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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el primer centenario del Instituto Católico de Artes e Industrias (ICAI)

Madrid, 04.03.2009

H

oy es un día importante para los estudios de ingeniería en España. La Universidad Pontificia Comillas celebra el primer Centenario de su Instituto Católico de Artes e Industrias, más conocido como ICAI en toda España. Y la Princesa y yo, nos sentimos afortunados por poder compartir vuestra alegría y el orgullo que sentís al tomar conciencia de vuestra historia fértil, la vuestra y la de la propia Compañía de Jesús, en una de las tareas más importantes que acomete la humanidad: proporcionar una educación, una formación integral a las personas ?a la sociedad, y lo que hoy día llamamos capacitación profesional. En definitiva, la responsabilidad de transmitir conocimiento, de facilitar el desarrollo del talento y la mejora técnica de nuestros jóvenes y así contribuir a mejorar el desarrollo y el bienestar de las sucesivas generaciones.

Por ello -y sobre todo- queremos transmitir nuestra cariñosa enhorabuena al ICAI y os agradecemos vuestra invitación y la oportunidad que ello nos da para sumarnos a las numerosas alabanzas que con toda seguridad estáis recibiendo. Sinceramente os digo que es un honor para nosotros presidir este acto. Pero permitidme que en estas palabras de felicitación general mencione a quienes dirigen actualmente el Instituto, a sus profesores, a todo el personal, administrativo y de servicios, así como a los alumnos y antiguos alumnos, en quienes convergen todas las actividades del ICAI. También queremos tener un recuerdo especial para quienes han entregado a este Instituto lo mejor de sus vidas y ya no están entre nosotros.

Aquí se han formado y continúan formándose grandes profesionales. Es justo, por lo tanto, que reconozcamos el rigor intelectual y exigencia académica de este Centro, que son los pilares que sustentan su prestigio, y que, junto a las demás Escuelas Técnicas Superiores, se inscribe en la sólida tradición de excelencia que la ingeniería española ha sabido acrecentar día a día.

Los ingenieros españoles, cualquiera que sea su especialidad, se han situado desde hace tiempo en las cotas más elevadas de formación y calidad profesional, compartiendo fama con la elite de la ingeniería Europea o de los Estados Unidos. De ahí que, por su alta preparación, eficiencia y versatilidad, nuestros ingenieros hayan sido -y son- piezas clave para entender nuestro progreso así como la importante internacionalización vivida por nuestras empresas.

Gracias al espíritu ilustrado del siglo dieciocho que tanto impulsó y fomentó la Corona, y a la toma de conciencia sobre lo importante que era ?y es- la ingeniería para la modernización de nuestro país, nació el ?Real Seminario Patriótico Vascongado de Vergara?, origen del ?Real Instituto Industrial?, creado en 1850 bajo los auspicios de la Reina Isabel II.

Quedó entonces formalizada la Carrera de Ingeniería Industrial en España, como enseñanza de naturaleza multidisciplinar y amplia base científica y técnica, esencial para el futuro de nuestro país.

El ICAI, obra de la Compañía de Jesús, contribuyó paulatina y activamente a reforzar desde 1908 el acreditado nivel formativo de nuestra ingeniería industrial, a la que aportaría una definida impronta y marcada personalidad.

Merece destacarse que este Instituto nació con un signo distintivo en el ámbito de la acción social. Creó dos establecimientos de enseñanza para trabajadores -una Escuela de Aprendices y unos estudios de peritaje- que permitieron a cada alumno labrarse un porvenir y, al mismo tiempo, formarse como persona, ciudadano y profesional, para contribuir al avance de nuestro país.

El ICAI contó desde el principio, con la participación conjunta de sacerdotes y laicos, que compartieron grandes ideales en la concepción de este proyecto, con los que abordaron una empresa, no exenta de dificultades, para primero preparar a sucesivas generaciones de trabajadores y, después, de ingenieros.

La modernidad de los planteamientos de aquellos pioneros, se manifestó en su acertada capacidad para anticipar - e incorporar a su modelo de enseñanza - el inmenso protagonismo que la tecnología habría de desempeñar en el progreso.

En base a todo ello, se propusieron ofrecer una formación integral -espiritual, humana y profesional-, con una enseñanza personalizada, adaptada a los cambios y exigencias de futuro de nuestra sociedad. Una formación que, en palabras del Padre Arrupe, fuera capaz de preparar ?agentes de cambio social?.

Hoy, aquel espíritu avanzado sigue alimentando y renovando el trabajo de profesores y alumnos en este Centro, que se refleja en la exigencia de estudio serio y de esfuerzo personal sin paliativos, y que marca la formación y potencia la capacidad de decisión y liderazgo de los alumnos del ICAI.

Estudio y esfuerzo requeridos por la naturaleza del saber científico y técnico a nivel universitario, por la necesidad de estar al día y de investigar, y hoy, además, por la creciente competitividad que las instituciones de enseñanza y las empresas deben saber afrontar en este mundo tan abierto, tecnificado y globalizado.

Hace tiempo que la calidad en la formación de nuestros profesionales ha dejado de ser un mero activo para transformarse en una vital necesidad.

El conocimiento científico y técnico, la aptitud para solucionar problemas, o la destreza para articular y orientar proyectos, estimulan la competitividad y productividad de nuestras empresas, consolidan su presencia en los mercados tradicionales y les abren vías para la conquista de nuevas oportunidades en nuevas latitudes.

Y es incuestionable que, por ejemplo, uno de los instrumentos básicos para superar la actual crisis económica y financiera es incrementar nuestros esfuerzos en formación e innovación, y para ello resulta vital potenciar y coordinar los recursos públicos y privados dirigidos a lograr siempre la mejor preparación de nuestros jóvenes.

En esa línea, se inscribió hace poco más de treinta años, la integración del ICAI y del ICADE en la Universidad Pontificia de Comillas, permitiendo a ambos Institutos ensanchar sus propios horizontes y, con ellos, los de la propia Universidad al servicio de una mejor formación; de la que se beneficiaron muchos estudiantes que luego han sido y son cotizados y magníficos profesionales españoles.

A lo largo de estos cien años, el ICAI ha buscado promover ésos y tantos otros conocimientos, valores y cualidades, inculcando un afán de excelencia y una voluntad de permanente superación en sus alumnos. Hoy ofrece conocidas titulaciones y estudios de postgrado, fundamentados en una historia, un prestigio, y unos resultados que merecen el reconocimiento y la gratitud de la sociedad y la ingeniería españolas.

Una institución, como la que hoy protagoniza esta celebración, dispone de múltiples apoyos, colaboraciones y aportaciones voluntarias. La Universidad de Comillas quiere reconocer y agradecer todo ese aliento que recibe. Por eso hoy ha entregado su Medalla a la Asociación/ Colegio de Ingenieros del ICAI y a la red internacional T.I.M.E. También nosotros con mucho gusto les expresamos nuestra más cordial enhorabuena.

Felicidades a todos en el ICAI, y gracias por vuestra contribución al progreso de la ingeniería y la sociedad española. Estamos seguros de que este Centenario servirá para afrontar con renovado ímpetu vuestra vocación y servicio. Para ello contáis con todo nuestro apoyo.

Muchas gracias.

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