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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de inauguración de la nueva sede del Consejo General de la Abogacía Española

Madrid, 28.09.1999

C

onstituye una satisfacción para mí compartir con ustedes, Decanos de todos los Colegios de Abogados y máximos representantes de los abogados españoles, este entrañable momento en el que inauguramos la nueva sede del Consejo General de la Abogacía Española.

Quiero, en primer lugar, felicitarles con este motivo, deseando que en esta su casa común puedan desarrollar con éxito los fines que la normativa les encomienda.

La Constitución de la que nos dotamos en su día todos los españoles, consagró en su artículo 24, como uno de los derechos fundamentales, el de defensa, lo que ha supuesto sin duda un avance sustancial en nuestra sociedad y en la consolidación del Estado de Derecho.

A ustedes les corresponde en primer lugar  el honor de ejercerlo  en favor de  sus conciudadanos, haciendo imperar la Ley y el Derecho.

Los abogados son, sin duda, una de las piezas fundamentales en la compleja maquinaria de la Administración de Justicia y, desde el lugar privilegiado que ocupan, deben, en colaboración con los otros profesionales del Derecho con los que comparten su quehacer diario, poner todo su empeño en conseguir una justicia eficaz, rápida y cercana a los ciudadanos.

Como ha recordado su Presidente en el discurso que acabamos de escuchar, hace pocos meses celebraron ustedes su Congreso, en el que trataron temas trascendentales.

Sé de la importancia de sus debates y conclusiones, y del esfuerzo de unidad que entonces realizaron, y que la sociedad a la que sirven les agradecerá.

La nueva sede que hoy inauguramos, pilar de esa unidad, será lugar de encuentro de todos los abogados españoles, y servirá para poner en común ideas y proyectos encaminados a dar el mejor servicio posible a los ciudadanos, tal y como demandan nuestro tiempo y sus circunstancias.

Esta casa común estará también abierta a la Unión Europea, Iberoamérica y el resto del mundo. No debemos olvidar que en los próximos años se hará efectiva la Directiva de Libre Establecimiento de los Abogados de la Unión, que permitirá el ejercicio de su noble profesión en todo el territorio europeo, y les exigirá estar preparados para competir en condiciones de igualdad con sus compañeros.

Espero que incrementen sus relaciones y colaboración con las naciones hermanas de Iberoamérica, con quienes nos unen vínculos y responsabilidades especificas, a las que deben ustedes hacer honor con su preparación y experiencia.

Su presencia en los distintos foros internacionales está siendo sustancial. Les animo a seguir participando en los organismos y encuentros internacionales, y llevando la voz de la Abogacía española a todos los rincones del planeta.

Les invito también a continuar su lucha en defensa de los derechos humanos. A las puertas de un nuevo milenio, vemos con tristeza y preocupación que estos derechos, tal y como los recoge la Declaración Universal de 1948, no sólo no se han instaurado, como exige su texto, sino que en muchos países del mundo son reiteradamente violados.

Y allí donde se han producido estas violaciones, la Abogacía ha estado presente y ha hecho oír su voz, dando testimonio y ejemplo de su vocación.

Termino deseándoles que estas breves reflexiones, hechas con la confianza que la Corona tiene en los profesionales del Derecho, puedan servirles para afrontar con ilusión y esperanza esta nueva etapa que comienzan, y en la que ustedes y todos  nosotros hemos depositado grandes esperanzas, que estamos seguros se verán cumplidas.

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