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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración del rehabilitado Teatro de las Cortes

Cádiz(San Fernando), 10.03.1999

L

os ciudadanos de San Fernando pueden sentirse orgullosos de contar entre sus edificios más significativos con este Teatro de las Cortes que, tras una profunda labor de restauración, podemos hoy contemplar magníficamente remozado.

El esfuerzo, el tiempo, y el cuidado que se ha dedicado a esta tarea, están justificados por la trascendental importancia de los acontecimientos históricos que en él tuvieron lugar.

El año 1810, crucial para nuestra patria, cuando se pensaba que no existía posibilidad alguna de detener el incontenible avance de las tropas napoleónicas, se resolvió que el Gobierno pasase a la entonces villa de la Real Isla de León, donde se emplearían los últimos recursos en la defensa de la libertad y la independencia de España.

Fue entonces cuando la Junta Central se disolvió y entregó el poder al Supremo Consejo de Regencia, no sin antes decretar el modo de convocar y celebrar las Cortes, que iniciaron sus sesiones en este Teatro el 24 de septiembre.

Así entró España en la época contemporánea, marcada por unas claves con las que escribimos páginas inolvidables que no pueden quedar oscurecidas entre los recuerdos del pasado, sino que siguen teniendo una vigencia que nos toca renovar y desarrollar.

En primer lugar, el pueblo español fue por primera vez protagonista de su Historia. Fue él quien con entusiasmo y valentía levantó el país contra los ejércitos más poderosos de la época, triunfadores de toda Europa. Su hazaña, retratada por Goya en cuadros inmortales, es la de los hombres, y también las mujeres, de la calle y de a pie, cuyos rostros expresan una profunda convicción en la razón y dignidad de su causa.

En este contexto hay que situar la apertura de las Cortes Generales y Extraordinarias y su determinación de declarar que en ellas, en cuanto representación de todos los españoles, residía la soberanía nacional, traduciendo así al orden jurídico lo que ya era realidad en el plano de los hechos.

Muchas cuestiones importantes decidieron los diputados aquí reunidos. Entre ellas hay que destacar, como signos de un tiempo nuevo y de su afán de atribuir la titularidad de los derechos políticos a todos los españoles, la que declaraba a los de ambos hemisferios iguales en derechos, como miembros de una sola y misma monarquía, nación y familia, y la que decretaba la libertad de imprenta. La obra por excelencia de aquellas Cortes fue la Constitución de 1812, cuya fama traspasó nuestras fronteras e inspiró las de varios países europeos e iberoamericanos de la época, y que para nosotros inaugura la historia del constitucionalismo español, enlazando nuestras antiguas libertades y raíces específicas con los imperativos de una época nueva y diferente.

Así, aunque su vigencia efectiva fue breve, y en ocasiones azarosa, su aliento da vida a un proceso que culmina con nuestra Constitución de 1978.

Las Cortes que en este lugar se inauguraron siguen siendo, pues, constante referencia de lo que los españoles podemos lograr unidos, cuando trabajamos con resolución y abordamos con altura de miras nuestra tarea.

Este talante se llamó liberal, un nombre que se incorporó enseguida al vocabulario político universal. Con él se apellidaron entonces los partidarios de una reforma indudablemente necesaria. Pero en nuestra lengua este término tiene también un significado original y más profundo, que se refiere a quien es auténticamente generoso y desprendido.

Con estas virtudes se hizo, como todos sabemos, nuestra actual Constitución, cuyo vigésimo aniversario hemos celebrado recientemente. Éste es el criterio con que cada día tenemos que leerla, cumplirla y continuarla conforme a su espíritu, que es el de iluminar y dirigir la convivencia y el progreso de todos.

Al honrar la memoria de quienes entre estos muros procuraron el bien de España, hemos de reavivar también las lecciones que sus hechos suscitan y que simboliza hoy este singular edificio, al renovar el recuerdo del  teatro de la Isla, que hombres ilustres convirtieron en testimonio de una España más libre y más justa.

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