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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida por el Rey Hussein de Jordania

Jordania(Amman), 23.03.1977

M

ajestad, os agradezco profundamente vuestras palabras de amigo. Son el símbolo de una hospitalidad que la Reina y yo apreciamos como un regalo del espíritu y que nos conmueve de verdad.

Los antiguos lazos de amistad personal que nos unen, se renuevan hoy en un reencuentro que es, además, el de nuestros pueblos. Esta es, pues, una ocasión feliz.

Muchas son las cosas, Majestad, que nos ligan. Un mismo sentimiento del deber respecto a nuestros pueblos, una formación dominada por la idea de servicio y una voluntad de aunar progreso y tradición en la vida política de nuestros dos pueblos. Sobre todo, nos une ser representantes de los países hermanados por la historia. En la formación histórica de España, el elemento árabe ha sido uno de los factores esenciales. Durante casi ocho siglos, la diaria convivencia de musulmanes y cristianos en el solar que llamamos España ha ido entretejiendo un apretado lienzo de tradiciones, sensibilidades y viviencias comunes. Nada hay en el entramado que constituye una nacionalidad que no responda a razones y raíces profundas. Nada perdura en la acción de gobernantes cuando ésta va contra el sentido de su constitución histórica, moral y psicológica. Toda labor de modernización debe efectuarse, si desea ser profunda y duradera, en el respeto a verdaderas tradiciones.

El pueblo español no se ha sentido nunca ajeno a las causas de la nación árabe, ni puede ser indiferente a la tarea del logro de la paz en una región vital para el equilibrio mundial. La paz es indivisible. Pero a este sentimiento general, basado en los principios que siempre sustentaron los juristas españoles y que ha hecho suyo el Estado español, se une la amistad que por los pueblos árabes siente cotidianamente el español.

1977 ha recibido un crédito de esperanza respecto a la posibilidad de la paz en el próximo oriente. Paz que, para ser duradera, debe basarse en la justicia y en los derechos legítimos de los pueblos de la región. Yo hago votos para que esa paz se logre próximamente; y, al formular estos votos, brindo por la ventura personal de Vuestra Majestad, por que el éxito corone las tareas de vuestro gobierno y por la prosperidad y felicidad del Reino jordano.

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