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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Apertura del Curso Escolar 2000-2001

Murcia, 14.09.2000

V

engo a testimoniaros el interés de la Corona por el mundo de la educación, y expresaros mi satisfacción al reunirme con vosotros en Murcia para inaugurar el Curso Escolar 2000-2001 de este Centro y de los Institutos y Colegios de toda España. Y al hacerlo os traigo también el saludo afectuoso de SS.MM. los Reyes, mis Padres que hoy regresan de Su viaje de Estado a Portugal.

De alguna forma me dirijo, por tanto, a todos los escolares españoles que iniciáis un año nuevo de vuestra formación y en particular a los que lo hacéis aquí en Murcia, esta ciudad tan hospitalaria y generosa, que tiene en su juventud el más fuerte resorte de futuro. En vosotros los jóvenes pone Murcia y España entera, sus esperanzas y a vosotros debe dedicar el esfuerzo necesario para que deis lo mejor de vosotros mismos, en beneficio personal y para el bien de todos.

Ya sabemos que en nuestros días la educación se percibe cada vez más como motor del desarrollo y el progreso de los pueblos. Pero hoy ese progreso sólo se garantiza prolongándola, mas allá de los límites convencionales, en una formación permanente, mediante la cual los conocimientos ya adquiridos se adapten continuamente a los cambios sustanciales que se van produciendo en nuestro entorno.

Todos necesitamos esa formación permanente ó constante, que nos refresque y oriente; que nos abra los ojos a nuevas realidades e ideas, que nos permita una mayor conexión intergeneracional.

De ahí la importancia del curso escolar que ahora iniciamos en el conjunto del proceso educativo; es un eslabón de la cadena, pero es aquí donde se sientan las bases del conocimiento y se adquieren las técnicas necesarias para comprender y hacer efectivo cuanto se aprende en la realidad a lo largo de la vida, para transformarla y mejorarla.

Os animo, pues, a afrontar este curso con ilusión, y con el propósito de aprovechar todas las oportunidades que os ofrece el horizonte de nuestro tiempo, cada vez más abierto con más medios, y también más exigente.

Responder adecuadamente a sus retos es en este momento vuestra principal responsabilidad, y os pido para ello un sincero compromiso y un esfuerzo continuado que estoy seguro sabréis mantener, con el optimismo y empuje propios de vuestra edad. Como decía al principio: No sólo en busca de vuestra perfección individual, sino también de la mejora colectiva. Recordad que os educáis para la vida. Además de las materias concretas que tenéis que dominar, debéis guiaros por una serie de valores fundamentales, que os atañen como personas y como ciudadanos.

La escuela es por ello un lugar especialmente idóneo para el aprendizaje de la convivencia. En ella se ensayan las formulas esenciales para vivir en comunidad, fijar objetivos comunes, respetar a los demás, escuchar sus opiniones, buscar acuerdos y esforzarse en conseguir la concordia.

Un claro ejemplo al que debéis aplicar estos principios es la nueva realidad social que supone el hecho de la inmigración. Vais a estar codo con codo con personas de muy distinta procedencia, cultura y religión y en ese sentido os pido que facilitéis y colaboréis decididamente en la integración de esos jóvenes en las aulas y en la vida cotidiana de vuestra comunidad, favoreciendo así una provechosa convivencia cultural.

Aquí, en fin, tenéis ocasión de cultivar y practicar la solidaridad, entre vosotros y con aquellos que no disponen de las oportunidades de las que vosotros disfrutáis. Tenéis que ser conscientes desde ahora de vuestras obligaciones hacia los demás y con la sociedad en su conjunto. Creo firmemente que sólo así lograreis realizaros plenamente y dejar una huella positiva de vuestro paso por la vida.

No quiero terminar sin referirme al profesorado, sin cuyo esfuerzo diario sería impensable la tarea educativa. En ningún momento he dejado de tenerlo presente, aunque hoy he creído que debía dirigirme, de modo especial, a los más jóvenes. A quienes enseñan, por tanto, dirijo también una palabra de aliento y de gratitud por su trabajo y dedicación. Sabed, que cada día que pasa recuerdo con mayor afecto y gratitud a los que fueron mis profesores y maestros en todas las etapas educativas por las que he pasado.

Termino ya deseándoos que el curso que ahora comienza signifique para todos, docentes y alumnos, un nuevo estímulo en vuestras vidas y en la búsqueda de una formación integral y provechosa.

Declaro inaugurado el Curso Escolar 2000-2001

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