, ha venido impulsando el Proceso de Paz con un  espíritu de moderación y con la vista puesta en un futuro mejor para todos los pueblos de la zona.

En este complejo contexto regional, cobra especial relevancia el esfuerzo que, desde el inicio de vuestro reinado, estáis haciendo para proseguir la tarea de modernización de Jordania en todos los ámbitos.

Conocemos vuestra labor y la de vuestro Gobierno por adaptar las instituciones a las nuevas realidades del mundo. España, que realizó no hace mucho tiempo similares esfuerzos en lo político y lo económico, os apoya con la certeza de que compartimos los mismos objetivos de bienestar y progreso para nuestros pueblos y con la convicción de que sólo en un marco de libertad y democracia es posible alcanzarlos.

Durante los últimos años, hemos asistido a un desarrollo satisfactorio de nuestras relaciones, lo que ha permitido el crecimiento de los intereses comunes. Sin embargo, miramos hacia el futuro y queremos, por ello, reforzar aún más las relaciones bilaterales.

Tenemos que poner, Majestad, los fuertes lazos de todo tipo que nos unen al servicio de esos objetivos, para lograr un engarce más eficaz en todos los ámbitos de nuestras relaciones, no sólo las políticas, sino también las económicas y las culturales. Vuestra visita es una excelente oportunidad que no desaprovecharemos para trazar ese rumbo.

Las profundas raíces que unen a España con los pueblos árabes han propiciado que, desde nuestra dimensión europea plenamente asumida, hayamos dirigido nuestras miradas, con espíritu de solidaridad, hacia el Mediterráneo, con el deseo de que pueda ver la luz en el futuro un auténtico espacio integrado euromediterráneo. Vuestra Majestad conoce bien todas las esperanzas que el Proceso de Barcelona, que busca la creación de un espacio compartido de paz y prosperidad, ha abierto para todos los países ribereños del Mare Nostrum.

En este ámbito, no puedo dejar de destacar la trascendencia del Acuerdo de Asociación Unión Europea-Jordania, que España fue el primer Estado europeo en ratificar.

Jordania tiene una larga trayectoria de logros bajo el reinado de Vuestro padre. Pero el futuro no espera. Ya ha llegado. En escasos meses de reinado, Majestades, habéis sabido llenar el hueco que el Rey Hussein dejó en vuestro pueblo y ganado el aprecio y admiración de todos los países amigos, que contemplamos con enorme confianza el futuro de Jordania.

Grande era el cariño que la Reina y yo sentíamos por el Rey Hussein, nuestro hermano. No va a ser menor el que nos una a los Reyes Abdallah y Rania de Jordania. No olvidéis, cuando regreséis a vuestro país, que contáis aquí en España con el respeto, el cariño y la admiración de sus Reyes, de su pueblo y de su Gobierno.

Con este espíritu y con nuestro renovado afecto, quiero invitar a todos los presentes a levantar su copa por la felicidad de Vuestras Majestades y por la prosperidad del querido pueblo jordano.

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