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Discurso de Su Majestad el Rey al Cuerpo Diplomático

Palacio Real de Madrid, 27.01.1999

E

xcmo.  Sr. Nuncio y Decano del Cuerpo Diplomático,Excelencias,

Permítanme que, un año más, agradezca su presencia y exprese mi reconocimiento por las amables palabras del Decano del Cuerpo Diplomático.

Como ya es tradición, nos reunimos en Palacio en una ocasión que la Reina y yo deseamos aprovechar para desear toda suerte de venturas a los Embajadores de los países amigos y organizaciones internacionales aquí representados.

En un mundo cada vez más interdependiente y mejor comunicado, los acontecimientos y los problemas adquieren un carácter global y, por tanto, nos incumben y afectan a todos.

En 1998 hemos asistido con ilusión y renovada esperanza a esfuerzos meritorios en pro de la paz y también, desgraciadamente, se han mantenido vivos conflictos regionales violentos.

Si los problemas son globales, las soluciones también han de serlo. Por ello, más que nunca se impone hoy la cooperación internacional, para acabar con las amenazas a la convivencia pacífica de los pueblos y para promover la solidaridad ante los desastres naturales que regularmente se producen en diferentes partes del mundo.

Cooperación y solidaridad deben también presidir la creciente sensibilidad de las naciones ante la conservación del medio ambiente y la necesidad de promover un desarrollo sostenible.

Los esfuerzos hechos en este sentido en la reciente reunión celebrada en Buenos Aires, que fueron continuación de los de Kyoto, mueven a un cierto optimismo en la medida en que definen objetivos que deben ser alcanzados y establecen los medios que pueden conducir a hacerlos realidad.

España, inspirada precisamente por ese conjunto de valores y por esa concepción del mundo, ha sumado su esfuerzo a la ayuda internacional, como lo viene haciendo en los últimos años de manera creciente. Ese es el espíritu con el que España mantiene su continuada participación en las misiones de paz y de interposición en tres continentes de nuestros entorno, con el que ha promovido la ayuda para paliar tragedias tan terribles como la desolación dejada por el huracán Mitch, y con el que ha seguido solidarizándose con las necesidades de los países menos desarrollados, a través de sus programas oficiales de cooperación y de  asistencia técnica.

En estos ámbitos, me enorgullece especialmente la forma en que la ciudadanía española se ha identificado espontáneamente con esos afanes altruistas y ha dejado patente su singular generosidad.

Por otro lado, en este año que dejamos atrás, España ha rubricado su voluntad europeísta, cumpliendo los objetivos marcados para alcanzar la Unión Económica y Monetaria, lo que ha permitido, desde sus inicios, nuestra participación en las oportunidades y retos que nos brinda el Euro.

Europa demuestra con este avance sustantivo que es capaz de desafiar a su propia historia. Entendemos que el extraordinario valor añadido que la integración aporta a toda la ciudadanía europea -en términos de progreso, paz, estabilidad y bienestar- ha de ser profundizado y compartido mediante el diseño de imaginativas políticas de empleo hacia dentro y la ampliación de la Unión hacia el Este. Unas políticas y una ampliación que, a todas luces, reclaman nuestra atención inmediata.

Con la entrada en vigor del Tratado de Amsterdam, hacemos votos por una Europa cada vez más próspera, eficiente y participativa, imbuida del ideal de cohesión, entusiasta de solidaridad en sus vertientes interna y externa, y con la clara voluntad de promover una mayor presencia política en el mundo. En pro de esos objetivos definidos, la diplomacia española seguirá esforzándose en el año que iniciamos.

Para todo ello, Europa podrá contar con nuestra resuelta colaboración. Al efecto, España seguirá participando activamente en el proceso actual de renovación de la Alianza Atlántica, al tiempo que continuará propugnando una activa política de apoyo para consolidar la Identidad Europea de Seguridad y Defensa. Entendemos que el camino hacia una seguridad y defensa europeas pasa por la estrecha coordinación entre la Unión Europea, la UEO y la OTAN, así como por la potenciación del papel que le corresponde a la OSCE.

Desde nuestra seria preocupación por la persistente conflictividad en Kosovo y otras regiones del mundo con crisis internas, España considera que es a la vez una responsabilidad y un deber de todos coadyuvar a hacer de nuestro planeta un entorno cada vez más pacífico y solidario. Buen ejemplo de ello es la Conferencia para la Aplicación de la Paz (PIC), que se celebró recientemente en Madrid.

En unión con los países que conformamos la Comunidad Iberoamericana de Naciones, estamos empeñados en hacer de nuestro extensísimo espacio cultural un auténtico baluarte de los ideales y los objetivos que nos hermanan, como ha quedado una vez más puesto de relieve en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Oporto. 1998 ha sido el año en el que, felizmente, se han consolidado los procesos de paz en Centroamérica, se ha abierto la esperanza de la paz en Colombia y se ha concluido el Acuerdo de Paz entre Ecuador y Perú, a cuya firma tuve el privilegio de asistir.

