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Palabras de S.M. el Rey en el almuerzo ofrecido al Presidente de Brasil

Palacio Real, 18.05.1998

S

eñor Presidente:

Con gran satisfacción y alegría, le  damos la más cordial bienvenida en esta su visita a España, que felizmente puede tener lugar ahora, tras la suspensión de su viaje de Estado hace muy pocos días por dolorosas circunstancias que todos lamentamos.

Constatamos hoy que nunca en la historia reciente de nuestros dos países las relaciones han sido mejores. Este fuerte vínculo que ahora nos une, ciertamente favorecido por nuestras raíces históricas y culturales comunes, es el resultado de compartir una similar visión política y, sobre todo, de un consciente y continuado esfuerzo, a lo largo de estos últimos años, por parte de quienes son responsables de conducir los destinos de uno y otro país.

Le felicitamos y nos sentimos satisfechos de que, tras la puesta en marcha del Plan Real, del que Vuestra Excelencia es gran impulsor, Brasil se encuentre ya entre las grandes potencias económicas del mundo. Nosotros conocemos bien lo mucho logrado hasta el momento. Y confiamos todavía más en su determinación para sacar adelante las reformas que aún son necesarias a fin de situar esa gran nación americana entre aquellas que, por su importancia política y económica y por su legitimidad moral, intelectual y social, están llamadas a influir en los destinos de la Humanidad en este ya cercano Siglo XXI.

Conocemos igualmente bien los esfuerzos realizados por su Gobierno para cimentar la democracia, el imperio de la ley, la economía de mercado y una mayor justicia social, que son condición "sine qua non" para asegurar la estabilidad política y un crecimiento económico sostenido.

Nos felicitamos de que, tras la llamada crisis asiática, su Gobierno reaccionara de forma rápida y contundente para atajar los peligros que se cernían sobre su moneda y el mercado de capitales. Puede ya afirmarse que la economía brasileña está de nuevo en el buen camino en pro de una sociedad cada vez más justa, equitativa y próspera.

Señor Presidente:

El hecho de que nuestros dos países se hayan embarcado de lleno en procesos de integración no es ajeno a ese nuevo espíritu de cercanía que anima nuestras relaciones.

El Mercosur, uno de los mayores grupos económicos y comerciales del mundo,  es hoy un actor político internacional de peso, y lo será más en el futuro si continúa integrando nuevos socios e irradiando cada vez mayor influencia en su entorno geográfico.

Un Mercosur más amplio y más consolidado será una garantía para el establecimiento, en su día, de una asociación política y económica con Europa más profunda; y muy  particularmente, para unas relaciones económicas y comerciales más fluidas e importantes con nuestro país.

Este presente y ese futuro tan prometedores estuvieron entre los motivos que animaron a la Unión Europea, y especialmente a España, a buscar en Brasil y en los demás países integrantes del Mercosur uno de sus socios principales. Fue igualmente esta gran promesa la que animó a la firma en Madrid, bajo Presidencia española, del Acuerdo Unión Europea-Mercosur en 1995.

España considera que ha llegado el momento de dar un paso más. Esperamos por ello que en Río de Janeiro, en el primer semestre del año que viene, la Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe constituya un nuevo hito histórico, que defina las líneas futuras de unas relaciones todavía más estrechas entre ambas regiones. Por lo demás, al haber promovido esta Cumbre, España pretende de forma decidida fundar una nueva y mucho más densa cooperación en los campos político, económico y cultural.

Si España ha desempeñado un papel relevante en la definición y en el desarrollo de estas nuevas relaciones entre Europa y América, no ha sido sólo por el pasado histórico común, sino porque ha apostado claramente por el futuro de Iberoamérica. En los últimos siete años, España ha sido el primer inversor europeo en Iberoamérica y el segundo a escala mundial, sólo detrás de los Estados Unidos.

Por lo que respecta a las relaciones entre España y Brasil, el espectacular salto cualitativo debe atribuirse en buena medida a la voluntad decidida de nuestros Gobiernos y al deseo de los empresarios de ambos países de buscar unas fórmulas de cooperación cada vez mejores y más imaginativas.

En el ámbito político gubernamental, es difícil recordar un período en el que en tan poco tiempo se hayan producido tantas y tan importantes visitas. Quiero recordar aquí la del Presidente del Gobierno español a Brasil, en abril del año pasado, y la del Vicepresidente de Brasil a España, en octubre del mismo año. Y ahora es Vuestra Excelencia quien nos honra con su visita.

