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Palabras de Su Majestad el Rey al Príncipe heredero de Arabia Saudí Fahd Ben Abdul Aziz con motivo de su visita a España

Madrid, 31.05.1977

A

lteza Real, quiero daros, ante todo, la más cordial bienvenida y hacer patente la íntima satisfacción con que os acogemos en esta vuestra primera visita a España como príncipe heredero de Arabia Saudí. Mi primer pensamiento, al teneros entre nosotros, evoca la figura serena de vuestro augusto hermano el Rey Feisal, con cuya amistad me honré, y que ha dejado indeleble huella en la historia de vuestra patria y en la de la comunidad internacional. Sus profundas convicciones, su dedicación infatigable al progreso de vuestro pueblo, su aguda intuición de los altos destinos a que está llamada la nación árabe y su alto prestigio internacional, hacen del Rey Feisal figura ejemplar, presente siempre en nuestra memoria.

Deseo también, en esta solemne ocasión en que se os abren las puertas de España, rendir testimonio de mi admiración y fraternales sentimientos a su majestad el Rey Jaled, y manifestaros la profunda alegría que nos causa el feliz restablecimiento de su salud y su plena reincorporación, tras días de sufrimiento, a las trascendentales tareas de gobierno de vuestro país, compartiendo el júbilo que vuestro pueblo ha exteriorizado en el triunfal recibimiento que ha tributado a su soberano.

Sabéis, Alteza, con cuánta atención España sigue la acción de vuestro Rey y de vuestro gobierno, no ya sólo al contemplar el espectacular desarrollo de Arabia Saudí, sino muy especialmente al apreciar el esfuerzo de generosa ayuda económica y financiera que venís prestando a las naciones en vías de desarrollo, tanto en el marco bilateral como a través de las instituciones internacionales de financiación, trasladando así parte muy sustancial de vuestra acrecida riqueza hacia aquellos países que tienen mayores necesidades.

En el plano de vuestra reciente acción internacional, el denodado esfuerzo, coronado por el éxito en lo que pasará a la historia como «la paz de Riyad» que puso fin a la trágica guerra del Líbano constituye el futuro más inmediato del alto prestigio que vuestro reino tiene en el mundo, y que seguís aplicando a la noble misión de lograr objetivos de paz en esa región.España, con una vocación mediterránea que dictan su geografía y su historia, aprecia en su alto valor estos esfuerzos en pro de la moderación, del entendimiento y, en definitiva, del logro de una solución justa del conflicto de oriente medio y de la estabilidad de la zona. Dentro de ese mismo espíritu inspirado en objetivos de amistad y cooperación, España hace sentir su voz en el Mediterráneo occidental.

Hemos seguido, asimismo, con la natural atención la política del Reino Saudí en relación con los niveles de precios del petróleo.

España ha valorado la actitud adoptada por vuestro gobierno al subordinar criterios económicos a imperativos de paz y de cooperación percibiendo, de forma singularmente penetrante, la problemática que tan delicado tema comporta.

Sabéis, Alteza, la gran importancia que España da a la amistad y a la cooperación con la nación árabe; es ésta una constante de nuestra política exterior que se inserta en entrañables y singulares lazos de sangre y en siglos de convivencia. Es mi propósito, y el de mi gobierno, potenciar al máximo los vínculos con estos pueblos hermanos a los que nos une un pasado de gloria y con quienes compartimos tantos objetivos futuros. La posición geográfica de una España inserta en Europa, y sus fraternales relaciones con los países árabes e iberoamericanos, son firme base para alentadores quehaceres comunes. Estoy seguro, también, de que compartís nuestro deseo de hacer que las relaciones entre Arabia Saudí y España, crezcan y se estrechen, facilitando los contactos entre nuestros hombres y las relaciones de toda índole entre nuestros pueblos.

Esta visita vuestra, Alteza, es un jalón trascendental en esta convergencia y mayor acercamiento y cooperación entre nuestros países. Me consta que las conversaciones que tendrán lugar durante estos días entre mi gobierno y las ilustres personalidades saudíes que os acompañan sentarán unas sólidas bases para el logro de aquellos elevados fines.Con la ilusión y la esperanza de que en el futuro próximo pueda visitar vuestro Reino, dentro de este mismo espíritu de cooperación y hermandad, permitidme, Alteza, que levante mi copa por Su Majestad el Rey Jaled, por vuestra ventura personal y por la felicidad y prosperidad del noble pueblo saudí.

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