Y también, a lo largo de 1998, se intensificaron los esfuerzos por mejorar nuestra cooperación. Con este objeto entró en vigor una nueva Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Nuestro notorio flujo inversor hacia Iberoamérica también se ha mantenido. La red de empresas mixtas, que cada vez se hace más tupida, es muestra  inequívoca del interés que la sociedad española pone en estar presente, de manera dinámica, en los procesos de desarrollo  y creciente bienestar de las naciones hermanas.

Por su parte, 1999 será el año en que se celebre la primera Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe, que abre perspectivas esperanzadoras de cooperación y entendimiento.

España tiene con el Mundo Árabe unos tradicionales y muy apreciados vínculos de amistad y un mar compartido que aspira a ser, cada vez más, una zona de paz y prosperidad común, que facilite el desarrollo de un Magreb estable y una relación basada en la amistad, mutuamente beneficiosa.

Sin  embargo, tal y como he tenido ocasión de recordar en mi último mensaje de Navidad, sigue siendo para nosotros motivo de grave preocupación la conflictiva situación que vive Oriente Medio.

No termina de afianzarse en la región la paz tan anhelada y que tantos esfuerzos y vidas está costando. A pesar de todo, España pone sus esperanzas en los recientes acuerdos de Wye Plantation, que refuerzan el Proceso de Paz lanzado en la Conferencia de Madrid. Nuestro país continua, por supuesto, abierto a prestar su apoyo y ayuda a esa causa.

El Africa Subsahariana sigue siendo motivo de grave preocupación. Frente a situaciones esperanzadoras, como la de Nigeria, muy diversos conflictos asolan el continente, lo que entorpece trágicamente la vía de la reconciliación y del progreso. La crisis en la Región de los Grandes Lagos, el recrudecimiento de la guerra de Angola y los trágicos acontecimientos de Sierra Leona, donde un compatriota sigue injustamente retenido, demuestran que la comunidad internacional debe redoblar sus esfuerzos en pro de la paz y de la concordia.

Dentro de unas semanas, viajamos a Sudáfrica y Namibia, donde reiteraremos el  compromiso de España con el desarrollo de un continente que sigue siendo el de la esperanza, y donde la Cooperación y las ONGs españolas desarrollan un papel digno de todo elogio. Asia y el Pacífico constituirán, en los inicios del próximo milenio, uno de los vértices esenciales en el panorama político-económico mundial. Es lo que España percibe como "la nueva frontera", que requiere fortalecer el mutuo conocimiento entre nuestros pueblos.

Por esta razón, España ha decidido otorgar un carácter prioritario al fomento de una presencia española más intensa en los países de la zona. Estamos seguros de que la actual crisis económica y financiera asiática será sin duda superada y confiamos en que las naciones afectadas recobren el vigor económico del último decenio.

Hoy, más que nunca, consideramos primordial el papel que le incumbe a las Naciones Unidas de preservar la paz y la seguridad mundiales.

Por ello, lamentamos la agudización del contencioso entre Irak y la comunidad internacional. La principal preocupación española se centra en la población iraquí inocente, que soporta privaciones y sufrimientos. Deseamos que las Naciones Unidas persistan en la búsqueda de una solución  pacífica que asegure el mantenimiento de la paz y garantice la aplicación de la legalidad internacional, contribuyendo también a la asistencia humanitaria de la población.

En cuanto al Sahara Occidental, España respalda plenamente el Plan de Arreglo General de Naciones Unidas, y ha colaborado activamente en su aplicación sobre el terreno.

Por otra parte, el año 1998 será también recordado en la historia por la aprobación, el año pasado, del Estatuto del futuro Tribunal Penal Internacional, que ha supuesto un paso fundamental para evitar que determinados crímenes, especialmente graves, queden impunes.

Señor Nuncio,Excelencias,

De la misma forma que en 1998 hemos conmemorado, con la dignidad e importancia que se merecían, el IV Centenario de la muerte del  Rey Felipe II y el Cincuentenario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en 1999 corresponderá celebrar igualmente los cincuenta años de la creación del Consejo de Europa, el último Año Santo Jacobeo del milenio y el IV Centenario del nacimiento de Velázquez, así como la preparación de la conmemoración, en el año 2000, de la venida al mundo de ese insigne europeo que fue el Emperador Carlos I.

Confiamos en que esas celebraciones nos sirvan de guía en los años venideros para construir un mundo más pacífico y más justo.

Por último, permítanme que la Reina y yo les deseemos asimismo un año venturoso y feliz en lo personal, junto a sus familias; al tiempo que formulamos los más fervientes votos de prosperidad, paz y concordia para todos y cada uno de sus países.

Muchas gracias.

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