No deseo dejar pasar esta ocasión, Sr. Presidente, sin agradeceros públicamente la hospitalidad y generosa acogida que dispensásteis al Príncipe de Asturias con ocasión de la inauguración de la Expotecnia que España presentó en Sao Paulo en diciembre de 1996.

Estos intercambios y los de otras autoridades brasileñas y españolas en uno y otro país han permitido dar fe de la gran cantidad de criterios que compartimos. Tenemos, en especial, una visión común respecto a lo que deben ser las relaciones entre Europa e Iberoamérica, lo que deben ser nuestras mutuas relaciones bilaterales y el modo de buscar soluciones para los grandes problemas actuales que afectan a la estabilidad política y económica del continente americano de habla española y portuguesa.

Nos felicitamos de participar junto con Brasil en la Conferencia Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno y de concurrir a ella con una misma opinión sobre sus provechosas consecuencias. Sabemos que ese encuentro delimita y realza un espacio común, lo cual nos permite abordar mejor problemas que, como países iberoamericanos, nos son propios, así como  trabajar conjuntamente en beneficio de nuestros ciudadanos.

También nos satisface sobremanera comprobar la presencia cada vez más activa de Brasil en Iberoamérica y en el mundo, asumiendo de esta manera la gran responsabilidad implícita en su condición de gran potencia política y económica.

A este respecto, aplaudimos el papel que Brasil, junto con los demás miembros del Mercosur, está desempeñando como fuerte valedor y defensor de la democracia en la región. Y expresamos asimismo nuestra estima por la efectiva función de intermediario que en compañía de los demás países garantes está prestando en el contencioso territorial entre Perú y Ecuador, lo que permite vislumbrar una solución pacífica.

Señor Presidente:

La creciente importancia de nuestras relaciones económicas y financieras queda reflejada en las cifras de intercambio comercial y de inversión.

Y también nuestras relaciones de cooperación crecen y se afianzan. La convivencia y los intercambios entre nuestros universitarios, nuestros científicos y nuestros técnicos son hoy frecuentes. Su trabajo en común redunda en el progreso de nuestras sociedades y en su acercamiento.

En la facilidad con que brasileños y españoles se encuentran y se entienden, subyacen la conciencia de nuestra proximidad cultural y una simpatía y admiración recíprocas por el carácter, la historia y la cultura del otro.

El portugués y el español se cuentan entre las lenguas más difundidas del mundo, no sólo por el número de quienes las hablan, sino por la cultura y el conocimiento que ayudan a expresar. Sé del creciente interés en Brasil por la lengua española y aliento la labor que nuestros Centros, a los que se sumará ahora el Instituto Cervantes, realizan para enseñarla y para formar a quienes la enseñan.

Me he referido a los nuevos españoles que han ido a Brasil, pero no puedo olvidar a aquellos que en siglo y medio de emigración también se expatriaron en circunstancias mucho más difíciles. En ese gran confluir de sangre, raza y religiones que constituye el Brasil de hoy, una parte importante de la población tiene, para nuestro orgullo, origen español. Y nunca olvidaremos cómo Brasil tendió la mano a aquellos españoles y les ofreció un nuevo país donde desarrollarse y prosperar.

Señor Presidente:

Son éstos unos años en los que las naciones ibéricas y americanas recuerdan y examinan los comienzos de su historia común con la mirada puesta en el futuro. El proceso que se inició entonces, por incorporación de lo diverso, ha dado lugar a sociedades étnicamente plurales que, sin embargo, comparten una visión del mundo. Esos principios comunes explican que hoy podamos sentir y dialogar en  el mismo lenguaje, porque palabras como democracia, libertad o justicia tienen idéntico significado a ambos lados del Atlántico.

En el año 2000, Brasil celebrará el V Centenario de su Descubrimiento: momento oportuno para que recuerde su pasado y afronte con seguridad y confianza los objetivos del próximo milenio.

Nombres como Vicente Yáñez Pinzón, el Padre Anchieta, Cabeza de Vaca y Orellana son resonancias españolas que pertenecen a la primera historia de Brasil, y que tuvieron luego un dilatado seguimiento. España quiere participar en las celebraciones del V Centenario de Brasil evocando ese pasado común y con la convicción de que el porvenir nos depara un horizonte compartido y fructífero.

Por tantos motivos, España está de nuevo hoy presente en Brasil, con una apuesta fuerte, esperanzada e irreversible por el futuro de su país.

Permítame por ello, Señor Presidente, que levante mi copa para dar a Vuestra Excelencia y a la distinguida delegación que le acompaña la más cariñosa bienvenida a España, para desearles la mayor felicidad personal y familiar y para brindar por el prometedor futuro de nuestras relaciones.

 

 

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